lunes, 13 de diciembre de 2010

El final de Carlos V : El paludismo y su dedo meñique

“Deseo retirarme entre vosotros a acabar la vida y por eso quería que me labrásades unos aposentos en San Jerónimo de Yuste”. 

Así escribió Carlos V a Fray Juan de Ortega (autor del Lazarillo de Tormes) cuando abdicó definitivamente al trono en 1555. A sus 53 años estaba cansado y envejecido, tal y como describe el embajador veneciano Federico Baodaro:

“Su estatura es mediana, y su aspecto grave. Tiene la frente amplia, los ojos azules y de expresión enérgica, la nariz aguileña y un poco torcida, la mandíbula inferior larga y ancha, lo que le impide unir los dientes y hace que no se entienda con claridad el final de las palabras que pronuncia. Los dientes de delante son escasos y cariados; su tez bella, su barba corta, erizada y canosa. Los miembros de su cuerpo bien proporcionados”.

Carlos V (en la imagen, el tercero empezando por la izquierda) y su familia.

Tras un largo viaje no exento de avatares, emprendido en septiembre de 1556 en Bruselas, llega a Yuste en febrero de 1557, acompañado de su séquito y de su extraordinaria colección de relojes. Durante su retiro, el Emperador se dedicó a la lectura de la Biblia y de las obras de Fray Luis de Granada, y siguió cultivando su desmesurada afición culinaria, tal y como describió el doctor Matisio:

“Salvo manifiesto empeoramiento de su salud, no perdona el cordero asado; el buey o la ternera, al horno, hervidos o cocidos; conejos y capones al horno; liebres, perdices, truchas, pescado fresco, si lo hubiere. Toda clase de repostería, dulces, compotas, mermeladas, barquillos, y en su temporada, los melones, que él mismo siembra en su jardín de Yuste, y hasta defiende entre sus criados, porque considera que es mejor un ruin melón que un buen pepino”.

Debido a esto, Carlos V sufrió importantes ataques de estreñimiento, hemorroides y gota, uno de ellos le dejó el brazo izquierdo casi paralizado y el brazo derecho tan afectado que casi no podía escribir; sin embargo, hizo caso omiso a los consejos de Luis Quijada: “La gota se cura tapando la boca”.

En el verano de 1558, comienza de forma brusca con episodios de fiebre alta, sudoración, pérdida de su voraz apetito y decaimiento extremo, postrándolo en cama, con la boca entreabierta y con abundantes secreciones respiratorias que era incapaz de expectorar. En esta agonía pasó el monarca un mes. Pese al tratamiento con sangrías y purgantes, su salud empeoró progresivamente hasta su fallecimiento el 21 de septiembre de 1558, a los 58 años de edad, tras pronunciar su última palabra: “Jesús”.

Curiosidades:

• Se sabe que Carlos V falleció de paludismo (malaria) causado por la picadura de un mosquito proveniente de las aguas estancadas de uno de los estanques construidos por el experto en relojes e ingeniero hidrográfico Torriani.

 (Mosquito Anopheles)

• La malaria (del italiano medieval mala aria – mal aire) o paludismo (del latín palus – pantano) es una enfermedad parasitaria, producida por las especies del Plasmodium,  que se transmite por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles

 (Glóbulos rojos parasitados y rotos)

En el humano, se multiplican en el hígado y posteriormente infectan los glóbulos rojos, reproduciéndose también en su interior, provocando la ruptura de los mismos y ocasionando por tanto, los clásicos síntomas de fiebre alta, ictericia (coloración amarilla de la piel), dolores musculares, cefalea, anemia grave etc, síntomas que se reproducen cada 2 ó 3 días (al completarse el ciclo eritrocítico o asexual de Plasmodium), dejando de esta manera al organismo exhausto, pudiéndose llegar al coma, al shock, a la insuficiencia renal y, finalmente, a la muerte si no se trata. Es lógico pensar que las numerosas sangrías practicadas al Rey no hicieron más que empeorar su ya precario estado de salud.

(Plasmodium Falciparum)

• En 2004, los doctores Julián de Zuluaga, Pedro Alonso y Pedro L. Fernández, consiguieron analizar una falange del dedo meñique del Emperador, demostrando la presencia de cristales de ácido úrico (que ocasionaron la famosa gota), así como los parásitos causantes del paludismo.

El meñique del Rey tiene también una curiosa historia: durante la Revolución Gloriosa, en 1868, unos revolucionarios exhumaron el cuerpo del Rey. Se dice que el Marqués de Villaverde consiguió, tras sobornar con 20 reales a uno de los guardianes de la cripta, una falange del dedo meñique. Posteriormente se arrepintió, devolviéndolo al Rey Alfonso XIII, quien lo depositó en una urna en El Escorial, cerca de donde reposaba el cuerpo del Emperador. Transurridos los años, el Dr. Julián de Zuluaga (experto en medicina tropical) vio en un periódico la fotografía de un soldado republicano abrazado a una momia: era el cuerpo momificado de Carlos V, nuevamente exhumado durante un asalto a El Escorial, en la Guerra Civil Española. 

