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martes, 25 de enero de 2011

Velázquez, un joven maestro llega a Madrid.

Antes de trabajar en el mundo de la Corte de los Austrias, antes de ser pintor de cámara con 24 años, Velázquez elaboraba otro tipo de lienzos, donde se retrataba a la sociedad más modesta, al pueblo llano. Trabajos muchos, que no se conservaron en el Museo del Prado sino que posteriormente se convirtieron en objetos de culto, de coleccionismo y en obras fundamentales de museos en el extranjero.

Diego Velázquez llegó al mundo en 1599 en Sevilla, su madre era del mismo lugar y su padre también había nacido en la ciudad del Guadalquivir, en el seno de una familia de Oporto perteneciente a la pequeña hidalguía.

Apenas cumplidos los diez años, el pequeño Diego, siguiendo la costumbre portuguesa, adoptó el apellido materno y así le conocemos como Diego Velázquez aunque su padre se apellidara da Silva.

Desde temprada edad mostró grandes dotes para la pintura y hacia ella encaminó su oficio, un buen oficio en la ciudad más poblada del reino, con 121.000 habitantes y un ambiente cosmopolita.

(En el Museo del Prado este lienzo aparece etiquetado como "Retrato de Joven" y desde 1933 está considerado como original de Velázquez, anteriormente aparecía como copia. Para la mayoría de los expertos es un autorretrato del pintor, por lo que sería una de las pocas imágenes que se tienen de su juventud. Otros expertos apuntan a que quizá se trate de su hermano Juan. De lo que no hay duda es de que fue ejecutado hacia 1623, año en que se puso de moda el cuello de Golilla en España)  

Los encantos de Sevilla la convirtieron en el epicentro del Barroco español con nombres como Zurbarán, Murillo o Alonso Cano. Durante algunos meses Velázquez estuvo probablemente a las órdenes de Francisco Herrera "el Viejo" y su hermano Juan, si bien su tutor definitivo sería Francisco Pacheco. Firmaron un contrato de aprendizaje de 6 años de duración durante los cuales el maestro daría casa, vestido y comida al discípulo.

La cosa pareció funcionar puesto que ya en 1617 Velázquez obtuvo la licencia para fundar su propio taller, un año después con 19 años se casó con la hija de su maestro, Juana Pacheco, con la que tendría dos hijas.

Es de estos primeros tiempos de su juventud en Sevilla de los que va a tratar la entrada de hoy, de sus primeras obras, lejos de aquellos lienzos grandiosos como las Meninas o Las Lanzas de la Corte española de Felipe IV.

En estos primeros años sus obras se centran en los Bodegones y en los personajes del pueblo llano rodeados de utensilios habituales. Pícaros, vagabundos, gentes de oficios llanos son los protagonistas de sus obras como también fueron los protagonistas de muchas de las fundamentales obras literarias de la España del Siglo de Oro. Velázquez los llevó a sus lienzos dotándoles de una enorme dignidad aun siendo los personajes de la menor condición social.

Velázquez marcharía a Madrid con algunos de estos lienzos como ejemplo, dispuesto a triunfar y labrarse un futuro. Allí tuvo la oportunidad de conocer y de retratar Luis de Góngora y parece que la calidad del lienzo comenzó a labrarle una fama merecida, tanto es así que poco a poco los rumores llegaron a los oidos del Valido de tal manera que tuvo oportunidad  poco después de retratar al monarca Felipe IV.

El resultado sería más que satisfactorio porque sería nombrado pintor del Rey.  Pero vamos a analizar algunas de las obras de sus primeros tiempos.

La vieja friendo Huevos :

Es la primera obra maestra del pintor, la realizó con tan sólo 19 años. En España se la conoce como " La vieja Friendo Huevos" en la National Galleries os Scotland se la conoce como "An Old Woman cooking Eggs" es decir se emplea el verbo "cocinar" porque los expertos no se ponen de acuerdo en si el proceso es de freir, hervir o escalfar.

(La Vieja friendo huevos es un cuadro de Velázquez, realizados en su etapa sevillana. Actualmente se encuentra en la National Gallery of Scotland, en Edimburgo, tras adquirirlo en 1955 por 57.000 libras. La fecha del cuadro, aunque no está claramente definida se situaría en torno al año 1618, antes del traslado definitivo de Velázquez a Madrid, lo cual sucedería en 1623. Merece la pena pinchar sobre la fotografía para verla en grande)

Una de las quimeras de la pintura era mostrar procesos en movimiento, Velázquez aquí lo consigue con el líquido bullendo y los huevos en mitad de la cocción.

El pigmento del fondo, es uno de los elementos que sirven a los expertos para autentificar a los primeros Velázquez. Está hecho con una mezcla de tierra de Sevilla, cola y aceite de linaza.

Se cree que pare este cuadro posaron su suegra, María Melgar y Diego Melgar que en el futuro se convertiría en discípulo del pintor.

Velázquez hace uso del claroscuro que tan magistralmente dominara Caravaggio. Así aparece la zona oscura, la del joven y avanzamos hacia otra más clara donde se sitúa la luz con los blancos más intensos, donde aparece la anciana.

Los  objetos culinarios y alimentos que Velázquez dispone en el lienzo, están considerados como una de las mejores naturalezas muertas de la pintura española, sobre todo se admira la perfección con que representa el metal del mortero, la increible perfección de la sombra curvilinea del cuchillo sobre el plato y el realismo de la cebolla.

Pero hay mucho más detrás de todas estas figuras. Los expertos coinciden en que se esconden alegorías, así se interpreta que el cuadro es una alegoría de la regeneración simbolizada por la juventud del muchacho, la vejez de la anciana y el símbolo del que nace la vida que son los huevos.
 
El Aguador de Sevilla :

Esta obra, a diferencia del resto de las de su primera época,  sí perteneció a las Colecciones Reales, aunque hoy en día no cuelgue del Museo del Prado por otras circunstancias. Velázquez la llevó a la Corte y decoró una de las estancias del Palacio del Buen Retiro. Se mantuvo dentro de la pinacoteca de la Corte hasta que en 1812 José Bonaparte lo robó junto a muchas otras obras y joyas. El Duque de Wellington interceptó al prófugo francés en Vitoria y Fernando VII le regaló esta y otras obras como muestra de agradecimiento, por eso podemos ver estas grandes obras de Velázquez expuestas en museos británicos.

