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miércoles, 13 de junio de 2012

Comer barro, refinada moda del XVII


Sí, barro común, barro cerámico, por mejor precisar; eso sí, de buena calidad, proveniente, a poder ser de zonas concretas, de buen prestigio, como el de Estremoz, en Portugal, el de la comarca de Tierra de Barros, en Badajoz, o, el preferido por las damas más refinadas, el que mercaderes especializados traían de Jalisco, de Chihuahua concretamente, en Méjico.

El gusto por la ingesta de barro fino, planteada así, como bocado de placer y refinamiento, está documentado desde muy antiguo; cuando menos, desde la califal Bagdad del siglo X. Y probablemente fue esa "vía árabe" la que trajo la costumbre a España. Aquí, ese barro, preferentemente el de color rojo intenso, se cocía en  pequeños cacharros individuales, o búcaros, que eran los que concretamente se comían las damas, mordisqueándolos a pequeños trocitos, una vez ingerido el líquido que contuvieran. Tal costumbre generó incluso un nombre: "bucarofagia", y, como les contamos, la tal práctica se puso muy de moda entre las damas de la corte española en el  Siglo de Oro.

Según opinión de la época, la ingesta de este barro procuraba varios efectos, todos ellos de alto interés para las mujeres de aquel tiempo. Se creía que retrasaba la menstruación, y que disminuía su flujo. Les procuraba, además, una tez blanca, lo cual era entonces empeño de muy alto interés para las damas refinadas. Y también, por último, producía un cierto efecto narcótico, al parecer muy placentero, que llegaba a fijar una clara dependencia en las consumidoras; lo cual era el principal reparo que los confesores ponían a la costumbre. La Marquesa D'Aulnoy, en sus "Memorias de la Corte de España", escribe: " :

"...hay señoras que comían trozos de arcilla... tienen una gran afición por esta tierra... Si uno quiere agradarlas, es preciso darles de esos búcaros, que llaman barros; y a menudo sus confesores no les imponen más penitencia que pasar todo el día sin comerlos".

Otra cronista de aquel tiempo, Sor Estefanía de la Encarnación, nos dejó otro  testimonio substancioso, fechado en  1631:
 "...como lo había visto comer [el barro] en casa de la marquesa de La Laguna, dio en parecerme bien y en desear probarlo". -Y lo probó y: "un año entero me costó quitarme de ese vicio", si bien "durante ese tiempo fue cuando vi a Dios con más claridad".  

Esta curiosa práctica de la bucarofagia podría tener, incluso, una representación plástica excepcional, que vino a abrirse, como pista o teoría, en 1984, cuando tuvo lugar  la última restauración del cuadro de "Las Meninas", de Velázquez. La obra, una de las más admiradas del arte universal, pintada por el genial sevillano en el año 1656, había ocultado durante los últimos siglos, por el efecto del barniz envejecido, los detalles más pequeños, entre ellos, la composición real de la ofrenda que la infanta Margarita, personaje central del cuadro, recibe de manos de la "menina" (dama de compañía) doña María Agustina Sarmiento de Sotomayor, hija del conde de Salvatierra, una bandeja con un búcaro, presumiblemente con agua fresca perfumada, para refrescarse.  



El caso es que hasta esa restauración que comentamos, la opinión general entendía que el recipiente en cuestión de la ofrenda era una jarrita de fino cristal, que parecía lo más propio, y ahora aparecía nítidamente la realidad de un modesto búcaro de barro, que, a más a más, se presenta sobre una fina bandeja ("azafate", bandeja con pié) bañada en oro. Realmente, el contraste es, como poco, sorprendente. Y ahí surgió la especulación y la polémica. Según algunos expertos en historia de la cerámica, el búcaro que se presenta en el cuadro responde justamente al modelo que en la época se usaba para la bucarofagia. La duda que se plantea es la juventud de la niña, que  parece demasiado joven para que le fuera ofrecido, con el fin de comérselo después, el tal búcaro.

 No obstante, también nos hacen notar que el juego de miradas del cuadro nos permite ver cómo la infanta mira a su madre tras recibir el jarro, y cómo (presuntamente, porque ahí se ve muy poco) la reina le regaña con la mirada. Y se preguntan; ¿Por qué? ¿Porque el agua está demasiado fría, o porque es demasiado joven para iniciarse en una práctica poco recomendable?

 Detalle del Aguador de Sevilla de Diego Velázquez.

En fin, que así se las gastaban con las vasijas de barro nuestras damas del Siglo de Oro. Y un apunte más, final. Obviamente, la ingesta (había muchas damas que se comían un búcaro al día) producía, además de los efectos profilácticos y narcóticos descritos, una inevitable toxicidad, un envenenamiento, por mercurio, plomo y arsénico principalmente. Y para ello también había un remedio médico curioso y no menos sorprendente: "tomar acero" -se decía-, o "agua acerada", es decir, beber agua en la que se había hundido una barra de hierro candente, que debía tomarse en ayunas. Así lo recoge, en 1606, Lope de Vega en "El Acero de Madrid", en el que un músico canta:

"Niña de color quebrado, o tienes amor o comes barro". 

Y un criado, que finge ser médico, recomienda a la protagonista que 

 "tome hasta media escudilla reposada de agua acerada".


Fuente : ABC - Manolo Méndez.

martes, 6 de marzo de 2012

Labros, una joya perdida del Románico.


En ocasiones, practicando otra de mis aficiones, como es viajar en moto, me he encontrado con lugares poco conocidos, casi olvidados, pero llenos de  encanto. Quisiera hablaros en esta ocasión de uno de estos lugares, que no suelen figurar en los libros de historia, pero que también tienen su importancia.

Si bien ahora aparecen apartados o incluso olvidados, siendo a veces los últimos testigos de alguna población desaparecida, también se merecen su lugar en la historia de España pues aún hoy en día nos muestran sorpresas que sin duda dejarían a más de un visitante boquiabierto. Mudos testigos del paso de los siglos, han conseguido perdurar hasta nuestros días de forma muchas veces milagrosa gracias a restauraciones más o  menos afortunadas.

Una de estas joyas perdidas por nuestra geografía, la encontramos en un pequeño pueblo llamado Labros, allá en el norte de Guadalajara, en el Señorío de  Molina. Es uno de esos pueblos que antaño tenían todas sus casas habitadas, pero que poco a poco sus hijos fueron emigrando hacia las capitales buscando mejor fortuna y nuevas oportunidades. Ahora, supongo, se llenará en verano con los que regresan a pasar unos días de vacaciones en casa de sus padres y sus  abuelos. El resto del año sus calles, casi sienmpre desiertas, tendrán a los jubilados como habitantes habituales.

