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miércoles, 19 de enero de 2011

Debod, un templo egipcio en la capital de España

En el centro de Madrid, en el antiguo emplazamiento del antiguo Cuartel de la Montaña, aparece como surgido por arte de magia un templo de otra época y otro tiempo. A miles de kilómetros de su lugar de origen, es más antiguo que todo el entorno de la ciudad que le rodea, e incluso que la nación en la que se asienta, es un templo que vino de un lugar llamado Debod, cercano a la primera catarata del Nilo, en el país de Nubia muy al sur de Egipto.

 (Litografia del Templo de Debod -1838- por David Roberts, merece la pena pinchar sobre ella para verla en detalle)

Hace unos 2200 años, un rey nubio llamado Adijalamani de Meroe, ordenó levantar una pequeña capilla en la localidad de Debod, fue dedicada al dios Amón, aunque sabemos que se fue alternando o compartiendo el culto con la diosa Isis y otras divinidades nubias como Apedemak, el poderoso dios león dinástico meroíta, que aparece mencionado en el dintel de acceso a la capilla de Adijalamani.

En un principio como digo, fue una simple capilla que se construyó seguramente sobre otra más antigua construcción. Esta, es la parte más antigua, está decorada con multitud de relieves (por lo que se la conoce como capilla de los relieves) y en la que se leen inscripciones geroglíficas en honor al dios Amón. Aparecen también escenas rituales donde se puede leer :


"El rey Adijalamani ordena construir el monumento en honor a su padre Amón"

La construcción de este templo pudo deberse también a importantes cambios políticos en Egipto, lo que se conoce como "Secesión Tebana", durante 20 años (205-185 a. C.) esta parte de Egipto se independizó del resto del pais controlado por la dinastía de los Ptolomeos (que tienen su origen en Ptolomeo, uno de los generales de Alejandro Magno que a su muerte gobernó Egipto).

Esta zona, por tanto fue independiente durante un tiempo y tuvo sus propios reyes que quisieron reafirmar su legitimidad y autoridad construyendo más templos o engalanando y ampliando los existentes. Así en esta época el templo de Debod se amplió con nuevas estancias y elementos adicionales.

(Ruinas del Templo de Debod en 1907)

Una vez restaurado en Nubia el dominio de los Ptolomeos, el templo se consagra a la diosa Isis y se siguió ampliando el conjunto. Esta política de ampliaciones y cambios se seguirá llevando a cabo durante la larga dominación romana así, serán los emperadores Augusto, Tiberio y tal vez los Antoninos,  los que culminaron la construcción y decoración del edificio. Construyeron el pronaos con una fachada dotada de una puerta y dos columnas a cada lado. Incluyeron relieves en la fachada original del Templo, de época ptolemaica, y decoraron los muros interiores Norte, Sur y Este del pronaos y de los intercolumnios exteriores.

Testigo de miles de años de historia y del paso de sucesivas civilizaciones, contempló como Roma también menguó como imperio y abandonó la zona, dejandola en manos de pueblos nómadas, que también dejaron sus marcas en los muros del templo a modo de un nuevo capítulo sobre el libro de su dilatada historia.

Siglos más tarde, el emperador Bizantino Justiniano decretaría el cierre de los templos paganos en todo el Imperio, Por lo que Debod suspendió el culto a sus milenarios dioses y en su recinto se instaló una comunidad cristiana que consagró el templo a San Esteban, también se aprecian las huellas de esta ocupación cristiana.

(El Templo de Debod en su emplazamiento original)

Pasaron los siglos, en la Edad Media y la Edad Moderna,  el templo fue visitado por nómadas, por peregrinos paganos y cristianos, por los musulmanes. Todos estos grupos humanos dejarán su marca en los muros milenarios del templo, como posteriormente lo harán los viajeros románticos. 


La primera descripción exacta del edificio que se tuvo en Europa se elaboró en el año 1813, cuando el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt fue enviado para inspeccionar y detallar la zona por orden de Napoleón. El mismísimo Champollion visitó Debod, dejando una breve referencia del edificio. A lo largo del siglo XIX, el templo fue nuevamente visitado por exploradores y egiptólogos que ofrecieron una descripción gráfica y mostraron indirectamente en sus trabajos el paulatino deterioro del edificio.

El problema de la presa de Asuán.