 (Momia del Emperador Carlos V)

El Dr. Julián de Zuluaga pidió permiso al Rey Juan Carlos I para exhumar de nuevo el cuerpo y analizarlo en busca del paludismo. Don Juan Carlos no lo concedió, pensaba que bastantes avatares había sufrido la momia como para volverla a manipular. En el 2004 un alto cargo del Patrimonio Nacional,  informó a Julián de lo ocurrido en la Gloriosa, del arte de los marqueses de Villaverde, y de la decisión de Alfonso XIII., por lo que volvió a solicitar autorización al Rey Don Juan Carlos para analizar únicamente el dedo meñique, permiso que finalmente le fue concedido, y gracias al cual sabemos la verdadera causa del fallecimiento de Carlos V.

Gracias a la colaboradora Dra. Raquel Monsalvo, especialista en Medicina Interna.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La mayor Batalla Medieval. Los reyes españoles unidos en Las Navas de Tolosa (3ª Parte)

En lo más duro del combate, el Rey Sancho de Navarra y parte de sus caballeros, consiguieron romper el infranqueable muro de esclavos y lanzas, rompió las cadenas que rodeaban la tienda, desde entonces y hasta hoy en día esas serían las cadenas que representan el escudo de Navarra.  En este caos de sangre y destrucción el califa pudo junto a algunos de sus más leales hombres emprender la huida hacia Baeza, abandonando a sus propias tropas.

 (Magnífico tapiz que representa el momento álgido de la batalla de las Navas de Tolosa, cuando el rey de Navarra rompe el muro de la temible guardia negra formada por esclavos unidos entre si mediante cadenas. Merece la pena pinchar sobre la imagen para ampliarla)
 
Con la huida del califa empezó una verdadera masacre que terminó al caer la noche. El degüello dentro de la empalizada del califa fue terrible. El hacinamiento de defensores y atacantes en este punto y la conciencia de estar dilucidando la suerte suprema de la batalla, espolearía el desesperado valor de unos y otros. En las Navas, los arqueros musulmanes, principal y temible enemigo de los caballeros, sobre todo por la vulnerabilidad de sus caballos, no podrían actuar debidamente cogidos ellos mismos en medio del tumulto. La carnicería en aquella colina fue tal que después de la batalla, los caballos apenas podían circular por ella, de tantos cadáveres como había amontonados. El ejército de Al-Nasir se desintegró. En la terrible confusión cada cual buscó su propia salvación en la huida, incluido el propio califa.

 (Fragmento de eslabones de cadenas que unian el ejército de esclavos en Las Navas de Tolosa conservados en la sala capitular de la Colegiata de Santa María de Roncesvalles, en la capilla de San Agustín donde se guardan los restos de Sancho el Fuerte)

Los cristianos dieron caza sin piedad a los musulmanes fugitivos, hasta el propio Rey Alfonso VIII al escribir al papa dijo :

"Matamos más durante la persecución que durante la batalla"


(Pendón de las Navas de Tolosa. Es un rico tapiz almohade, tejido en oro y plata sobre seda, que estaba en la tienda del califa, se conserva en el Monasterio de las Huelgas Reales en Burgos)
 
Consecuencias :

Pocos días después de la batalla y sin apenas resistencia, los cristianos entraban ya en Andalucía, entraban en Vilches, Baeza fue incendiada y Úbeda fue tomada al asalto por las tropas de Aragón convirtiéndola en un montón de ruinas humeantes. Posteriormente el Rey de Castilla abandonaba Sierra Morena. La Reconquista se ponía, tras más de 500 años, del lado de los reinos cristianos, pero todavía faltaban casi 300 años de lucha para llegar al final de esta epopeya que duró 800 años. Esta batalla definió el inicio de la superioridad militar, económica y política de los reinos cristianos y marcó definitivamente el inicio de la decadencia de la civilización árabe en la Peninsula Ibérica. 


La unión de los reinos cristianos de la Península logró una vistoria sin paliativos sobre el Imperio Almohade, a partir de este momento se produjo el momento de inflexión en la Reconquista, la balanza se inclinó a favor de los cristianos 500 años después de la invasión musulmana)

Me permito poner en estas páginas de España Eterna el relato que Arturo Pérez Reverte hizo sobre este acontecimiento de vital importancia para la historia de España.

"En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando el rey Alfonso,  visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó:

«Aquí, señor obispo, morimos todos».

Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia:

Tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria. "

(Arturo Pérez Reverte)

 (Monumento a la Batalla de Las Navas de Tolosa en la Carolina, Jaén)
 
Curiosidades :

»La batalla de las Navas de Tolosa contribuyó nuevamente al desmembramiento de Al-Ándalus en reinos de Taifas, lo que favoreció que fuesen cayendo uno tras otro ante el empuje cristiano, hasta quedar como último vestigio musulmán el reino de Granada (actuales provincias españolas de Granada, Málaga y Almería), gobernado por la dinastía nazarí. El reino sobreviviría precariamente hasta que Boabdil “el Chico”, último rey musulmán español, entregó las llaves del reino a los Reyes Católicos y se retiró a África. Era el 2 de febrero de 1492.

»Actualmente existe un museo en el mismo lugar donde se desarrolló la batalla, más información en : http://www.dipujaen.es/microsites/museo_navas_tolosa/el_museo.html

»La precipitada huida del califa del campo de batalla proporcionó a los cristianos un ingente botín de guerra. De este botín se conserva la bandera o pendón de Las Navas en el Monasterio de Las Huelgas en Burgos. Se considera el mejor tapiz almohade de los que hay actualmente en España.

»Cuando Carlos III colonizó estas tierras siglos después, fundó La Carolina y una aldea dependiente de ella, llamada «Venta de Linares» por existir allí dicha venta. Posteriormente se le cambió el nombre inicial por el de «Navas de Tolosa» en honor a la célebre batalla, hecho que ha creado confusión, frecuentemente, en la situación del lugar auténtico de celebración de la batalla.

»Los trofeos de la Batalla de Las Navas de Tolosa se encuentran en la iglesia de San Miguel Arcángel de Vilches y están compuestos por la Cruz del Arzobispo D. Rodrigo Ximénez de Rada, una bandera, una lanza de los soldados que custodiaban al califa y la casulla con que el arzobispo ofreció misa el mismo día de la batalla. Actualmente están expuestos en esta iglesia para que puedan ser visitados sin ningún tipo de problema.

»La fortaleza de Calatrava la Nueva, cerca de Almagro, fue construida por los Caballeros de la Orden de Calatrava, utilizando prisioneros musulmanes de la batalla de Las Navas de Tolosa, de 1213 a 1217.

»En el Monasterio de Santa María de Huerta, en la provincia de Soria, se conserva una imagen románica de la Virgen que según la tradición es la que llevaba en su silla de montar Ximénez de Rada en la batalla de las Navas de Tolosa. El maravilloso receptorio, único en el mundo, de este monasterio se construyó en agradecimiento a la victoria en las Navas de Tolosa.


Fin.

martes, 7 de diciembre de 2010

La mayor Batalla Medieval. Los reyes españoles unidos en Las Navas de Tolosa (2ª Parte)

El 20 de Junio de 1212 un inmenso ejército cristiano parte de Toledo hacia Sierra Morena en busca de los almohades, esta fuerza estaba compuesta por las tropas castellanas al mando del rey Alfonso VIII de Castilla, el alma de la batalla y el coordinador, junto con 20 milicias de Concejos Castellanos, entre ellas las de Medina del Campo, Madrid, Soria, Palencia, Almazán, Medinaceli, Béjar y San Esteban de Gormaz. Constituían el grueso de las tropas cristianas. Su abanderado era Diego López II de Haro, quinto señor de Vizcaya. A este caballero encomendó Alfonso VIII el reparto del botín tras la batalla, del que dicen las crónicas castellanas que no se quedó nada para su propio provecho.

Las tropas de los reyes Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal. Sumaban otro importante contingente, en su mayoría aragoneses almogávares que al año siguiente lucharían en la Batalla de Muret. Las tropas portuguesas acudieron a la llamada de la cruzada, pero no contaron con la presencia de su rey.

(Los 4 reyes protagonistas de algún modo en la batalla de las Navas de Tolosa, de izquierda a derecha y de arriba a abajo : Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal. Este último no estuvo en la batalla, pero tuvo su representación en las tropas portuguesas que allí se encontraban)

También se encontraban allí las tropas de Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Orden de San Lázaro, Temple y San Juan (Malta).

Hubo representación de un gran número de cruzados provenientes de otros estados europeos o ultramontanos, llamados así por haber llegado desde más allá de los Pirineos. Su número es discutible, si bien muchos de ellos no llegaron a participar en la batalla. Entre los convocados extranjeros figuraban también tres obispos, los de las ciudades francesas de Narbona, Burdeos y Nantes.