 (Torre de la iglesia de Santiago Apóstol de Labros)
Su solitaria iglesia, que desde lo alto domina los campos de cultivo, estuvo desmoronada muchos años, afortunadamente el esfuerzo de los vecinos de nuevo ha levantado, conservando una joya del arte románico que ha sobrevivido  hasta hoy para mostrar al viajero un estilo que adornó muchos de nuestros templos hace ya mil años.

Antonio Herrera Casado y José Serrano Belinchón, describen magistralmente este pequeño rincón de España en su obra "Guadalajara pueblo a pueblo":

"Calles en cuesta, rinconcillos pintorescos de antiquísimo sabor que invitan a soñar en rondas nocturnas, cuando los pueblos gozaban de salud y había manos  hábiles para templar el laúd y gargantas afinadas y potentes que cantaban jotas, porque hasta aquí, amigo lector, llegaban los efectos costumbristas del  vecino reino de Aragón. Calle de San Isidro, de la Fuente, de San Roque. Por encima de la calle de San Roque hay unas peñas sobre las que se apoya la  barbacana. La portada románica de la iglesia restalla al sol con sus piedras repujadas. Uno siente pasión al mirarlas. En un intento inútil de arrancarlas  de allí y llevarlas consigo, uno se entretiene en sacarles fotografías. Seguro que son las fotografías número diez o veinte que uno posee de los trenzados  y de los relieves de la iglesia de Labros. Dentro, tras los muros ruinosos, malamente se sostiene todavía en pie el muro frontal del ábside, y por la  bóveda de cobertura nada mejor que el azul inmenso de los cielos, en esta mañana pintada de nubes."

Al borde de la plaza, en donde aún parece latir el corazón del pueblo, se conserva, entre el pairón (1) de San Isidro y el juego de pelota, una placa de vistosa azulejería talaverana en la que se puede leer:

"A Labros, cuna de Lorenzo Cetina (1644), gaitero de por vida a cambio de 12 reales de plata. Y a  todos los dulzaineros que han llevado el júbilo por los confines de esta tierra. La Escuela de Folclore de la Diputación de Guadalajara".

En nuestra humilde aportación desde este blog, vamos a hablar de aquella iglesia, que hoy en día aparece felizmente restaurada, dedicada a Santiago Apóstol y en la que podemos contemplar unos bien conservados restos de románico rural como son algunos de sus muros y especialmente su portada adornada de hermosos  capiteles donde se representan historias bíblicas y dibujos de inspiración musulmana.

 (Actual Portada de la iglesia de Labros, restaurada recientemente)

Parece ser que hace unos años no quedaba mucho más que una montaña de escombros y que apenas se mantenía en pie la primitiva puerta románica del templo. Ahora, la iglesia restaurada se levanta de nuevo tras siglos de abandono y guarda su joya principal, su portada y capiteles, sus
arquivoltas y su cenefa jaquelada, del siglo XII o comienzos del XIII., bajo una especie de porche que los protege de las inclemencias y resguarda al visitante.

 (Antigua Portada antes de la restauración)
 
Los cuatro capiteles se apoyan en unas sencillas columnas lisas.

El primero, empezando por la izquierda, está bastante desgastado por el paso de los siglos y puede dar lugar a diversas interpretaciones. Quizás el artista  medieval quiso representar a un personaje vestido con ropa talar, signo de jerarquía, cabalgando sobre un monstruoso animal que parece ser un ave de grandes dimensiones, o quizás es el bíblico Sansón agarrando la mandíbula del león antes de matarlo. Esta es mi interpretación, pero seguramente cada  viajero haga la suya, ese es precisamente el encanto de estos capiteles que sin decir qué representan claramente, dicen muchas cosas y dan lugar a numerosas teorías...

 (Capiteles del lado izquierdo)
 
A su lado encontramos un capitel completamente ornamentado con motivos geométricos entrelazados de inspiración claramente islámica, motivos intrincados que los árabes empleaban en sus mezquitas de forma magistral y que en esta iglesia se encuentran representados de forma rudimentaria pero en muy buen  estado de conservación.

El tercer capìtel representa unas aves con cabeza humana, muy bien conservadas. Estos monstruos son desconcertantes para quienes quieren ver una tipología clara en las figuras, seguramente son arpías, pájaros de  mal agüero, mujeres-pájaro que entraban en los aposentos y producían daños a sus habitantes e incluso se llevaban a los infantes de sus cunas. También pueden ser  almas-pájaro que no han terminado de romper sus ataduras en este mundo y por ello no alcanzan la perfección. También se asocia a las arpías con los vicios  mundanos... en fin, son teorías que se me ocurren, pero que cada uno saque sus propias conjeturas.

  (Capiteles del lado derecho, puedes pinchar sobre la foto para verla en detalle)

Por fin el cuarto capitel, también de difícil interpretación, muestra a dos animales en una complicada postura, o bien, como dicen otras fuentes, se trata  de un anciano de alto gorro y poblada barba, revestido de ropajes ampulosos, acosado por monos o perros junto con una sierpe que se le suben a la  espalda, como tratando de herirle o incitándole a pecar. Lamentablemente no podemos disfrutar ya de este último capitel que fue arrancado sin piedad y  robado de su emplazamiento, grán pérdida para todos. Lo que el viajero puede ver ahora es un capitel completamente liso.

 (Capitel que fue robado hace unos años)

Frecuentemente en la escultura románica, encontramos personajes o animales en escorzos imposibles, y  con perspectivas absurdas, sin embargo estos factores no le restan a la obra ni un ápice de belleza. Desconozco el significado exacto de estas figuras, pero dejo aquí la cita de Santiago Sebastián López de su obra "Iconografía Medieval"

"La Edad Media parece haber pensado con pasión que todo pudiera ser símbolo, pero -cuidado- hay que estudiar estos símbolos en sus fuentes y en sus textos,  pues existe el peligro de deformar con la mejor buena fe su verdadera significación" (2)

Por tanto me quedo con la duda frente a estas figuras que, de poder hacerlo, seguramente se reirían una vez más al ver la cara pensativa de otro visitante que trata de descubrir su auténtico significado.

Del resto de la iglesia, poco se puede decir, no queda mucho de la original románica, pero al menos ya no es una ruina. La torre de la iglesia aún conserva  alguna rústica gárgola con forma de león rematando las esquinas. También vemos un reloj de sol grabado en piedra de la torre, y un escudo con la fecha de  1548 tallado en una esquina.