Finalmente surgió el problema, las autoridades egipcias contruyeron en 1907 la primera presa de Asuán, fundamental para controlar las crecidas del Nilo, lo que afectaría en gran medida al edificio ya que permanecía durante 9 meses al año bajo las aguas. Esto hizo que se fuera deteriorando su piedra arenisca y que perdiera las polícromas pinturas que lo adornaban. Si unimos esto a los desperfectos que provocó el terremoto de 1868 las autoridades llegaron a la conclusión de que era urgente una restauración, esta la llevó a cabo el arquitecto egipcio al-Barsanti, mientras que el alemán Günther Roeder lleva a cabo un estudio exhaustivo del monumento con fotografías, dibujos y comentarios que hoy en día siguen siendo referencia bibliográfica fundamental para su estudio.

(Ruinas del Templo de Debod en 1907)

Años después, en 1961, se comienza la construcción de la nueva presa de Asuán, se llegó a la conclusión de que era necesario desmontar todos los edificios de la zona o se perderían bajo las aguas para siempre. La UNESCO, en una carta de 6 de Abril de 1959, efectuó un llamamiento oficial de colaboración internacional para salvaguardar los monumentos de la Baja Nubia, que inevitablemente, iban a quedar sumergidos en el enorme lago artificial que se iba a crear, de más de 500 km. de longitud con una anchura máxima de 30 km. y media de 10.

España prestó oidos a esta llamada de auxilio y constituyó el llamado Comité Español con el profesor y arqueólogo español Martín Almagro Basch al frente del mismo. España realiza siete campañas arqueológicas y publica once volúmenes de memorias de los trabajos realizados; y una aportación de fondos por parte del Gobierno español para el salvamento de los templos de Abu Simbel y Filé. Egipto por su parte agradeció aquella ayuda prestada por multitud de paises regalando algunos de sus templos salvados de las aguas.

Así el Templo de Debod fue un regalo de Egipto a España y lo realizó finalmente el 30 de Abril de 1968 por un decreto de la Presidencia de la RAU (República Árabe Unida) por la que se ofrecía:

"El templo de Debod al Gobierno español y a su pueblo en consideración a sus esfuerzos en la contribución a la salvaguarda de los templos de Abu Simbel"

Egipto también donó otros templos a distintas naciones colaboradoras: Dendur a los Estados Unidos (se encuentra actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York), Ellesiya a Italia y Taffa a Holanda. Alemania recibió la entrega del pórtico ptolemaico del templo de Kalabsha, por las labores de desmantelamiento, transporte y reconstrucción realizadas, que actualmente se encuentra en el Museo Egipcio de Berlín.


 (Detalle del traslado de otro de los templos, en este caso el de Abu Simbel)

Las obras de excavación del templo de Debod sin embargo, fueron llevadas a cabo por el Servicio de Antigüedades de Egipto y un equipo de arqueólogos polacos.


Una vez desmontado el templo en 1961, fue llevado a la isla Elefantina en el Nilo. Allí permanecieron la mayoría de los bloques de piedra hasta el mes de abril de 1970, en que de nuevo viajaron; esta vez, rumbo a Alejandría. El día 6 de junio de dicho año, las cajas embaladas que contenían los bloques del templo de Debod fueron embarcadas en el buque Benisa y llegaron al puerto de Valencia (España) el día 18 de ese mismo mes. Desde Valencia fueron transportadas en camiones hasta Madrid, donde se almacenaron en el solar del Cuartel de la Montaña.

La tarea de los arqueólogos españoles bajo la dirección de Martín Almagro fue difícil, pues el Servicio de Antigüedades de Egipto sólo entregó un plano y un croquis del alzado del monumento, junto con algunas fotografías sin referencia de ninguna clase. Más de cien bloques habían perdido la numeración y muchos fragmentos llevaban una marca que no correspondía al plano.

En primer lugar se levantó una base de piedra (a modo de podio) con el fin de aislar los bloques originales del templo y que el suelo no tuviera contacto con ellos. Sobre el basamento se empezó la reconstrucción, siguiendo la técnica llamada anastylosis; es decir, colocando en su lugar los elementos originales hallados y añadiendo las partes de reconstrucción con una piedra de diferente color, para poder distinguir los elementos antiguos y originales de los nuevos. La piedra nueva se trajo de Villamayor, provincia de Salamanca.