Al igual que el portugués, tampoco participó en la contienda el rey de León Alfonso IX; aunque ansiaba acudir a la batalla. Convocó una Curia Regia que le recomendó que exigiera condiciones para participar en la campaña, y así, Alfonso IX respondió a su homólogo castellano que acudiría gustoso en cuanto se le devolvieran los territorios que le pertenecían. Por ello, Alfonso VIII pidió la mediación del Papa, para evitar cualquier ataque leonés. Inocencio III accedió y amenazó con la excomunión a todo aquel que se atreviera a violar la paz mientras los castellanos lucharan contra los musulmanes. Este hecho contrasta con lo sucedido años atrás, cuando el mismo Papa había obligado al monarca castellano, sin éxito, a devolver esos castillos a Alfonso IX.

(El Rey Alfonso IX de León estuvo ausente en la Batalla de las Navas de Tolosa, entre otras cosas por sus desavenencias con el reino de Castilla, pese a lo cual realizó una gran actividad de reconquista, recuperando para la Cristiandad las ciudades de Cáceres, Montánchez, Mérida y Badajoz.)

Ante esto, para no romper el edicto del Papa y evitar la excomunión, el rey leonés se dedicó a recuperar sólo aquellas plazas que estaban dentro de las fronteras de León, evitando así el enfrentamiento en tierras castellanas. No obstante, y a pesar de ir en contra de sus intereses a corto plazo, consintió que acudieran a la batalla contra los almohades tropas y caballeros leoneses, gallegos y asturianos, de los cuales destacan: don José Bernaldo de Quirós, Vizconde de las Quintanas y Señor de Quirós, don Manuel de Valdés, don Fernando Lamuño y Lamuño, Señor de Salas y don Francisco de la Buelga, Caballero de la Orden de Santiago. 

 
(La caballería ligera árabe era muy eficaz frente a la caballería pesada cristiana, sus movimientos eran rápidos y envolventes, solían atacar y retirarse muy rapidamente siendo especialmente letales con sus arcos que manejaban con destreza sobre el caballo)

Tomaron la fortaleza de Calatrava el día 1 de junio, el rey de Castilla tuvo especial cuidado en que no hubiera saqueos lo que disgustó enormemente a los cruzados europeos que eran en gran parte auténticos soldados de fortuna. Debido a ello estas fuerzas abandonaron en su mayor parte al ejército del rey y marcharon a sus respectivos paises. Afortunadamente el hueco que dejaron no fue tan grande pues vino para ayudar en la cruzada el rey Sancho VII de Navarra aunque con un limitado contingente de caballeros.

Las fortalezas fueron cayendo: Alarcos, Caracuel, Benavente y Piedrabuena. Los musulmanes se apostaron fuertemente en el paso de Losa (actual Despeñaperros), un angosto desfiladero que debían atravesar las huestes cristianas. En este punto, cuenta Ximenez de Rada en el libro "Historia de los Hechos de España" que :

"Sólo mil hombres podrían defenderla de cuantos pueblan la tierra"

Providencialmente, un pastor, conocedor como nadie de aquellas gargantas, les indicó un paso alternativo para evitar el de Losa, y de esta forma pudieron cruzar sin mayores contratiempos, el paso por el que cruzaron se llamó "Paso del Rey" por este motivo. Así llegaron al otro lado, a la meseta de Las Navas y comprobaron con estupefacción que allí estaba acampado el enorme ejército almohade en un terreno elevado y en posición de combate.

(El pastor que mostró a los cristianos un paso alternativo del desfiladero de la Losa, unos aseguran que era un ángel del cielo y otros dicen que era humano y se llamaba Martín Halaja)

Los cristianos, agotados por los largos días de marcha, se instalaron a su vez en otro terreno elevado, llamado desde entonces "La Mesa del Rey". Los almohades intentaron provocarles para que entraran en combate con la ya descrita técnica del Tornafuye, pero esta vez los caballeros cristianos optaron por la prudencia y los reyes no cayeron en el juego, repelgando todo el ejército y esperando un momento más oportuno. Por otra parte, esta vez el ejército cristiano era más numeroso que en Alarcos con lo que una maniobra envolvente no hubiera surtido efecto.

La Batalla:

Las crónicas islámicas hablan de 600.000 combatientes cristianos y las crónicas cristianas hablan de 500.000 efectivos musulmanes, sin embargo y por conclusiones a las que han llegado estudios actuales, lo más probable es que no llegaran a 200.000 efectivos en total, aún así es una cifra inmensa para un ejército de la época, entre todos ellos formarían un enorme mar de espadas, armaduras y caballos. Este choque debió de ser uno de los más espectaculares de la historia medieval de Europa.

Los caballeros cristianos estaban armados con pesados escudos, caballos de batalla, cotas de malla, yelmos de metal y de cuero, lanzas y espadas, la infantería con alabardas, espadas, arcos y cuchillos. La parte musulmana iba armada con escudos más ligeros de cuero y madera y los peones, muy numerosos, con lanzas, espadas, cuchillos y sobretodo arcos para frenar las embestidas de los caballeros cristianos.