 (Detalle de la torre con un escudo y una fecha)

No pude visitar su interior, que estaba cerrado a cal y canto, pero por lo que he podido descubrir por internet, dentro hubo un retablo hasta el 1500,  luego se cambió por otro nuevo dedicado a Santiago Apóstol, patrón de la parroquia. En él se veían varias pinturas sobre tablas y en el centro una talla del apóstol, todo ello de estilo gótico de tradición aragonesa. También he leído que hace pocos años todo cuanto de arte encerraba la iglesia fue vendido y en un furgón  llevado del pueblo.

Algunas de las fotografías con las que acompaño la entrada se hicieron durante una de mis rutas este verano, espero que sean de vuestro agrado. Si alguna vez pasáis cerca de este pequeño pueblo, no dudéis en visitarlo, merece la pena.

Notas :

(1) Los pairones son enseñas de piedra dedicadas a algún santo, Labros tiene o tenía 5 dedicados a San Vicente, a Santa Bárbara, a San Juan, a las Angustias,  y a la Virgen de Jaraba)

(2) Sebastián López, Santiago, "Iconografía medieval" Etor, San Sebastián, 1988.

Fotos : Pedro de Mingo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

"La adoración de los Magos, Diego Velázquez, 1619. Óleo sobre lienzo 204 cm × 126,5 cm. Museo del Prado, Madrid"


Desde España Eterna os deseamos a todos Feliz Navidad y que se hagan realidad todos vuestros deseos.



lunes, 7 de febrero de 2011

El entierro del Señor de Orgaz.

Hubo una vez un gran señor llamado Gonzalo Ruiz de Toledo, Señor de Orgaz y protonotario de Castilla. Hombre especialmente conocido por su caracter piadoso tanto fue así que con sus dineros recontruyó y amplió la parroquia de Santo Tomé. Terminada la obra por maestros mudéjares, el Señor de Orgaz entregó la nueva iglesia a los frailes agustinos, que por entonces habitaban un lugar malsano junto al Tajo, y la puso bajo la advocación de San Esteban. Al morir, dejó en su testamento una última voluntad que deberían cumplir los vecinos de la villa de Orgaz :

“Páguese cada año para el cura, ministros y pobres de la parroquia 2 carneros, 8 pares de gallinas, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña, y 800 maravedís”

Pero el tiempo pasó y poco a poco se fue abandonando esa costumbre, hasta que en 1564 el párroco se Santo Tomé, Andrés Núñez, advirtió el incumplimiento de la demanda del antiguo Señor de Orgaz y reclamó su continuación ante la Cancillería de Valladolid. Finalmente, cuando ganó el requerimiento, se encontró con una gran suma debido a los años atrasados, y con él quiso agradecer a aquel Señor de Orgaz su generosidad con un epitafio (que se encuentra a los pies del cuadro) en el que se relatan los hechos maravillosos que acontecieron a la hora de su entierro siglos antes.

(El cuadro tiene influencias de la pintura italiana de los juicios finales, de los “Santos Entierros de Cristo” de Tiziano. Y también influencias de los pensamientos de la época sobre la construcción visionaria e idealizada de la Gloria Celeste. Merece la pena pinchar sobre la foto para verla a mayor tamaño)

Y así cuenta la leyenda que en el momento del entierro el mismo San Agustín y San Esteban descendieron de los cielos y con sus propias manos colocaron en la sepultura el cuerpo del Señor de Orgaz, mientras que una voz decía :


“Tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”

En 1586 se llega a un acuerdo entre el párroco, su mayordomo y El Greco para plasmar el acontecimiento en una obra de grandes proporciones :

“En el lienzo se ha de pintar una procesión, (y) cómo el cura y los demás clérigos que estaban haciendo los oficios para enterrar a don Gonzalo Ruiz de Toledo señor de la Villa de Orgaz, y bajaron San Agustín y San Esteban a enterrar el cuerpo de este caballero, el uno teniéndolo de la cabeza y el otro de los pies, echándole en la sepultura, y fingiendo alrededor mucha gente que estaba mirando y encima de todo esto se ha de hacer un cielo abierto de gloria ...”.

El trabajo se alargó hasta finales de 1587 y la parroquia le abonó los 1200 ducados que pidió el maestro por su realización, no sin pocos regateos e incluso pleitos entre ambos.


Gonzalo Ruiz de Toledo fue enterrado en este mismo lugar, elegido por él mismo como la zona más apartada y humilde de la iglesia,  junto a la pared última y más apartada del coro y sepultura de simple piedra tosca.  200 años más tarde, el párroco don Andrés Núñez de Madrid, mandó renovar la capilla haciéndola más grande y hermosa  y queriendo que el milagro fuese conocido de todos.

En el cuadro vemos claramente una división, la parte de arriba, la celestial y la eterna y la parte de abajo la humana y temporal. El crucifijo que preside el entierro es la unión entre los dos planos.


El centro de la composición la ocupa el cuerpo del Señor de Orgaz que va a ser depositado en el sepulcro por dos santos, el Obispo San Agustín a la derecha y San Esteban, primer mártir de Cristo a la izquierda. Obsérvese el color cerúleo del difunto en contraste con el resto de personajes.
El señor de Orgaz, Gonzalo Ruiz de Toledo, nació en esta ciudad a mediados del siglo XIII, fue señor de la villa de Orgaz, alcalde de Toledo y notario mayor del rey don Sancho el Bravo. Está representado con su armadura de acero bruñido, cabe destacar las ricas cenefas pintadas sobre la armadura. Aquí el greco ha prescindido de la  sobriedad.


En la composición podemos ver a dos personajes que nos miran de frente llamando nuestra atención, uno de ellos es el propio Greco y el otro es su hijo que señala con sus manos la escena y aparece semiarrodillado en primer término a nuestra izquierda.  Jorge Manuel tenía 10 años. 




Un pañuelo que sale de su ropa lo testifica, puesto que indica la fecha de su nacimiento. 

"Domenico Theotocopuli 1578"

Este es un recurso muy utilizado durante el Renacimiento, recuérdese el Santo Entierro de Juan de Juni, con la figura de José de Arimatea vuelta hacia el espectador para mostrarle una espina. 

El niño sujeta una tea cuya llama permanente alude al deseo de mantener viva en la memoria tan recordado suceso. Aparece vestido de traje de gala y golilla.