(La obra es una de las mejores realizadas por Velázquez antes de su traslado a Madrid en el año 1623. Todavía mantiene la técnica del claroscuro, iluminando una zona del cuadro con un foco de luz desde la parte izquierda y oscureciendo el resto del lienzo. Pincha en la foto, la verás a gran tamaño)

El niño pertenece a una clase social elevada a juzgar por su atuendo y su figura recuerda mucho a la de la anterior obra que hemos analizado.
El higo que aparece dentro de la copa de agua, sirve para perfumarla y endulzarla. Iconográficamente este fruto representa al igual que la manzana la idea del conocimiento.
Si nos fijamos un poco más en el detalle veremos que el aguador, el personaje más anciano, tiene un quiste en su oreja y unos nódulos de Heberden en sus manos (inflamaciones óseas) síntomas de osteoartritis. Lo que demuestra que Velázquez pinta la realidad sin ningún pudor, pero siempre con elegancia.

Se cree que el aguador, es un modelo auténtico y que posó previo pago de unos maravedíes, por tanto es un verdadero aguador llamado "El Corso" , el más famoso de la Sevilla de la época.

La presencia de un tercer personaje de mediana edad al fondo del cuadro, hace suponer a los expertos que esta obra es una alegoría de las Edades del Hombre. Así el más joven recibe la sabiduría en forma de higo del más anciano. El de mediana edad está captado en el momento preciso de beber ese conocimiento.
Velázquez es un maestro en retratar la naturaleza, obsérvese como muestra la materia trasparente en forma de gotas de agua que resbalan por la superficie de la tinaja. 
 
No sólo eso, sino que podemos observar cómo los dedos del alfarero dejaron su huella al realizar este utensilio en el torno. Este detalle sirve al maestro para experimentar con las luces y las sombras de los defectos de la tinaja de manera magistral.

Obsérvese también como la mirada de los personajes de esta obra se evitan. El pintor sugiere con ello un intenso aire de dignidad.

La vestimenta de nuestro aguador es pobre, pero no ruin, mucho menos vil, como dice el refranero “La pobreza no es vileza”.

El colorido que utiliza sigue una gama oscura de colores terrosos, ocres y marrones. La influencia de Caravaggio en este tipo de obras se hace notar, posiblemente por grabados y copias que llegaban a Sevilla procedentes de Italia.

Curiosidades:

» En 1700 el cuadro, tras pertenecer a la colección del cardenal infante don Fernando de Austria, ya figuraba en el inventario regio como :

“…un retrato de un Aguador de mano de Velázquez, llamado el dho aguador el Corzo de Sevilla con marco dorado y negro

» El Aguador de Sevilla fue portado en el equipaje del joven pintor, quien se desplazó a la Corte para probar fortuna como artista. Sabemos, también, que el cuadro había de ser regalado o vendido en 1623 al canónigo y maestrescuela de la catedral hispalense Juan de Fonseca y Figueroa, un amigo de su suegro Francisco de Pacheco quien, al igual que otros sevillanos, se había instalado en Madrid para desempeñar tareas cortesanas, siempre en el entorno político del Conde-Duque de Olivares. Juan de Fonseca fue sumiller de cortina de Felipe IV (cargo inmediato inferior al de capellán de los Reyes)
En el inventario del canónigo, efectuado a su muerte acaecida en 1627, el lienzo ya figura con una sencilla inscripción: "Un cuadro de un aguador, de mano de Diego Velázquez", siendo tasado en 400 reales, un precio razonable para la época, aunque nada excesivo.

» En la obra picaresca "Vida de Estebanillo González", su anónimo autor en el capítulo quinto, nos describe la existencia de un personaje cuyos rasgos físicos parecen coincidir con los de este Corzo inmortalizado por el pintor sevillano.

sábado, 8 de enero de 2011

La Sordera de Goya.

En noviembre de 1792, Francisco de Goya enferma gravemente en Sevilla con un complejo cuadro clínico: sufre de acúfenos (autoescucha de ruidos y pitidos en los oídos), vértigos, disminución de la capacidad auditiva y confusión mental, con delirios y alucinaciones. 

Tal es la gravedad del cuadro que adelgaza considerablemente y entra en una profunda depresión, y en enero de 1793 escribe a su amigo Zapater diciéndole que está:

"enfermo, en cama, desde hace dos meses en la ciudad de Sevilla”.

Zapater le contestó, aludiendo a su “mala cabeza”, en referencia a una posible enfermedad venérea, dada la conocida promiscuidad del pintor.

Goya atendido por el doctor Arrieta es un cuadro de Francisco de Goya pintado en 1820 que refleja la grave enfermedad (quizá el tifus) que padeció desde noviembre de 1819 en la que fue atendido por el médico Eugenio García Arrieta.
Goya aparece autorretratado enfermo y agonizante, sostenido por detrás por el doctor Arrieta que le da a beber alguna medicina. En un fondo oscuro aparecen al fondo a la izquierda unos rostros de mujer que la crítica ha identificado con la representación de Las Parcas.
En una cartela en la parte baja del cuadro figura un epígrafe, presumiblemente autógrafo, que reza:
Goya agradecido, á su amigo Arrieta: por el acierto y esmero con qe le salvo la vida en su aguda y / peligrosa enfermedad, padecida á fines del año 1819, a los setenta y tres años de su edad. Lo pintó en 1820.

Goya continúa convaleciente, y se traslada a Cádiz, a casa de su amigo Sebastián Fernández, quien, en marzo de 1793 escribe a Zapater:

“…que nuestro Goya sigue con lentitud, aunque algo repuesto. Tengo confianza en la estación y que los baños de Trillo, que tomará a su tiempo, lo restablezcan. El ruido de la cabeza y la sordera en nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y no tiene la turbación que tenía, que le hacía perder el equilibrio”. 

En abril de 1793, a los 59 años de edad, puede regresar a Madrid, pero queda finalmente con una sordera profunda e irreversible como secuela que le acompañó hasta el final de sus días.