(Las órdenes militares tuvieron un destacado papel en la batalla. Eran monjes y a la vez guerreros. Según la leyenda, la primera orden militar se creó en 312 d. C. El emperador Constantino el Grande, en vísperas de la batalla contra Majencio en puente Milvio, vio una cruz en el cielo con el lema «In Hoc Signo Vinces» («Bajo este signo vencerás»). Constantino hizo caso, llevando el signo a batalla. Tras la victoria dio libre culto a los cristianos, y armó a los primeros cincuenta caballeros, la Caballería Aurata Constantiniana.)

Al amanecer del lunes 16 de junio de 1212, los contendientes se encontraban frente a frente. En el centro del ejército cruzado se situaron el Rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada por parte de Castilla; El Rey Pedro II de Aragón se colocó con sus tropas en el flanco izquierdo, y el Rey Sancho VII de Navarra con sus caballeros y junto a la milicia municipal castellana en el flanco derecho. A la batalla no acudieron los reyes de León ni de Portugal, pero permitieron que sus vasallos se incorporaran a la batalla. De este modo, muchos leoneses, asturianos y gallegos participaron en el combate.

Los musulmanes pusieron a sus tropas de élite a la vanguardia, los temibles beréberes (llamados voluntarios de la fe) compuestos en su mayor parte por arqueros cuya misión era desordenar los embites cristianos y sembrar la muerte bajo su luvia de flechas. En los flancos laterales se situaron las caballerías ligeras almohade y andalusí con la misión de hostigar por los flancos al grueso cristiano. Destacar los contingentes de arqueros a caballo turcos conocidos como Agzaz. Esta unidad de mercenarios de élite había llegado a la Península tras haber sido capturados en lo que ahora es Libia durante la guerra que mantenían los almohades del Magreb con los ayubíes de Egipto.

(Lienzo de Francisco de Paula Van Halen, Colección del Senado representa la batalla de las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212. Puedes pinchar sobre él para ampliarlo)

Comenzó la encarnizada batalla, la llanura se llenó de polvo, de gritos de muerte y rabia, de corazas destrozadas, lluvias de flechas, hombres que caían por doquier haciendo nacer allí mismo un río de sangre que tiñó la tierra. Un aparente caos que no lo era tanto pues los caballeros cristianos resistian a duras penas los embates de forma organizada y a la vez lanzaban coordinadas oleadas al centro musulman evitando las maniobras envolventes que pretendían atraparles. Esta estrategia del cuerpo a cuerpo favorecía al ejército cristiano, pues hacía inoperantes a los temibles arqueros bereberes que necesitaban distancia para ser efectivos.

  (Disposición de las tropas en la batalla, puedes hacer clic en la imagen para ampliarla)

La carga inicial de la vanguadia cristiana arrolló a los bereberes de la primera linea almohade, pero fue detenida al alcanzar el cuerpo central del enemigo. Carga entonces la segunda linea cristiana para auxiliar a la primera y a esta le sucede una tercera carga ordenada por el mismísimo Rey de Castilla. Su carga fue respaldada entonces por el embate del Rey de Aragón y también por la del Rey de Navarra, fue la de este último la que llegaría incluso hasta la línea de esclavos armados con lanzas que protegían el palenque del califa (era la llamada Guardia Negra o imesebelen, integrada por soldados-esclavos fanáticos procedentes del Senegal)

Era la guardia personal de Mohamed Al-Nasir, constituida por miles de esclavos negros encadenados entre si (para que no les quedara otra alternativa que luchar o morir) que formaban con sus picas un verdadero muro de hierro en torno a la tienda real. En medio de todos ellos estaba el califa que observaba la batalla con un Corán en la mano.

En el próximo capítulo, el desenlace y las consecuencias y otras curiosidades.....(Continuará)

sábado, 4 de diciembre de 2010

La mayor Batalla Medieval. Los reyes españoles unidos en Las Navas de Tolosa (1ª Parte)

El preludio :

Aquel lunes 16 de julio, La bruma de la mañana comenzaba a disolverse y dejaba adivinar ya a un nutrido ejército encabezado por los Reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra. Frente a ellos un inmenso ejército de guerreros del Al-Andalus y norteafricanos agrupados bajo el estandarte del Califa almohade Abu Abd-Allah Muhammad al-Nasir. Se supone que el número total de guerreros allí reunidos estaría en torno a los doscientos mil hombres, quizá el ejército más numeroso que nunca se había reunido en la Península Ibérica, se vaticinaba por tanto un enorme choque, brutal y sangriento que iba a decidir el futuro de los reinos que componían España.