En la composición hay caras de personajes de la aristocracia de la época que quedarían para siempre inmortalizados, evidentemente en un anacronismo que representa al Señor de Orgaz muerto siglos antes con los personajes de la época del Greco y con las figuras eternas en el cielo.

Aquí podemos ver al detalle todos los personajes que componen la escena, si pinchas sobre la imagen de abajo podrás ampliarla y se podrás apreciar mejor las descripciones de cada uno.


Destacamos con una pequeña descripción a algunos de los personajes :

* San Esteban. Sujeta al Señor de Orgaz a nuestra izquierda. Es el primer mártir de la Iglesia. Representado por un joven con dalmática diaconal en la que lleva bordada la escena de su propio martirio, haciendo contraste con las negras vestiduras de los caballeros.

* San Agustín. Sujeta al Señor de Orgaz a nuestra derecha. Ataviado, en este caso, con rico ropaje litúrgico de obispo bordada en oro, tocado con mitra, también bordada. La riqueza de su capa permite observar que el pintor ha retratado (de arriba abajo) a san Pablo, Santiago el Mayor y santa Catalina de Alejandría. Está demostrado que el rostro de San Agustín corresponde al del Cardenal Quiroga.


* Pedro Ruiz Durón, el sacerdote que nos da la espalda admirando la subida del alma del Señor de Orgaz, es el ecónomo de la catedral (el que administra los bienes de la diócesis autorizado por el obispo)

* Cura que celebra el responso. Figura revestido como tal, con capa pluvial negra con dorados. En la capa se observa un retrato de santo Tomás con escuadra de carpintero y una calavera un poco más abajo. Sin duda, debe representar a don Andrés Núñez de Madrid, el párroco de Santo Tomé quien encarga la obra a El Greco.

» Fila de caballeros

Cada uno tiene expresión propia. Los hay que siguen la ceremonia fúnebre con atención, otros que no lo hacen, aquellos que nos miran y llevan ya así casi trescientos años y aquel que mira al cielo, como queriendo saber hacia dónde se dirige el alma e incluso aquel que se encuentra distraído o, quizás, dormido ante tan triste momento. Entre ellos hay clérigos, nobles y letrados. Estos últimos los reconoceremos por el cuello vuelto, otros son caballeros de la Orden de Santiago (por la cruz roja bordada en su pechera negra).


* El caballero primero por la izquierda. Se cree que pudiera tratarse del mayordomo de la iglesia, Juan López de la Quadra.

* Dos monjes conversando. Uno es franciscano y otro agustino.


* Diego de Covarrubias, jurista, político y eclesiástico español.

* Otro monje dominico.


    
* El caballero que mira de frente, sin miedo, con la tez blanca. A la derecha del monje dominico. Es un autorretrato de El Greco.

* El caballero de Santiago que muestra sus dos manos. Quizás uno de los personajes más expresivos del Cuadro. Representa a quien fuera el descendiente del Señor de Orgaz, otros autores dicen que sería el alcalde de Toledo, por ser la persona más principal entre los nobles.

 
*
El hombre de perfil con barba cana (el primero por la izquierda en la imagen) es el profesor universitario Alonso de Covarrubias, hijo del famoso arquitecto Alonso de Covarrubias el que fuera Maestro de Obras de la Catedral de Toledo y de su Diócesis.


* Francisco de Pisa, el caballero que mira hacia el cielo, historiador y erudito que escribió acerca del milagro del Señor de Orgaz. Doctor en Derecho canónico y Catedrático de Sagrada Escritura en el Colegio de Santa Catalina. Escribió y mandó imprimir una Descripción de la Imperial Ciudad de Toledo (1605).


Algunos autores se atreven a identificar entre los personajes al propio Miguel de Cervantes, que en esos años vivió en Toledo. O quienes creen ver a Manusso, hermano del Greco, entre los retratados.

» La parte celestial


La parte celestial, donde veremos multitud de personajes bíblicos y también terrenales, en este detalle que podeis ampliar, se muestran los nombres : 


En esta obra están presentes todos los elementos del lenguaje manierista del pintor: figuras alargadas, cuerpos vigorosos, escorzos inverosímiles, colores brillantes y ácidos, uso arbitrario de luces y sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos, etc.


Entre el cielo y la tiera, un ángel transporta en sus brazos el alma del Conde hacia Dios, para fundirse con  Él eternamente. Sujetándola la introduce, entre nubes, a la presencia celestial. El alma se representa como una crisálida, con forma de niño.

En esta parte superior hay una nueva escena donde aparecen en el centro Cristo en majestad, vestido de blanco y entronizado. Con rostro sereno ordena a San Pedro que está a su derecha con las llaves del cielo, que abra las puertas de éste para el alma del Conde.

La Virgen María también está a su derecha y un poco más abajo a punto de recibir en sus manos el alma que porta el ángel.


A la izquierda de Cristo aparecen todos los bienaventurados que disfrutan de la gracia de estar en el cielo y le observan con adoración, los describo de izquierda a derecha :

* San Juan Bautista (reconocible por su vestimenta de piel de camello).

* Santiago el Mayor Santiago el Mayor patrono de España.

* Aparece el apóstol Pablo vestido de violeta.


* Felipe II con el pelo blanco y el cuello de golilla, destaca su vestimenta del resto de personajes, con la mano sobre el pecho, contemplando el milagro desde el Cielo a pesar de que aún vivía.

* El anciano de barba blanca, vestido de amarillo, que aparece a su lado es el Papa Sixto V, aunque algunos le identifican como el arzobispo de Toledo, Gaspar de Quiroga o a un predecesor suyo, Juan Pardo de Tavera.
 
* Santo Tomás (titular de la iglesia y con la escuadra) de verde y amarillo.


* Grupo difuso, debajo de los bienaventurados, hay un trío de tenues figuras, formado por un hombre desnudo y dos mujeres, una de las cuales es María Magdalena, por su frasco de perfume, la otro mujer podría ser, Marta. Y el hombre, el resucitado Lázaro. Otros hablan de este personaje como el de san Sebastián con las saetas de su martirio.


Los personajes de la parte izquierda, se suman a la contemplaciónde Cristo, son:


* El rey David, con su arpa.

* Moisés, con las tablas de la ley.

* Noé, con el arca.

Curiosidades :

» Don Gonzalo Ruiz no era Conde en realidad, ya que el condado de Orgaz no se constituyó hasta el siglo XVI. Además era casualmente de origen griego (como el Greco) descendiente de la familia real bizantina de los Paleólogos.