En cuanto a la etiología de la sordera (o cofosis) de Goya, la Otorrinolaringología de 1793 debió de barajar las siguientes probabilidades:

•    La “cofosis mercurial, en aquellos casos en los que, con el uso del mercurio, se pierde el oído”

•    La “cofosis venérea, en la que gálico inveterado ataca al oído”

•    Y la “cofosis pletórica, propia de personas de vida sedentaria y regalada mesa, por llenura de los vasos sanguíneos de la oreja interna”

Según los conocimientos de la época, Goya padeció una “parálisis de los nervios de los oídos, de causa oscura –pletórica, luética o tóxica-, responsable de la sordera, que, a su vez, había excitado las terminaciones de los nervios auditivos, -lo que habría producido sus ruidos-, y justificado sus giros de cabeza, por el daño de los espíritus cerebrales”. Se han tenido en cuenta otras hipótesis diagnósticas, pero, en cualquier caso, la causa definitiva sigue siendo un misterio hoy en día.

La sordera de Goya era tan profunda que le obligó a renunciar a su puesto de director de pintura en la Academia de San Fernando. Se llegó a decir de él que: 

"Se asusta con facilidad por el modo en que la gente irrumpe en su campo visual como caída del cielo, por el modo en que corre a su alrededor en silencioso torrente, murmura y ríe, se le acerca subrepticiamente, por detrás, y él siente su aliento en la nuca. Todos parecen burlarse de su vulnerabilidad, excepto los que son vulnerables: los lisiados, los viejos seniles, y los locos, que lo reconocen y aceptan de inmediato como uno de ellos."
 
Curiosidades:

» La sordera de Goya comportó que el regente Godoy impulsara la creación del primer aula para sordos en España en 1795, y en 1802 se abrió para ellos el primer colegio. Y es curioso que tuviera que ser la lesión de un pintor Real la que motivara este hecho porque el primer alfabeto para sordos lo inventó un español, Juan Pablo Bonet (1573-1632), en 1620.

» Se sabe que Goya conoció y manejó el lenguaje de los signos, a través de un grabado realizado en sepia, firmado por el autor como “Goya en Piedrahita/ año de 1812”: donde inicialmente se pensó que era un estudio pictórico sobre las manos, en realidad se ha descubierto que son las letras del alfabeto utilizado por los sordomudos :


Bibliografía:

  • Vallés Varela H. Goya, su sordera y su tiempo. Acta Otorrinolaringol Esp 2005; 56: 122-13
Gracias por esta entrada a la colaboradora Raquel Monsalvo Arroyo, médico especialista en Medicina Interna.

lunes, 13 de diciembre de 2010

El final de Carlos V : El paludismo y su dedo meñique

“Deseo retirarme entre vosotros a acabar la vida y por eso quería que me labrásades unos aposentos en San Jerónimo de Yuste”. 

Así escribió Carlos V a Fray Juan de Ortega (autor del Lazarillo de Tormes) cuando abdicó definitivamente al trono en 1555. A sus 53 años estaba cansado y envejecido, tal y como describe el embajador veneciano Federico Baodaro:

“Su estatura es mediana, y su aspecto grave. Tiene la frente amplia, los ojos azules y de expresión enérgica, la nariz aguileña y un poco torcida, la mandíbula inferior larga y ancha, lo que le impide unir los dientes y hace que no se entienda con claridad el final de las palabras que pronuncia. Los dientes de delante son escasos y cariados; su tez bella, su barba corta, erizada y canosa. Los miembros de su cuerpo bien proporcionados”.

Carlos V (en la imagen, el tercero empezando por la izquierda) y su familia.

Tras un largo viaje no exento de avatares, emprendido en septiembre de 1556 en Bruselas, llega a Yuste en febrero de 1557, acompañado de su séquito y de su extraordinaria colección de relojes. Durante su retiro, el Emperador se dedicó a la lectura de la Biblia y de las obras de Fray Luis de Granada, y siguió cultivando su desmesurada afición culinaria, tal y como describió el doctor Matisio:

“Salvo manifiesto empeoramiento de su salud, no perdona el cordero asado; el buey o la ternera, al horno, hervidos o cocidos; conejos y capones al horno; liebres, perdices, truchas, pescado fresco, si lo hubiere. Toda clase de repostería, dulces, compotas, mermeladas, barquillos, y en su temporada, los melones, que él mismo siembra en su jardín de Yuste, y hasta defiende entre sus criados, porque considera que es mejor un ruin melón que un buen pepino”.

Debido a esto, Carlos V sufrió importantes ataques de estreñimiento, hemorroides y gota, uno de ellos le dejó el brazo izquierdo casi paralizado y el brazo derecho tan afectado que casi no podía escribir; sin embargo, hizo caso omiso a los consejos de Luis Quijada: “La gota se cura tapando la boca”.

En el verano de 1558, comienza de forma brusca con episodios de fiebre alta, sudoración, pérdida de su voraz apetito y decaimiento extremo, postrándolo en cama, con la boca entreabierta y con abundantes secreciones respiratorias que era incapaz de expectorar. En esta agonía pasó el monarca un mes. Pese al tratamiento con sangrías y purgantes, su salud empeoró progresivamente hasta su fallecimiento el 21 de septiembre de 1558, a los 58 años de edad, tras pronunciar su última palabra: “Jesús”.

Curiosidades:

• Se sabe que Carlos V falleció de paludismo (malaria) causado por la picadura de un mosquito proveniente de las aguas estancadas de uno de los estanques construidos por el experto en relojes e ingeniero hidrográfico Torriani.

 (Mosquito Anopheles)

• La malaria (del italiano medieval mala aria – mal aire) o paludismo (del latín palus – pantano) es una enfermedad parasitaria, producida por las especies del Plasmodium,  que se transmite por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles

 (Glóbulos rojos parasitados y rotos)

En el humano, se multiplican en el hígado y posteriormente infectan los glóbulos rojos, reproduciéndose también en su interior, provocando la ruptura de los mismos y ocasionando por tanto, los clásicos síntomas de fiebre alta, ictericia (coloración amarilla de la piel), dolores musculares, cefalea, anemia grave etc, síntomas que se reproducen cada 2 ó 3 días (al completarse el ciclo eritrocítico o asexual de Plasmodium), dejando de esta manera al organismo exhausto, pudiéndose llegar al coma, al shock, a la insuficiencia renal y, finalmente, a la muerte si no se trata. Es lógico pensar que las numerosas sangrías practicadas al Rey no hicieron más que empeorar su ya precario estado de salud.