(España en 1212, el Imperio Almohade ocupaba todo el sur peninsular y todo el Norte de Africa, los reinos cristianos estaban divididos y eran mucho más débiles)

Pero ¿cómo se había llegado a esta situación? es sencillo de entender, el imperio Almohade, Al-Muwahhidun, en lengua árabe: الموَحدون
, se extendía por el norte de Africa y controlaba la mayor parte de la Península Ibérica, era un enemigo muy poderoso, con un ejército devastador y que tenía en jaque a los pequeños reinos cristianos del resto de España, ninguno de ellos (Castilla, León, Aragón, Navarra y Portugal) por separado hubiera osado plantarle cara a semejante fuerza, el futuro por tanto pasaba por la unión o la desaparición paulatina bajo las garras almohades de todos ellos. 
 
 (Corán del Siglo XIII)

El Imperio Almohade, se sustentaba en el fanatismo religioso, tenían una interpretación rigorosísima del Islam y un ejército capaz de difundir la nueva doctrina, controlaban gran parte del norte de Africa y habían incorporado Al-Andalus bajo su órbita. En este contexto, los monarcas cristianos de la Península evitaron a toda costa los choques frontales, más aún después de la terible derota que sufrieron en Alarcos.

La catástrofe de Alarcos :

Durante la segunda mitad del siglo XII, los reinos cristianos pasaban por una grave crisis, la tradicional coalición y amistad que los unia siempre que estuvieran frente al enemigo común del Islam, se había diluido debido a rencillas internas y a enfrentamientos dinásticos, lo que dio pie a que los almohades tuvieran el camino más despejado que de costumbre.


El detonante fue que en el año 1190 un ejército cristiano procedente de Toledo, se atrevió de manera unilateral e incomprensible a saquear el valle del Guadalquivir, muy cerca de Sevilla que era por entonces la capital Almohade en la Península. Este desafío del reino de Castilla provocó la ira del califa almohade Abu Yusuf Yaqub que abandonó incluso su capital en el Norte de Africa para responder sin paliativos con todas sus fuerzas a semejante provocación.

En junio de  1195 desembarcó en Tarifa para dirigirse a Sevilla y reunió a un formidable ejército para dirigirse a Toledo. Cuando las noticias de su avance llegaron al rey castellano Alfonso VIII , éste organizó como pudo un ejército para frenar el avance de las tropas musulmanas. Contó con la ayuda de Alfonso IX de León y de Sancho VII de Navarra, pero cometió otro error, el de no esperar la llegada de la ayuda leonesa y navarra que estaba de camino y enfrentarse él solo al califa en los alrededores de Alarcos.


(El ejército castellano no estaba preparado para aquella nueva táctica y finalmente se vieron en la necesidad de huir, sufriendo así una tremenda derrota)

La derrota fue incontestable, confió en la fuerza de su caballería pesada y menospreció a la más ágil caballería norteafricana, la caballería acorazada de los castellanos no tuvo nada que hacer frente a los arqueros montados a caballo que siguieron la táctica llamada de Tornafuye, es decir fingir la huida para atraer al enemigo que caía desorganizado y sorprendido bajo un repentino ataque posterior,. No había posibilidad de huida porque a esta maniobra de huida le seguía otra maniobra envolvente. Así inmovilizado el ejército castellano fue practicamente masacrado.

Como consecuencia, los almohades se adueñaron de las tierras entonces controladas por la Orden de Calatrava y llegaron hasta las proximidades de Toledo, donde se refugiaron los combatientes cristianos que habían sobrevivido a la batalla. La derrota desestabilizó al Reino de Castilla durante años. Todas las fortalezas de la región cayeron en manos almohades: Malagón, Benavente, Calatrava, Caracuel, etc., y el camino hacia Toledo quedó despejado. Afortunadamente para Castilla, Abu Yusuf volvió a Sevilla para restablecer sus numerosas bajas y tomó el título de al-Mansur Billah (el victorioso por Alá). 



 (Catedral de Sevilla, el minarete es lo único que se conserva de la antigua mezquita, es un ejemplo del arte almohade cuyas características son:

·El elemento constructivo más importante es el ladrillo.
·El motivo decorativo más característico son los paños de Sebka, o malla de rombos.
·El arco típico es el de herradura apuntado, que recuerda al arte gótico.
 


La tregua :
 
Se firmó una tregua entre ambos contendientes, de una década, necesaria para que ambos pues Castilla necesitaba reponerse del golpe y los almohades volvieron para sofocar otras amenazas del norte de Africa.

Alfonso VIII aprovechó esta tregua para resolver sus disputas y estrechar lazos con el resto de reinos cristianos. Pactó treguas con Alfonso IX de León para asegurarse el flanco oeste de su reino, también firmó tregua con Sancho I de Portugal y guerreó contra Sancho VII de Navarra al que obligaría a firmar un tratado de paz. Con Pedro II de Aragón también mantuvo una intensa diplomacia que desembocó en alianza, todo con el objetivo de resarcirse de la humillante derrota de Alarcos. De este modo los cinco reinos hispánicos estuvieron en paz y crearon el caldo de cultivo necesario para formar una alianza contra el enemigo común.