» Es un óleo sobre lienzo de 4,80 x 3,60 m. Traducción de la firma: “Dominico Theotocopuli, 1578” (fecha de nacimiento del hijo del Greco, no del inicio de la obra).

» Algunos autores la han definido como : “No sólo es la obra cumbre de El Greco, sino la obra maestra de toda la pintura”.

»
El Greco incluye personajes en tamaño real en el cuadro y cuadros dentro del cuadro (El martirio de San Esteban y los santos de la capa pluviales del obispo y el párroco).



» Es curioso como El Greco también pinta al Señor de Orgaz con armadura lujosa, no humildemente envuelto en una mortaja o un hábito de mendicante, como se hacía en realidad.

» También es curioso, como consecuencia del manierismo, que no existe profundidad en la escena, por lo que no observamos ni suelo, ni fondo, ni casi podemos afirmar que la escena se representa al aire libre o en el interior de una cripta.

» El lugar que ocupa el cuadro de El Greco es su emplazamiento original. Para este lugar fue concebido y en él perdura transcurridos cuatro siglos. Debido principalmente a que no se ha movido de su emplazamiento original, el cuadro goza de un excelente estado de conservación.

» En 1975, tras un concienzudo estudio científico, se acometió una notable restauración realizada por el ICROA. 


Fuentes:

 
    * Valle y Díaz, Félix del. Poética. El entierro del Conde de Orgaz. Toledo: Azacanes, 2000.
    * Vaquero Fernández-Prieto, Emilio (1997). Fantasía y realidad de Toledo. Toledo: Azacanes.
    * Lorente Toledo, Enrique (et al.) (1993). Rutas de Toledo. Madrid: Electra.
    * Marías, Fernando (1995). Museos de Toledo. Madrid: Electra.
    * Cerro Malagón, Rafael de (1982). El greco.Su época y su obra. Toledo:IPIET – Dip.de Toledo.
    * Calvo Serraller, Francisco (1999). El entierro del conde de Orgaz. Electa.

Fotografías detalladas del lienzo :

http://domuspucelae.blogspot.com/2009/07/visita-virtual-el-entierro-del-conde-de.html

miércoles, 2 de febrero de 2011

La mujer en las monedas españolas

En esta entrada de hoy vamos a tratar el tema de la mujer en la numismática española y para ello cuento con el permiso para publicar el trabajo de Adolfo Ruiz-Calleja del Blog Numismático al que desde aquí agradezco su amabilidad y sus conocimientos en esta ciencia de la historia que estudia el dinero en todas sus formas. En esta entrada sólo veremos ejemplos de mujeres reales, no vamos a mostrar representaciones alegóricas como pudieron ser Hispania o la República. Espero sea de vuestro agrado.

La Reina Sofía

La reina de todos los españoles apareció exclusivamente en las monedas de 500 pesetas entre el año 1987 y el 2001, viéndose su rostro detrás del de su marido Juan Carlos. La primera emisión de 500 pesetas celebró las bodas de plata de la pareja y ya no se modificó el diseño de la monedas de 500 hasta que desaparecieron.


Isabel II

El legado numismático de Isabel II es riquísimo, es algo que sabe cualquier aficionado. También es bastante complejo porque hubo varios cambios en el sistema monetario de la época, ya se hablará de esto algún día. En cualquier caso, Isabel II acuñó auténticas preciosidades, tanto de oro como de plata o cobre, y lo hizo en muchas cecas, habiendo además pruebas. Todo ello hace que su legado numismático sea muy amplio.
 

Aquí dejo cuatro monedas suyas preciosas:

8 maravedís
   
1 real
  
10 céntimos de escudo
  prueba de 20 reales.


La Reina Mariana de Austria y Carlos II

En Milán también se acuñaron monedas en las que aparece Mariana de Austria, segunda mujer de Felipe IV y regenta de España durante la minoría de edad de su hijo Carlos II.




Archiduques Alberto e Isabel

Efectivamente, la archiduquesa Isabel Clara Eugenia de Austria, hija de Felipe II e infanta de España fue gobernadora de los Paises Bajos y aparece en numerosas monedas junto con su esposo Alberto de Austria. Aquí abajo hay un ducatón acuñado en Amberes en 1618



 
María Tudor y Felipe II

Otra cosa curiosa, que incluyo ya que estamos, es que hay monedas en las que aparece María Tudor, segunda esposa de Felipe II y per se reina consorte de España. Fueron monedas acuñadas en Inglaterra, que no tenía nada más que ver con España más que unos reyes en común, pero bueno, aquí dejamos un ejemplo: una moneda de 1 schilling acuñada en Londres.



Juana I y Carlos I

En el caso de Juana y Carlos se acuñaron monedas de oro en esas cecas a sus propios nombres. Son piezas raras y valoradas. Dejo aquí un doble principat acuñado en Barcelona de 1536 (único conocido) y otro acuñado en Perpinyá en 1522. Se puede observar en ambos que la leyenda indica :


IOANA ET CAROLVS REGES ARAGONUM



En cuanto a las monedas acuñadas en Zaragoza a nombre de Juana y Carlos, en el catálogo de Caballero de las Yndias se indica que se fundieron monedas de 20, 50 y 100 ducados, habiendo llegado un ejemplar de cada hasta nuestros días. 


 
Isabel y Fernando

Al igual que pasaría 500 años después con la Reina Sofía, en todas las monedas que aparece está junto a su marido Fernando II de Aragón, eso sí, aparece a un lado y no detrás. El legado de ambos es interesantísimo y muy cotizado no sólo por coleccionistas españoles sino también de otros países. Es curioso que además de acuñar muchas monedas con sus retratos (los excelentes son preciosos) acuñaron muchos reales con los símbolos de ambos: el yugo y las flechas. Abajo se muestra un doble excelente. 
 

En Barcelona se acuñaron monedas a nombre de los Reyes Católicos hasta mucho después de su muerte. Como ejemplo, pongo este medio trentí acuñado en Barcelona en época de Felipe III (más de 100 años después de la muerte de los RRCC). 


Urraca I

En cuanto a su legado numismático, pues poquita cosa nos ha llegado y son piezas raras. Aquí dejo un par de dineros sacados de http://perso.wanadoo.es/e/bautistamm/Monedas_Urraca.htm donde se representa su rostro, el primero de frente y el segundo mirando hacia la izquierda; ya se sabe que el estilo románico no busca el retrato realista.