(Plasmodium Falciparum)

• En 2004, los doctores Julián de Zuluaga, Pedro Alonso y Pedro L. Fernández, consiguieron analizar una falange del dedo meñique del Emperador, demostrando la presencia de cristales de ácido úrico (que ocasionaron la famosa gota), así como los parásitos causantes del paludismo.

El meñique del Rey tiene también una curiosa historia: durante la Revolución Gloriosa, en 1868, unos revolucionarios exhumaron el cuerpo del Rey. Se dice que el Marqués de Villaverde consiguió, tras sobornar con 20 reales a uno de los guardianes de la cripta, una falange del dedo meñique. Posteriormente se arrepintió, devolviéndolo al Rey Alfonso XIII, quien lo depositó en una urna en El Escorial, cerca de donde reposaba el cuerpo del Emperador. Transurridos los años, el Dr. Julián de Zuluaga (experto en medicina tropical) vio en un periódico la fotografía de un soldado republicano abrazado a una momia: era el cuerpo momificado de Carlos V, nuevamente exhumado durante un asalto a El Escorial, en la Guerra Civil Española. 

 (Momia del Emperador Carlos V)

El Dr. Julián de Zuluaga pidió permiso al Rey Juan Carlos I para exhumar de nuevo el cuerpo y analizarlo en busca del paludismo. Don Juan Carlos no lo concedió, pensaba que bastantes avatares había sufrido la momia como para volverla a manipular. En el 2004 un alto cargo del Patrimonio Nacional,  informó a Julián de lo ocurrido en la Gloriosa, del arte de los marqueses de Villaverde, y de la decisión de Alfonso XIII., por lo que volvió a solicitar autorización al Rey Don Juan Carlos para analizar únicamente el dedo meñique, permiso que finalmente le fue concedido, y gracias al cual sabemos la verdadera causa del fallecimiento de Carlos V.

Gracias a la colaboradora Dra. Raquel Monsalvo, especialista en Medicina Interna.

martes, 16 de noviembre de 2010

Carlos II el Hechizado, la triste historia de un rey enfermo.

El domingo 6 de noviembre de 1661 nació “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”. De esta manera se contaba en la Gazeta de Madrid el nacimiento de un rey español que fue un auténtico compendio de patologías: Carlos II.
Más crítico con el aspecto de este nuevo infante fue el Embajador de Francia, quien escribió a Luis XIV: 

”El Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura (…) asusta de feo”.

 
Así comienza la triste historia de este desgraciado rey de España, último del linaje de los Austrias, un pobre enfermo desde su nacimiento hasta su muerte, muy probablemente por la continua endogamia practicada por sus ascendientes, tal y como expone García-Arguelles: 

«En el tronco familiar figuran repetidos los nombres de Felipe el Hermoso y Juana la Loca ocho veces; los de Fernando I y Ana de Bohemia, nueve; Carlos V e Isabel de Portugal, cuatro; Felipe III y Margarita de Austria son, a la vez, sus abuelos y bisabuelos. Su padre estaba casado con una hija de su hermana, por lo que, a la vez, era tío segundo de su hijo y su madre resulta ser prima de su propio hijo»


De Carlos II se sabe con casi total seguridad que padeció el Síndrome de Klinefelter, enfermedad genética que consiste en una alteración cromosómica expresada por un cariotipo 47/XXY, es decir, que tienen un cromosoma X supernumerario. 

Dicho síndrome se caracteriza por infertilidad, niveles inadecuados de testosterona, disfunción testicular, hipogenitalismo (genitales pequeños), ginecomastia (crecimiento de los senos), trastornos conductuales y aspecto eunucoide (talla alta, extremidades largas, escaso vello facial y distribución de vello de tipo femenino). Otras anomalías asociadas son criptorquidia (testículos intraabdominales, no descendidos a la bolsa escrotal), hipospadias (orificio de la uretra situado no en la punta, sino entre la base y la punta del pene) y escoliosis, así como diabetes y bronquitis crónica en la edad adulta. Carlos II no presentaba algunos de los elementos característicos de la enfermedad (no tenía ginecomastia ni estatura alta), por lo que se piensa que su caso podría tratarse de una variante de mosaicismo con fórmula 46XY/47XXY (es decir, algunas células con cariotipo normal en un varón, XY, y otras con cariotipo alterado XXY), con talla normal y sin ginecomastia y sin embargo, siempre con azoospermia (ausencia de espermatozoides), retraso mental, y a veces lesiones cardiacas y disfunción tiroidea.

Con el fin de que aquel débil muchacho sobreviviera, fue alimentado por 14 amas de cría distintas, que le amamantaron hasta la edad de 4 años, y no se continuó durante más tiempo porque se consideraba “indecoroso” para un monarca (su padre falleció cuando Carlos contaba 4 años de edad). Sin embargo, no pudo sostenerse en pie hasta los 6 años de edad, debido probablemente a un raquitismo por déficit de vitamina D, agravado también por la falta de luz solar, puesto que prácticamente no se sacó al niño al exterior por temor a los enfriamientos. Se sabe también que distintos padecimientos de origen infeccioso minaron la salud del pequeño monarca: infecciones respiratorias de repetición, sarampión, varicela, rubeola y viruela. Además, padeció epilepsia desde la infancia hasta los 15 años, que posteriormente recurrió al final de su vida. Y, por último, no podemos olvidarnos de un evidente retraso intelectual: Carlos II no aprendió a leer hasta la edad de 10 años y nunca supo escribir correctamente. Padecía ataques de cólera desmesurados y tuvo adicción alimentaria al chocolate (chocoholismo).


Dada la enfermiza constitución del monarca, se descuidó su educación puesto que se pensaba que iba a morir joven, y pronto se abordó el tema sucesorio, por lo que, tras fructíferas negociaciones, se casó a los 18 años con María Luisa de Orleans, de 17. Pese a que el rey estaba enamorado de María Luisa, nunca llegó a consumar el matrimonio, por padecer “eyaculación precocísima”: debido a su alteración genética, producía líquido prostático, pero no espermático, cosa que los sabios de aquella época aún no eran capaces de distinguir: de hecho, el Embajador francés logró hacerse con unos calzoncillos usados del Rey para enviarlos a dos médicos de su confianza: uno de los médicos opinó que era estéril y el otro que no. Así las cosas, María Luisa falleció virgen diez años más tarde por una apendicitis aguda, según reveló su autopsia.