Mientras, en el bando almohade, había muerto el califa vencedor de Alarcos y fue sucedido por Muhammad al-Nasir que confiado, mantenía sus ojos puestos en los problemas de su imperio en el norte de Africa. Mientras tanto el rey castellano siguió intentando avanzar la frontera de Castilla a costa de territorio musulman, fueron progresos pequeños, no resultado de grandes campañas militares sino de esfuerzos aislados y heroicos, todo ello en el marco de la idea que se estaba fraguando, la de la unidad de todos los reinos para acabar con el invasor. El espaldarazo a esta idea vino finalmente del Papa Inocencio III y del Arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada que enmarcaron la idea de la unión con el aura de Guerra Santa.


 (Escultura de Rodrigo Ximénez de Rada y de Antonio de Nebrija en el Monasterio de Santa María de Huerta en Soria. Arzobispo y guerrero, Ximénez de Rada organizó la cruzada cristiana contra los almohades de Al-Ándalus, participando personalmente en varias batallas de la guerra de Reconquista, entre ellas la de Las Navas de Tolosa)
 
Faltaba ya unicamente la provocación al enemigo, cuando finalmente expiraron las treguas con los musulmanes en 1209, el rey de Castilla atravesó el rio Tajo y atacó las tierras de Jaén y Baeza mientras que los caballeros de la Orden de Calarava marchaban contra Andújar. Pedro II de Aragón por su parte penetró en tierras de Castellón ocupando varias poblaciones.


La guerra estaba servida, ambos bandos se prepararon con todas sus fuerzas para una guerra abierta. En los púlpitos de toda Europa Occidental se predicaba la Cruzada contra los almohades, avisando de que quien participase en la misma obtendría la plena absolución se sus pecados. Además el papa amenazó con la excomunión a todo aquel que pactase o ayudase a los musulmanes, ordenando a su vez a todos los reinos cristianos de la Península que aparcaran sus diferencias para combatir al enemigo común y continuar la Reconquista.


 (Estatua de Alfonso VIII Rey de Castilla y principal impulsor de la Cruzada)

Por parte del bando musulmán, el Califa Muhammad Al-Nasir abandona el Norte de Africa y entra en sus posesiones del Al-Andalus reuniendo un formidable ejército.

En esta contienda no sólo se enfrentarían más de 200.000 soldados, también se enfrentaban dos argumentos religiosos, a la Reconquista y a la Cruzada Santa de los cristianos se opondría la Yihad o Guerra Santa del Imperio Almohade formado por norteafricanos y andalusíes.


La batalla más grande que jamás se había visto en España y que decidiría su futuro, estaba a punto de comenzar.........(continuará)

jueves, 2 de diciembre de 2010

Las espadas del Cid, entre la Historia y la Leyenda (3ª Parte)

La Colada :

La otra espada emblemática del Cid y quizás menos conocida, la que utilizó en su lucha contra el general almorávide Abú Béker para ganar a La Tizona. 
La Colada fue ganada en combate al Conde de Barcelona, así lo atestigua el Cantar del Cid :

«Veçido a esta batalla / el que en buena hora nasio;
al conde don Remont /a preson le a tomado;
hi gañó a Colada / que más vale de mill marcos»

(...)
Martín Antolínez, mio vassallo de pro,
prended a Colada, ganéla de buen señor,
del conde Remont Verengel, de Barcilona la mayor;
por esso vos la dó, que la bien curiedes vós.


Por tanto La Colada fue ganada por el Cid, tras duro combate al Conde de Barcelona, Berenguer Ramon el Fraticida y tuvo como escenario el pinar de Tevar, junto al rio Tastavins, en la linde de las actuales provincias de Teruel y Castellón. Dice la tradición que esta importantísima espada se corresponde a una magnifica hoja conservada en la Armeria Real. Sin embargo, sus propietarios han impedido que el grupo de Tecnologia Mecánica y Arquemetalurgia de la Facultad de Ciencias Quimicas de la Universidad Complutense pudiera estudiarla con la minuciosidad suficiente para fijar con precisión la datación de la hoja de acero.

(Fragmento original del Manuscrito del Cantar de Mio Cid de Per Abbat)

Se dice que el nombre de Colada viene por ser una espada hecha de acero colado, es decir, un acero limpio y sin impurezas, por lo que también pude significar espada Clara, limpia. Al igual que su compañera, se afirmó que tenía propiedades sobrenaturales según quien la empuñase, así podemos leer también en el Cantar :

Relumbra tod el campo: tanto es limpia e clara.
Diol un colpe, de trauiessol tomaua.
El casco de somo apart gelo echaua.