Curiosidades : 
 
La única palabra del castellano con con tres plurales distintos, admitidos por la Real Academia de la Lengua,  es «maravedí» que puede formar el plural de tres formas: maravedís, maravedíes y maravedises.

  
Fuente :
 
» Blog Numismático : http://numismatico.wordpress.com

sábado, 29 de enero de 2011

La estatua de los Tres Genios. Felipe IV a caballo.

Felipe IV, el rey Planeta, quiso tener una estatua que superara a la que su padre tenía. Algo especial, nunca visto hasta entonces y quiso también que la hiciera el mismo escultor que realizó la célebre estatua de Felipe III.
 
Concibió ser representado también a caballo, pero al galope, en una escultura que sirviera para adornar su palacio, asombro del mundo, llamado del Buen Retiro, repleto de lujos y obras de arte.

Contó con el consejo de su pintor de cámara, Velázquez, y tuvo numerosos ejemplos de pinturas ecuestres, las de Felipe III y su esposa Margarita de Austria, las de Felipe IV y su esposa Isabel de Borbón, y la del hijo de ambos, el príncipe Baltasar Carlos, un niño de corta edad.

Finalmente tal empeño lo materializó el Conde Duque de Olivares, dando la orden expresa de que al monarca se le representara montado sobre un caballo encabritado y andando en corveta. Velázquez mientras tanto concluyó una de sus grandes obras, el retrato ecuestre de Felipe IV, este sería el modelo que finalmente elegiría el rey para su estatua.


Por tal motivo se envían a Florencia, lugar de residencia del maestro Tacca, unos bocetos o quizá un cuadro idéntico al que había acabado en Madrid para el Salón de Reinos a modo de muestra para el trabajo del escultor (nunca se ha podido averiguar que fue lo que envió realmente Velázquez. Si el cuadro ecuestre rehecho con algunos cambios o el que había usado como base para pintar el definitivo del Museo del Prado. En un museo de Florencia figura una réplica del cuadro, aunque no se ha podido demostrar si es de Velázquez o de algún discípulo, como tampoco si corresponde al modelo que siguió el escultor)

Tacca desde un primer momento vio la dificultad de hacer una escultura como aquélla, con un caballo elevado sobre sus dos patas traseras como único apoyo de todo el conjunto y en la cola si ésta se procuraba que actuara como una tercera pata o punto de apoyo, un aunténtico desafío para la época, hasta entonces no se conocía nada parecido.

 
(El rey a caballo con la bengala de mando en la mano derecha, mira hacia el centro de Madrid. Ante él tiene el teatro real; detrás, el Palacio Real de la dinastía de los Borbones. Pinchar en la fotografía para ampliar)

El problema de Tacca era el equilibrio del la escultura, inalmente contó con el consejo y ayuda de Galileo Galilei el personaje que entonces sabía más de movimientos pendulares, centros de gravedad y equilibrio de cuerpos suspendidos. El consejo fue que la escultura tuviera dos partes: la trasera maciza y la delantera hueca con el menor grosor posible del bronce, consiguiendo de esta manera que el conjunto mantuviera el equilibrio.

El problema estaba resuelto, pero no todo resultó tan sencillo, pronto apareció otro problema cuando Tacca envía al rey una muestra de la obra en barro o yeso para su aprobación, antes de pasar a volcado en bronce fundido. El rey aprueba el conjunto pero no está de acuerdo con su rostro, no le parece que tenga parecido a su persona, Felipe IV muestra un claro rechazo en este aspecto. Hay que tener en cuenta que lograr reproducir los rasgos exactos del monarca sólo a través de un cuadro es extremadament difícil, por ello esta vez es Velázquez quien idea una solución. Determina que lo mejor es enviar a Tacca una cabeza modelada, que el rey apruebe. Para ello el pintor recurre a su amigo, un afamado artista sevillano llamado Juan Martínez Montañés (1568-1649).

(Juan Martínez Montañés modelando la cabeza de Felipe IV. Velázquez pintó a Juan Martínez Montañés en actitud de estar modelando la cabeza del rey. Realizado con motivo del viaje del escultor sevillano a Madrid entre junio de 1635 y enero de 1636 para realizar el modelo de la cabeza de Felipe IV, cabeza que se puede observar en la zona de la derecha)

Montañés tardó seis meses en terminar la obra de modelado de la cabeza de Felipe IV, pero fue un éxito, el monarca dio su visto bueno y el modelo partió para Florencia, al taller de Tacca donde se terminó el conjunto el mismo año de su muerte 1640 por lo que se afirma que la cabeza de la escultura sería realizada por Ferdinando Tacca, hijo del esculor italiano, lo que explicaría su menor calidad con respecto al resto de la obra. En total, el proceso llevó 6 años de trabajo.

La estatua fue concluida en 1640, y al año siguiente entraba en Madrid siendo colocada en uno de los patios del Palacio del Buen Retiro. No obstante, la estatua ha tenido varios emplazamientos; fue trasladada al frontispicio del antiguo Alcázar, en donde estuvo hasta que durante el gobierno de Don Juan José de Austria, hijo de Felipe IV, se volvió a situar en el Retiro. En este traslado, se aprovechó la circunstancia para burlarse del valido, muy impopular en tiempos de peste, hambre y carestía. Por madrid apareció algún pasquín con el siguiente dicho :

¿A qué vino el Sr. D. Juan?
A bajar el caballo y subir el Pan.
Pan y carne a quince y once,
Como fue el año pasado;
Con que nada se ha bajado
Sino el caballo de bronce. (1)

Allí estuvo la escultura hasta que el 17 de Noviembre de 1843, Isabel II la mandó colocar en su emplazamiento actual, en el centro de la Plaza de Oriente.

Pero en este conjunto monumental de la Plaza de Oriente, no sólo podemos contemplar la estatua, también hay un conjunto escultórico que la rodea. En este conjunto trabajaron grandes artistas del siglo XIX como fueron los escultores de cámara de la reina Isabel: Francisco Elías Vallejo (1782-1850) y José Tomás (1795-1848), y otros maestros que terminaron el conjunto en 1843.

(Otra perspectiva de la estatua de Felipe IV, si pinchas sobre ella podrás verla a gran resolución y apreciar todos los detalles)

Y así podemos contemplar en nuestros días el afamado conjunto, un alto pedestal decorado con dos bajorrelieves de José Tomás en los laterales, uno que representa a Felipe IV condecorando a Velázquez con el hábito de la Orden de Santiago, y otro que es una alegoría de la protección del rey a las artes y letras, representa al rey siendo coronado por la Fama. Podemos ver la Astronomía con la bola del mundo, la Pintura, la Escultura, la Literatura y la Arquitectura con un compás. El rey está de rodillas y a su lado, Velázquez

En las caras oriental y occidental se sitúan dos lápidas con inscripciones alusivas a la inauguración del monumento, promovido por la reina Isabel II.