A la edad de 28 años, la salud del monarca era ya muy precaria: envejeció muy rápidamente (se puede decir que pasó de la infancia a la vejez sin pasar por la madurez), por este motivo el Dr. Gregorio Marañón pensaba que el rey podría haber padecido también un panhipopituitarismo con progeria (envejecimiento prematuro). Además, presentaba frecuentes problemas gastrointestinales, fruto probablemente de la comentada adicción alimentaria al chocolate, a la mala nutrición y al pronunciado prognatismo que le dificultaba la correcta masticación de los alimentos. Presentaba también infecciones urinarias de repetición, cólicos renales por la presencia de cálculos y hematurias (sangrados repetidos de la orina).


Dada la preocupación por la falta de descendencia, al año de la muerte de María Luisa, se casó con Mariana de Neoburgo. Sin embargo, a pesar de los fértiles antecedentes de ella (los padres de Mariana tuvieron 23 hijos), la descendencia no llegaba. En su desazón, potenciada por las reiteradas simulaciones de embarazo por parte de Mariana, el mismo Carlos sospechaba que un hechizo proferido contra él le impedía engendrar, razón por la cual ordenó en 1698 investigar el tema al Inquisidor General, Cardenal Rocaberti. Los truculentos peritajes concluyeron que el rey había sido víctima de un hechizo, el cual :

«Se lo habían dado en una taza de chocolate el 3 de abril de 1675, en la que habían disuelto sesos de un ajusticiado para quitarle el gobierno; entrañas para quitarle la salud y riñones para corromperle el semen e impedir la generación». 

Carlos II fue exorcizado mediante una serie de pócimas asquerosas, entre ellas pichones recién muertos sobre la cabeza para evitar la epilepsia y entrañas calientes de corderos para sus procesos intestinales, las cuales sólo lograron empeorar su ya delicada salud. Finalmente, su esposa Mariana se apiadó del pobre enfermo, poniendo fin a los repugnantes remedios y a los embarazos simulados.


La salud de Carlos II se deterioraba progresivamente: ya en marzo del 98 el Marqués D´ Harcourt escribía a Luis XIV:

”Es tan grande su debilidad que no puede permanecer más de una o dos horas fuera de la cama (…) cuando sube o baja de la carroza siempre hay que ayudarle”. También señala la hinchazón de pies, piernas, vientre y cara y  “a veces hasta la lengua, de tal forma que no puede hablar”. Estos síntomas se debían probablemente a una insuficiencia renal provocada por los cálculos renales que tenía el paciente. Presentaba también fatiga intensa y diarreas frecuentes, muchas de ellas provocadas por las purgas que le recetaban los médicos de la corte. El 5 de octubre de 1700, el Dr. Goleen escribe: 

“Su Majestad recibió los Sacramentos e hizo testamento el día 2 aunque se ignora su contenido pues se guarda absoluta reserva. La enfermedad es grave pues en pocos días ha tenido más de 200 cursos (deposiciones); perdió el apetito y está extenuadísimo, al punto de parecer un esqueleto” 

Todavía duró tres semanas más. Extenuado, respirando fatigosamente, haciendo sus numerosas deyecciones en la cama y tras dos días en coma, precedido de una fiebre alta, murió el día l de noviembre de 1700 “entregando su alma a Dios a las dos y cuarenta y nueve de la tarde”. Sus últimas palabras fueron, en respuesta a una pregunta de la Reina: “Me duele todo”. Tuvo, después, un ataque de epilepsia, que duró 3 horas, quedando sin señales de vida. Luego abrió la boca por tres veces, tuvo una convulsión y expiró. La autopsia desveló que :

“No tenía el cadáver ni una gota de sangre; el corazón apareció del tamaño de un grano de pimienta; los pulmones, corroídos; los intestinos, putrefactos y gangrenados; un solo testículo, negro como el carbón, y la cabeza llena de agua”.
 
Así termina la tristísima vida del último rey de los Austrias, al que la Historia no puede juzgar como tal, sino como a un pobre enfermo desde su nacimiento hasta su agónica muerte.

Gracias por la entrada a la doctora Raquel Monsalvo, especialista en Medicina Interna.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

La primera Reina de España, Juana "La Loca" (3ª Parte)

¿ Cuál era la enfermedad de Juana ?
A partir de la repentina muerte de Felipe el Hermoso, la vida de doña Juana entró en la leyenda rodeada de una aureola romántica y enfermiza. Es muy difícil establecer un diagnóstico certero de la “enfermedad mental” de doña Juana cuando han transcurrido varios siglos tras su muerte. Bien es verdad que, estando aún en vida, existieron defensores de su cordura, achacando el “enajenamiento” a los intereses de otros para usurparle el trono.

Actualmente, existen dos hipótesis acerca de la enfermedad mental de doña Juana:
Por un lado, el doctor Vallejo-Nájera, en su libro “Locos Egregios”, refiere que: 

“Los síntomas de este episodio de doña Juana se interpretan por algunos historiadores como la única forma de rebeldía a su alcance contra la separación inducida por sus padres. Aunque el deseo de correr en pos de don Felipe, del que tuvo tan tempestuosa despedida, es vehemente y siempre reiterado, los matices del comportamiento de doña Juana encajan mucho más en un brote psicótico que en una rabieta infantil del adulto inmaduro contrariado por sus padres”.


Otros autores, como Michael Prawdin, hablan de “melancolía y congoja” o “depresión del ánimo”, que incluyen 3 gtrupos de trastornos:

1. trastornos depresivos.
2. trastornos bipolares.
3. depresión asociada a enfermedad o a abuso de sustancias tóxicas. 

Parece probable que la enfermedad de doña Juana pudiera encajar en la primera categoría, es decir, una depresión reactiva a las condiciones tan adversas en las que se desarrolló su vida. Sobre una base genética, existen factores que pueden condicionar el padecimiento de una depresión, como el estrés psicológico. La depresión es un trastorno que suele iniciarse a partir de la tercera década de la vida, y posteriormente suele recurrir a largo plazo, pudiendo cada episodio depresivo prolongarse durante meses o incluso años. 