(...)
Quando este colpe a ferido Colada la preçiada.
Vio Diego Gonçalez que no escaparie con el alma.
Boluio la rienda al cauallo por tornasse de cara.
 
Pese a que El Cid la regaló a sus yernos, los Infantes de Carrión, la misma fue devuelta por éstos tras la afrenta cometida sobre sus hijas en la localidad de Corpes y que dio lugar al nombre de la afrenta que narra el Cantar de Mio Cid. 

Tras el incidente,  El Cid había sido deshonrado y pide justicia al rey. El juicio culmina con el «riepto» o duelo en el que los representantes de la causa del Rodrigo Díaz vencen a los infantes. Éstos quedan deshonrados en justa pública y se anulan sus bodas devolviendo también las espadas. Siendo Colada regalada de nuevo por el Cid a su caballero Martín Antolinez.

En este pasaje se habla de cómo El Cid dio cómo regalo sus espadas a los Condes de Carrión:

«Darvos he dos espadas / a Colada e a Tizón,
bien lo sabedes vos que las gané / a guisa de varón;
míos fijos sodes amos / quando mis fijas vos do;
allá me levades / ías telas del corazón.»
 
Y en este otro cómo se las demanda tras la afrenta :

«Diles dos espadas / a Colada e a Tizón
estas yo las gané / a guisa de varón,
ques onrassen con ellas / e sirviessen a vos;
quando dexaron mis fijas /en el robredo de Corpes,
conmigo non quisieren ayer nada / e perdieron mi amor
denme mis dos espadas / quando mis yernos non son.»

 (Las hijas del Cid son deshonradas y abandonadas por los infantes de Carrión)

Actualmente La Colada se encuentra en la Real Armería del Palacio Real de Madrid. De acuerdo con el catálogo historico-descriptivo, su hoja mide 0.854 m de largo por 0.053 de anchura máxima, sus proporciones van disminuyendo hasta acabar en punta redondeada.

"Por ambos lados el campo , en los dos primeros tercios, lleva ancha estria, levemente hundida, circunstancia caracteristica de las hojas de las espadas del siglo XIII"

Por lo que algunos estudios comentan que la que se supone ser la famosa Colada del Cid es realmente una espada del siglo XIII con guarnición del XIV.

Lleva también unos grabados en su hoja hechos a punzón y dorados, algunos estudiosos afirman que son meros adornos y otros que son letras ornamentadas del siglo XII al XIII, un misterio más a descifrar pues no se sabe a ciencia cierta qué significan estos símbolos.

 (Los símbolos que adornan La Colada)

Algunos estudiosos, sin embargo, afirman que estos grabados se corresponden con el lema :

SI SI NO NON
  
En el capítulo LIV del libro "Nobleza y Lealtad" compuesto por los 12 sabios del Consejo del Rey Don Fernando III de Castilla se lee :

"Sennor, el TU SI SEA SI e el TU NON, SEA NON que muy gran virtud es al al Príncipe, ó á otro qualquier ome ser verdadero, e grand seguranza de sus vasallos, e de sus cosas."
 
Este lema, digno de ser grabado en una espada puede ser el que aparece en la hoja de este arma, y de ser así es posible que entonces fuera la famosa Espada Lobera del rey Fernando III. Espada que merecerá otra entrada posterior en España Eterna. ¿Es la Lobera de San Fernando es la Colada con el lema?

La guarnición de la espada corresponde al siglo XVI y es de hierro dorado y pomo esférico en forma de granada, obra del célebre espadero de Toledo Don Salvador de Ávila fallecido en 1539.

En definitiva, tampoco tenemos certeza de que esta sea la auténtica Colada del Cid, quizás estudios posteriores logren aportar un poco más de luz a la historia de ambas espadas.


Sea como fuere son dos magníficas armas llenas de misterio y que han corrido mil aventuras en su ya larga historia, lo que si podemos afirmar sin duda es que estas espadas son algo más que un arma blanca, larga, recta, aguda y cortante, con empuñadura, como la puede definir cualquier diccionario; son algo más que un pedazo de hierro frío y sin vida, sin valor alguno, son Historia y forjadoras de la Historia de España, testigos de las batallas en las que participaron, armas que sus dueños empuñaron orgullosos y herederas de la fama de un caballero llamado, Rodrigo Díaz de Vivar, que las ha hecho ya legendarias y eternas.

Curiosidades:

» Siempre que se entronizaba a un nuevo monarca, todos los Reyes de España juraban sobre La Tizona (posiblemente como un histórico homenaje, lleno de significado y tradición, al legendario juramento de Santa Gadea). Una tradición que se mantuvo hasta su abandono, no se sabe muy bien por qué, a la llegada de la Dinastía de los Borbones
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