"REINANDO / ISABEL SEGUNDA / DE BORBON / AÑO DE / 1844"

En los frentes del monumento se situaron dos fuentes en forma de concha, sobre las que una alegoría de un río (representada por un anciano) vierte agua en una urna. cuatro leones de bronce obra de Francisco Elías Vallejo, rematando cada esquina de la fuente enmarcan el conjunto Simbolizan la fortaleza y la sabiduría del templo de Salomón. 


En ambos frontales de la fuente encontramos sendos hombres recostados. Uno aparece con dos niños vertiendo agua de una vasija a dos pilones, que a su vez desembocan en los estanques circulares de la fuente, los niños representan los rios Henares y Manzanares. es obra de Elías Vallejo. El otro hombre del conjunto es el que representa al Rio Jarama y es obra de José Tomás.

*Esta entrada se ha realizado a petición de Carmen del blog Pinceladas de Historia Bejarana

Curiosidades :
   
» La estatua ecuestre es conocida como ”la de los tres genios” pues en ella intervinieron tres grandes figuras de aquel tiempo: Velázquez, quien hizo el retrato del rey; Martínez Montañés, quien realizó el busto esculpido; y Galileo, quien sugirió dejar hueca la parte delantera y maciza la trasera a fin de que el peso de la estatua recayera sobre la grupa del caballo. Esta solución, pionera en el mundo del arte, impuso un nuevo modelo estatuario, que ha estado vigente durante los siglos XVII y XVIII y es que es la primera estatua ecuestre del mundo en la que el caballo sólo está apoyado sobre sus patas traseras.

» Galileo Galilei, que vivíó confinado en su casa de Florencia desde 1633 a 1638, condenado por un tribunal eclesiástico por la divulgación de osadas teorías físicas. En esta época el maestro había perdido la visión de un ojo en 1637, que lo llevó a la ceguera total de ambos en 1638. (Fallecerá en 1642, en el año en que se instala en el Retiro de Madrid la estatua ecuestre de Felipe IV).

» Se dice que la estatua ecuestre de Felipe IV está entre las 3 mejores del mundo por su calidad excepcional.
 
Fuentes :

(1)Mesonero Romanos, Ramón: "Paseos históricos-anedócticos por las calles y casas de esta villa" Tomo primero.

Matilla, José Manuel. "El caballo de bronce: la estatua ecuestre de Felipe IV, arte y técnica al servicio de la monarquía". Madrid (1997): Real Academia de Bellas Artes de San Fernándo.



martes, 25 de enero de 2011

Velázquez, un joven maestro llega a Madrid.

Antes de trabajar en el mundo de la Corte de los Austrias, antes de ser pintor de cámara con 24 años, Velázquez elaboraba otro tipo de lienzos, donde se retrataba a la sociedad más modesta, al pueblo llano. Trabajos muchos, que no se conservaron en el Museo del Prado sino que posteriormente se convirtieron en objetos de culto, de coleccionismo y en obras fundamentales de museos en el extranjero.

Diego Velázquez llegó al mundo en 1599 en Sevilla, su madre era del mismo lugar y su padre también había nacido en la ciudad del Guadalquivir, en el seno de una familia de Oporto perteneciente a la pequeña hidalguía.

Apenas cumplidos los diez años, el pequeño Diego, siguiendo la costumbre portuguesa, adoptó el apellido materno y así le conocemos como Diego Velázquez aunque su padre se apellidara da Silva.

Desde temprada edad mostró grandes dotes para la pintura y hacia ella encaminó su oficio, un buen oficio en la ciudad más poblada del reino, con 121.000 habitantes y un ambiente cosmopolita.

(En el Museo del Prado este lienzo aparece etiquetado como "Retrato de Joven" y desde 1933 está considerado como original de Velázquez, anteriormente aparecía como copia. Para la mayoría de los expertos es un autorretrato del pintor, por lo que sería una de las pocas imágenes que se tienen de su juventud. Otros expertos apuntan a que quizá se trate de su hermano Juan. De lo que no hay duda es de que fue ejecutado hacia 1623, año en que se puso de moda el cuello de Golilla en España)  

Los encantos de Sevilla la convirtieron en el epicentro del Barroco español con nombres como Zurbarán, Murillo o Alonso Cano. Durante algunos meses Velázquez estuvo probablemente a las órdenes de Francisco Herrera "el Viejo" y su hermano Juan, si bien su tutor definitivo sería Francisco Pacheco. Firmaron un contrato de aprendizaje de 6 años de duración durante los cuales el maestro daría casa, vestido y comida al discípulo.

La cosa pareció funcionar puesto que ya en 1617 Velázquez obtuvo la licencia para fundar su propio taller, un año después con 19 años se casó con la hija de su maestro, Juana Pacheco, con la que tendría dos hijas.

Es de estos primeros tiempos de su juventud en Sevilla de los que va a tratar la entrada de hoy, de sus primeras obras, lejos de aquellos lienzos grandiosos como las Meninas o Las Lanzas de la Corte española de Felipe IV.

En estos primeros años sus obras se centran en los Bodegones y en los personajes del pueblo llano rodeados de utensilios habituales. Pícaros, vagabundos, gentes de oficios llanos son los protagonistas de sus obras como también fueron los protagonistas de muchas de las fundamentales obras literarias de la España del Siglo de Oro. Velázquez los llevó a sus lienzos dotándoles de una enorme dignidad aun siendo los personajes de la menor condición social.

Velázquez marcharía a Madrid con algunos de estos lienzos como ejemplo, dispuesto a triunfar y labrarse un futuro. Allí tuvo la oportunidad de conocer y de retratar Luis de Góngora y parece que la calidad del lienzo comenzó a labrarle una fama merecida, tanto es así que poco a poco los rumores llegaron a los oidos del Valido de tal manera que tuvo oportunidad  poco después de retratar al monarca Felipe IV.

El resultado sería más que satisfactorio porque sería nombrado pintor del Rey.  Pero vamos a analizar algunas de las obras de sus primeros tiempos.