Los síntomas se caracterizan por la tristeza, deseos de llorar, falta de interés por realizar actividades, cansancio, pérdida de energía, falta de apetito y pérdida de peso, pérdida de la líbido, pérdida de la capacidad de decisión, disminución de la capacidad de concentración, etc. Síntomas, que, sin tratamiento, pueden desembocar hacia una clínica psicótica, el suicidio o en lo que se llama “seudodemencia”, sobre todo en ancianos.

Gracias a la Doctora Raquel Monsalvo, especialista en Medicina Interna.

martes, 2 de noviembre de 2010

Santiago Ramón y Cajal, un premio Nobel español.


El 10 de diciembre de 1906, el doctor don Santiago Ramón y Cajal, profesor de Histología y Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina en Madrid, recibió de manos del rey de Suecia, en solemne ceremonia, el premio Nobel en Medicina y Fisiología, en la ceremonia anual en la que se otorgan los premios Nobel, en el auditorio de la Real Academia de Música de Estocolmo, Suecia.

(Santiago Ramón y Cajal en su estudio)

Fue el primer español en recibir este prestigioso galardón. Compartió este premio con el italiano Camillo Golgi. Ramón y Cajal había hecho grandes avances en el estudio del sistema nervioso. Fue en 1888 (año que el propio Cajal definió como su año cumbre) cuando descubrió que la neurona, la célula nerviosa, es la unidad básica de la estructura del sistema nervioso. 

Al año siguiente, en el congreso de la Sociedad Anatómica Alemana, celebrado en Berlín dio a conocer  su teoría sobre el funcionamiento del sistema nervioso que empezó a conocerse como "doctrina de la neurona": Los precursores de Cajal habían considerado al tejido nervioso como un todo único, una compleja maraña sin solución de continuidad. Cajal demostró de forma sagaz, gracias a la tinción de plata, el error conceptual que se había mantenido inamovible en el pasado, y pudo probar de forma inequívoca que este tejido encefálico viene formado por una complicada red de millones de células nerviosas absolutamente individuales, dotadas de una personalidad propia y unidas entre sí por una abundantísima trama de conexiones o puentes intercelulares, axones y dendritas, a la manera de una tupida red.

(Esquema neuronal realizado por Don Santiago Ramón y Cajal)

Ramón y Cajal quiso pasar desapercibido tras recibir la notificación en la que se le notificaba su galardón.

"Ante la perspectiva de felicitaciones, mensajes, banquetes y otras molestias tan honorables como conflictivas, traté durante los primeros días ocultar la noticia, pero todo fue en vano, pronto la chismosa prensa la difundió a los cuatro vientos y no tuve más remedio que hacerme visible a los ojos de todo el mundo".

En ningún momento pareció disgustarse por tener que compartir dicho premio con Camillo Golgi, más bien al contrario, ya que decía que :

"La otra mitad ha sido justificadamente adjudicada al ilustre profesor de Pavía, Camillo Golgi, el creador del método con el cual he logrado mis más notables descubrimientos".

De origen humilde, Ramón y Cajal nació en 1852 en Petilla de Aragón (Navarra), hijo de Justo Ramón, un modesto médico-cirujano, estudia la carrera de Medicina en Zaragoza y, curiosamente, apenas superó el aprobado:

“Continué la carrera sin tropiezos, aunque sin permitirme el lujo de sobresalir demasiado”. 

Poco después de licenciarse (a los 21 años), consigue aprobar la oposición de Sanidad Militar y fue destinado a Cuba, donde contrajo el paludismo, y de forma excepcional, consiguió superar esta enfermedad: 

“Por fin, la Providencia apiadóse de mí. Y aprovechando, impaciente, cierta débil mejoría, embarqué precipitadamente en el vapor España, que zarpaba con rumbo a Santander”.

Posteriormente, y tras conseguir una plaza de ayudante interino de anatomía en la Facultad de Medicina de Zaragoza, obtiene el título de director de Museos Anatómicos de dicha Facultad. En 1883 obtiene la cátedra de Anatomía en Valencia, y, tras una brillante y fructífera trayectoria investigadora y docente en la Universidad de Barcelona, continuó finalmente en la Facultad de Medicina de Madrid (1892-1922). 

En 1920, como reconocimiento a sus numerosos méritos y contribuciones al progreso de la ciencia, el Rey Alfonso XIII comisionó la construcción del Instituto Cajal en Madrid, donde el científico trabajó ininterrumpidamente hasta su muerte, el 17 de octubre de 1934, a los 82 años de edad.

(Autorretrato con cuatro de sus hijos, 1888.)

La dilatada obra de Cajal (55 años ininterrumpidos de labor investigadora, casi 300 trabajos monográficos, 14 libros) es admirable por su calidad científica y por la vigencia actual del producto de sus principales obras, que continúan siendo textos de referencia para muchos investigadores del campo de la neurología.


No me gustaría dejar de citar algunas frases célebres de este genio de la medicina y ejemplo de humildad :

-Apártate progresivamente, sin rupturas violentas, del amigo para quien representas un medio en vez de ser un fin.

-Conócense infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.

-Cuando veáis un escritor que se mete con todo el mundo, es que aspira a que todo el mundo se meta con él. No habiendo podido ser admirado anhela ser temido.

-De todas las reacciones posibles ante una injuria, la mas hábil y económica es el silencio.

-El anciano propende a enjuiciar el hoy con el criterio del ayer.

-El que se toma las cosas a risa es siempre vencido por quien se las toma seriamente.

-El tiempo, gran destructor de la vida, es también inexorable apagador de los más firmes sentimientos.

-En la vida del enamorado, los prudentes consejos del viejo suenan como la voz atiplada de un eunuco que disertara sobre las excelencias del celibato.

-Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un cabello de mujer.

-La gloria no es otra cosa que un olvido aplazado.

-La mujer es como la mochila en el combate. Sin ella se lucha con desembarazo: pero, ¿y al acabar?

-La verdad es un ácido corrosivo que salpica casi siempre al que lo maneja.

-Lo más triste de la vejez es carecer de mañana.

-Nada me inspira mas veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.

-O se tienen muchas ideas y pocos amigos, o muchos amigos y pocas ideas.

-Procuremos agradar e instruir; nunca asombrar.

-Quien desee firmísimamente poseer talento acabará por tenerlo.

-Si cuando discutes se alegra demasiado la galería, recela que tú o tus impugnadores habéis sacado las cosas de quicio o tratado sin decoro la cuestión.

-Sólo el médico y él dramaturgo gozan del raro privilegio de cobrar las desazones que nos dan.

Gracias por este artículo a los colaboradores de España Eterna : Isaac Valero y Raquel Monsalvo

sábado, 23 de octubre de 2010

La Sífilis ¿El mal español?

La sífilis es una enfermedad infectocontagiosa producida por la bacteria Treponema Pallidum. Su nombre fue acuñado por el cirujano y poeta italiano Girolamo Fracastoro, en su poema Syphilis sive morbus gallicus (‘sífilis o el morbo francés’) en 1530, en el que un pastor, llamado Siphilus, fue castigado por el dios Apolo a contraer la enfermedad por desafiarle. La palabra sífilis proviene del griego: Siph (cerdo) y philus (amor). Históricamente ha recibido un gran número de acepciones, según se “odiase” al país vecino:
  •  al principio en Italia se la conocía como «mal napolitano»;
  •  debido a la epidemia en el ejército francés, se lo conocía en Inglaterra como morbus gallicus (morbo gálico o enfermedad francesa);
  •  «mal caribeño», «mal francés» y «mal portugués» (en España);
  •  «mal español» (en Portugal);
  •  «enfermedad española» (en los Países Bajos, en aquella época parte del imperio español);
  •  «enfermedad polaca» (en Rusia);
  •  «enfermedad cristiana» (en Turquía);
  •  «enfermedad británica» (en Tahití);
  •  «morbo francés» en Italia y Alemania durante el Renacimiento;
  •  «morbo italiano» en la Francia renacentista;
  •  «morbo chino» en el Japón de la era Sengoku.
 (Treponema pallidum)

La enfermedad se puede transmitir por contagio sexual, por transmisión congénita (de madre a hijo, ya sea por la placenta o en el momento del parto) y, en la época actual, también por el uso compartido de jeringuillas. Se la conoce como la “gran simuladora” por tener un espectro de signos y síntomas muy amplios, que pueden evolucionar durante años si no se tratan, y que se puede dividir en 4 etapas: 
1. Sífilis primaria: la aparición del chancro (úlcera genital indolora): de 10 días a 3 meses. Muy contagioso. Desaparece sin tratamiento, pero entonces, la enfermedad evoluciona a la fase secundaria. 
2. Sífilis secundaria: se caracteriza por erupciones en la piel, inflamación de los ganglios (“bubones”), lesiones en las membranas mucosas, puede haber fiebre, fatiga intensa y alopecia. También desaparece sin tratamiento, pero entonces pasará a la siguiente fase (sífilis latente)
3. Sífilis latente: Esta es la fase asintomática, que puede durar años 
4. Sífilis terciaria o tardía: En esta fase avanzada la sífilis puede afectar posteriormente órganos internos como el cerebro, los nervios, los ojos, el corazón, los vasos sanguíneos, el hígado, los huesos y las articulaciones. Los signos y síntomas de la fase terciaria de la sífilis incluyen dificultad para coordinar los movimientos musculares, parálisis, entumecimiento, ceguera gradual y demencia (es característica la megalomanía). El daño puede ser grave y causar la muerte.
 

 (Arriba : Chancro, abajo : Sífilis secundaria)

La sífilis es una enfermedad con mucha historia. En la antigüedad, Hipócrates, en su obra “Epidemias”, describió epidemias de sífilis y viruela en el siglo V antes de nuestra era: “el mal se fijaba en las partes vergonzosas, en los pies y en las manos”. En tiempos del Emperador Tiberio, Celso describe: “si sobreviene un tumor en la ingle, acompañado de fiebre (cuya causa no se manifiesta), tiene una úlcera en la vulva”.En la Edad Media y el Renacimiento, las malas condiciones higiénicas en Europa favorecieron epidemias de sífilis. En aquellos tiempos se decía que “había que apartar a los leprosos de la sociedad”, puesto que se confundían las lesiones sifilíticas con las que aparecían en la lepra. Ya en el siglo XII, como constancia de que había enfermedades transmitidas por la vía sexual Alain de Lisle habló de lesiones que eran consecuencia de placeres carnales. En 1502, un médico español, Juan Almenar, reconoció el modo de transmisión haciendo una excepción para los clérigos, que se contagiaban “por una corrupción del aire”, y Paracelso (1546) escribió: “el venéreo se debe al comercio impuro de un caballero con una cortesana que tenía bubones”.
 ¿Y qué ocurrió en la época del Descubrimiento de América? Existen 3 hipótesis respecto del origen de la sífilis: su origen en el Nuevo Mundo, la mutación de otras treponematosis ya presentes en Europa y el transporte desde el Viejo al Nuevo Mundo. En Marzo de 1493 al llegar Colón al Puerto de Palos de su primer viaje, se dirigió a Sevilla y de allí cruzó toda España para llegar a Barcelona. Ya existía en España una enfermedad endémica conocida por el nombre de bubas. Al regresar de su tercer viaje con uno de sus tripulantes, Pedro Magarit, éste había adquirido la sífilis en la isla “La Española” (isla de Santo Domingo). La enfermedad fue reconocida a su vuelta porque ya se conocía en España. Por otra parte, el capellán de Hernán Cortés escribió: “Los naturales de la isla La Española están todos infestados del venéreo, y por este motivo, los españoles que tuvieron relaciones con mujeres indias no tardaron en adquirir una enfermedad tan contagiosa como cruel”. Rothschild y colaboradores publicaron en el año 2005 un artículo en la revista médica Clinical Infectious Diseases. En dicho artículo, analizan numerosos esqueletos europeos y americanos de la época precolombina, demostrando en muchos esqueletos americanos, la presencia de lesiones óseas de origen claramente sifilítico, a diferencia de algunos escasos esqueletos europeos, orientando dicho hallazgo a una presencia endémica escasa en Europa. Por tanto, queda claro que la enfermedad ya estaba presente en América antes de la llegada de Colón, y, aunque no queda clara su presencia en Europa, dadas las numerosas referencias antes comentadas, la teoría actual sugiere que la sífilis epidémica es el resultado de una mutación de la sífilis endémica y que la llegada de Colón fue una coincidencia.
 En 1905 Schaudin y Hoffman descubrieron el agente etiológico de la enfermedad. En 1913, Hideyo Noguchi —un científico japonés que trabajaba en el Instituto Rockefeller— demostró que la presencia de la espiroqueta Treponema pallidum (en el cerebro de un paciente con parálisis progresiva) era la causante de la sífilis.Desde el siglo XIV se han probado numerosos tratamientos, algunos ineficaces (como el uso del guayaco), otros muy tóxicos o difíciles de administrar (mercurio, derivados del arsénico, sulfamidas), hasta la actualidad, siendo la Penicilina y sus derivados y la Azitromicina, el tratamiento de elección, el cual es curativo si se administra a tiempo.