La vieja friendo Huevos :

Es la primera obra maestra del pintor, la realizó con tan sólo 19 años. En España se la conoce como " La vieja Friendo Huevos" en la National Galleries os Scotland se la conoce como "An Old Woman cooking Eggs" es decir se emplea el verbo "cocinar" porque los expertos no se ponen de acuerdo en si el proceso es de freir, hervir o escalfar.

(La Vieja friendo huevos es un cuadro de Velázquez, realizados en su etapa sevillana. Actualmente se encuentra en la National Gallery of Scotland, en Edimburgo, tras adquirirlo en 1955 por 57.000 libras. La fecha del cuadro, aunque no está claramente definida se situaría en torno al año 1618, antes del traslado definitivo de Velázquez a Madrid, lo cual sucedería en 1623. Merece la pena pinchar sobre la fotografía para verla en grande)

Una de las quimeras de la pintura era mostrar procesos en movimiento, Velázquez aquí lo consigue con el líquido bullendo y los huevos en mitad de la cocción.

El pigmento del fondo, es uno de los elementos que sirven a los expertos para autentificar a los primeros Velázquez. Está hecho con una mezcla de tierra de Sevilla, cola y aceite de linaza.

Se cree que pare este cuadro posaron su suegra, María Melgar y Diego Melgar que en el futuro se convertiría en discípulo del pintor.

Velázquez hace uso del claroscuro que tan magistralmente dominara Caravaggio. Así aparece la zona oscura, la del joven y avanzamos hacia otra más clara donde se sitúa la luz con los blancos más intensos, donde aparece la anciana.

Los  objetos culinarios y alimentos que Velázquez dispone en el lienzo, están considerados como una de las mejores naturalezas muertas de la pintura española, sobre todo se admira la perfección con que representa el metal del mortero, la increible perfección de la sombra curvilinea del cuchillo sobre el plato y el realismo de la cebolla.

Pero hay mucho más detrás de todas estas figuras. Los expertos coinciden en que se esconden alegorías, así se interpreta que el cuadro es una alegoría de la regeneración simbolizada por la juventud del muchacho, la vejez de la anciana y el símbolo del que nace la vida que son los huevos.
 
El Aguador de Sevilla :

Esta obra, a diferencia del resto de las de su primera época,  sí perteneció a las Colecciones Reales, aunque hoy en día no cuelgue del Museo del Prado por otras circunstancias. Velázquez la llevó a la Corte y decoró una de las estancias del Palacio del Buen Retiro. Se mantuvo dentro de la pinacoteca de la Corte hasta que en 1812 José Bonaparte lo robó junto a muchas otras obras y joyas. El Duque de Wellington interceptó al prófugo francés en Vitoria y Fernando VII le regaló esta y otras obras como muestra de agradecimiento, por eso podemos ver estas grandes obras de Velázquez expuestas en museos británicos.

(La obra es una de las mejores realizadas por Velázquez antes de su traslado a Madrid en el año 1623. Todavía mantiene la técnica del claroscuro, iluminando una zona del cuadro con un foco de luz desde la parte izquierda y oscureciendo el resto del lienzo. Pincha en la foto, la verás a gran tamaño)

El niño pertenece a una clase social elevada a juzgar por su atuendo y su figura recuerda mucho a la de la anterior obra que hemos analizado.
El higo que aparece dentro de la copa de agua, sirve para perfumarla y endulzarla. Iconográficamente este fruto representa al igual que la manzana la idea del conocimiento.
Si nos fijamos un poco más en el detalle veremos que el aguador, el personaje más anciano, tiene un quiste en su oreja y unos nódulos de Heberden en sus manos (inflamaciones óseas) síntomas de osteoartritis. Lo que demuestra que Velázquez pinta la realidad sin ningún pudor, pero siempre con elegancia.

Se cree que el aguador, es un modelo auténtico y que posó previo pago de unos maravedíes, por tanto es un verdadero aguador llamado "El Corso" , el más famoso de la Sevilla de la época.

La presencia de un tercer personaje de mediana edad al fondo del cuadro, hace suponer a los expertos que esta obra es una alegoría de las Edades del Hombre. Así el más joven recibe la sabiduría en forma de higo del más anciano. El de mediana edad está captado en el momento preciso de beber ese conocimiento.
Velázquez es un maestro en retratar la naturaleza, obsérvese como muestra la materia trasparente en forma de gotas de agua que resbalan por la superficie de la tinaja. 
 
No sólo eso, sino que podemos observar cómo los dedos del alfarero dejaron su huella al realizar este utensilio en el torno. Este detalle sirve al maestro para experimentar con las luces y las sombras de los defectos de la tinaja de manera magistral.

Obsérvese también como la mirada de los personajes de esta obra se evitan. El pintor sugiere con ello un intenso aire de dignidad.

La vestimenta de nuestro aguador es pobre, pero no ruin, mucho menos vil, como dice el refranero “La pobreza no es vileza”.

El colorido que utiliza sigue una gama oscura de colores terrosos, ocres y marrones. La influencia de Caravaggio en este tipo de obras se hace notar, posiblemente por grabados y copias que llegaban a Sevilla procedentes de Italia.

Curiosidades:

» En 1700 el cuadro, tras pertenecer a la colección del cardenal infante don Fernando de Austria, ya figuraba en el inventario regio como :

“…un retrato de un Aguador de mano de Velázquez, llamado el dho aguador el Corzo de Sevilla con marco dorado y negro

» El Aguador de Sevilla fue portado en el equipaje del joven pintor, quien se desplazó a la Corte para probar fortuna como artista. Sabemos, también, que el cuadro había de ser regalado o vendido en 1623 al canónigo y maestrescuela de la catedral hispalense Juan de Fonseca y Figueroa, un amigo de su suegro Francisco de Pacheco quien, al igual que otros sevillanos, se había instalado en Madrid para desempeñar tareas cortesanas, siempre en el entorno político del Conde-Duque de Olivares. Juan de Fonseca fue sumiller de cortina de Felipe IV (cargo inmediato inferior al de capellán de los Reyes)
En el inventario del canónigo, efectuado a su muerte acaecida en 1627, el lienzo ya figura con una sencilla inscripción: "Un cuadro de un aguador, de mano de Diego Velázquez", siendo tasado en 400 reales, un precio razonable para la época, aunque nada excesivo.

» En la obra picaresca "Vida de Estebanillo González", su anónimo autor en el capítulo quinto, nos describe la existencia de un personaje cuyos rasgos físicos parecen coincidir con los de este Corzo inmortalizado por el pintor sevillano.
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