“Ilustres sifilíticos”: Clave: S (caso sospechado); (muerto de sífilis).

Gracias especiales a la colaboradora : Dra. Raquel Monsalvo (Especialista en Medicina Interna)

lunes, 18 de octubre de 2010

El baile de San Vito

En julio de 1518, una mujer conocida como Frau Troffea se adentró en una estrecha calle en Estrasburgo, Francia, y comenzó un baile que duró entre cuatro y seis días. A finales de esa semana, otras 34 personas se habían sumado a ella y en un mes ya eran 400 las que bailaban y brincaban al unísono... Para finales de ese verano, decenas de personas habían muerto de ataques al corazón, derrames cerebrales y puro agotamiento debido a ese "bailar sin parar días y días seguidos"...


Conocido como el "Baile de San Vito", durante siglos, este extraño acontecimiento, conocido también como el "baile de la peste" o la epidemia de 1518, ha dejado perplejos a los científicos que han intentado encontrar una causa para este baile espontáneo y sin sentido, incluso mortal en última instancia. El historiador John Waller, autor del libro, "Tiempo para morir: La Extraordinaria Historia de la plaga de baile de 1518" estudió la enfermedad y, al parecer, resolvió el misterio...
"Que este hecho histórico ocurrió es indiscutible", dijo Waller. Explicó que los registros históricos que documentan las muertes por “baile”, como señalaban los médicos, los sermones de la catedral, las crónicas locales y regionales, e incluso las notas emitidas por el Ayuntamiento de Estrasburgo durante el apogeo de la epidemia, no dejaban lugar a dudas de lo que allí sucedía...
"Eran simplemente temblores, agitación o convulsiones; aunque sus brazos y piernas se movían como si estuvieran bailando a propósito", dijo.

Antes de la epidemia hubo una serie de hambrunas, como resultado de amargos inviernos fríos, veranos abrasadores, las heladas y tormentas de granizo que arrasaban los cultivos..., lo que llevó a la desnutrición de muchas personas que se vieron obligadas a matar a todos los animales de sus granjas, pedir préstamos y, por último, salir a las calles pidiendo limosna...
La viruela, la sífilis, la lepra, e incluso una nueva enfermedad conocida como "el sudor Inglés" se extendió por toda la zona. Una de las teorías era que podía ser causado por el Cornezuelo de Centeno, pero rápidamente la descartaron.

Las cuestiones culturales influyeron en este comportamiento colectivo; como las supersticiones existentes, los miedos y las creencias que rodeaban el entorno social... Todo esto era un excelente caldo de cultivo para que se iniciara este tipo de inconsciente acción colectiva. Al parecer, no era ni más ni menos que un estado de trance involuntario, alimentado por el estrés psicológico, cuyo resultado lo podemos ver en que afectó solamente a los grupos sujetos a graves dificultades sociales y económicas...
Hubo al menos otros siete brotes de la epidemia de baile que tuvieron lugar en la Europa medieval, sobre todo en los alrededores de Estrasburgo. En la historia más reciente, se produjo un brote importante en Madagascar en la década de 1840, en los que "la gente bailaba salvajemente, en un estado de trance, convencidos de que estaban poseídos por espíritus"


Aunque quizás el caso más extraño documentado de enfermedad masiva fue la epidemia de risa Tanganica de 1962. Un artículo publicado al año siguiente en el Diario de Medicina de África Central describió lo que pasó:
Como resultado de una broma entre los estudiantes en un internado de Tanzania, las jóvenes se echaron a reír incontroladamente. Al principio hubo arranques de risa, y luego se extendieron por horas y días...
Las víctimas, casi todas mujeres, sufrían dolores, desmayos, problemas respiratorios, erupciones cutáneas y ataques de llanto; todo los síntomas relacionados con la risa histérica. Demostrando el viejo adagio de que la risa puede ser contagiosa, la epidemia se propagó a los padres de los estudiantes, así como a otras escuelas y las aldeas circundantes. Dieciocho meses pasaron antes de que la epidemia de risa terminase...

La plaga del baile nos dice mucho sobre el el extraordinario “sobrenaturalismo”  que habitaba en la Edad Media, pero también revela los extremos a que el miedo y la irracionalidad nos puede llevar. Y la verdad es que, hay pocas cosas que nos sorprendan ya de la mente humana...

En la actualidad, se sabe que "el baile de San Vito" o "corea de Sydenham" es un proceso autoinmune de origen infeccioso, y se debe a una reacción inflamatoria tardía de los vasos del sitstema nervioso a la fiebre reumática, producida por la bacteria Streptococcus pyogenes, y que característicamente, también afecta a las válvulas cardiacas, articulaciones y a la función renal. No debe confundirse con el "corea de Huntington", que es una enfermedad hereditaria e incurable en el momento actual. El "baile de San Vito" es ahora una afección muy poco frecuente, dado el uso precoz del tratamiento antibiótico, y el pronóstico suele ser bueno en el plazo de unos meses.

En cuanto al curioso nombre de esta enfermedad, se debe a que los pacientes se ponían bajo la advocación de San Vito, que es un Santo Auxiliador. Si el mal no remitía, los afectados eran acusados de estar poseídos, y muchos terminaron en la hoguera

Fuente: Discovery Channel
y Dra. Monsalvo (Especialista en Medicina Interna)
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