(Montaje del templo de Debod en Madrid)

Algunos bloques del exterior se trataron químicamente para protegerlos y reforzarlos. En el interior del edificio se instaló aire acondicionado para crear una atmósfera seca constante. Y como recuerdo del río que tuvo el templo en sus proximidades (el Nilo), se construyó un estanque de poca profundidad a lo largo de los pilonos de acceso al templo. Los trabajos de reconstrucción del monumento duraron dos años.

 (El montaje del templo supuso un auténtico rompecabezas Su inauguración se hizo finalmente el 20 de julio de 1972 por el alcalde Arias Navarro)

Desde su apertura al público madrileño la conservación del templo ha estado rodeada de polémica. El edificio fue usado de forma indiscriminada para pases de cine de verano, para representaciones teatrales, para anuncios publicitarios, para spots musicales. La contaminación y el climograma de Madrid, así como el vandalismo, han dejado huellas profundas en el edificio.

La voz de alarma la han dado los Congresos de Egiptología Ibérica que se han ido celebrando y recientemente la UNESCO. Frente a ellos, la postura oficial del Ayuntamiento de Madrid que desmiente los motivos de alarma, sin embargo, el templo se sigue degradando.

 (Vistas del Templo de Debod, situados en la Montaña del Príncipe Pío en Madrid)

La declaración del templo de Debod "Bien de Interés Cultural", realizada en abril de 2008, alienta nuevas esperanzas en lo tocante a su conservación. Esperemos que este superviviente del paso del tiempo, las civilizaciones y los cataclismos no termine sus días a miles de kilómetros de su tierra de origen.

Curiosidades:

» Es el núcleo arquitectónico del santuario, la parte más antigua conservada del templo, que se encuentra en un estado de conservación aceptable (excepto la policromía); está decorada con escenas que representan al rey adorando a los dioses y ofreciendo sacrificios. Son motivos relacionados con el culto regio a los dioses de la zona y a los vinculados a la monarquía sagrada.

»
El conjunto pesa en torno a las mil toneladas y se compone aproximadamente de 1.724 bloques que se repartieron en 1.359 cajas de madera. Tardó en montarse dos años.

» El templo de Debod debió formar parte de una ruta sagrada para los peregrinos que acudían hasta el gran centro religioso dedicado a la diosa Isis, en la isla de Filé. Pero en principio a quien se adoraba en Debod era al dios Amón.



Fuentes :

Herráez, S., "Obras de rehabilitación del templo de Debod". Revista Liceus, n.4 (2002)
Jambrina, C., "El viaje del templo de Debod a España". Historia 16, n.286 (2000).
Amigos de la egiptología : http://www.egiptologia.com

Las fotografías se han tomado por entero de internet.

jueves, 7 de octubre de 2010

El asedio de Numancia

Año 133 a.C., cuatro mil soldados celtíberos, sus mujeres y sus hijos se mueren de hambre tras las murallas de su ciudad, Numancia. Rodeados por 60.000 mil legionarios romanos al mando del general Escipión tienen todas las de perder, pero ¿cómo habían llegado a esa situación?”

Numancia, ciudad de los Arévacos, (tribu prerromana perteneciente a la familia de los celtíberos), situada entre el sistema Ibérico y el valle del Duero. Era ya una de las pocas ciudades que aún permanecían independientes pues ya los romanos habían conquistado y sometido gran parte de la península.
El año 153 a. C., los habitantes de Segeda, capital de los Belos (otra tribu prerromana), dilataba el envío de soldados para servir en el ejército romano, se negaba a pagar impuestos al tiempo que ampliaba las fortificaciones, iniciando la construcción de una nueva muralla. El Senado mandó al cónsul Fulvio Nobilior con un numeroso ejército de 30.000 soldados; el hecho de que se empleara un contingente tan grande hace pensar que se buscaba un objetivo más importante que el de castigar a la pequeña ciudad. La llegada de este gran ejército obligó a los segedenses a abandonar sus casas y sus pertenencias y a refugiarse en territorio de los arévacos, a los que pidieron que mediaran en el conflicto, lo cual no dio ningún resultado. Así, los arévacos  se aliaron con los segedenses y, con el caudillo segedense llamado Caro como jefe, se enfrentaron a las tropas romanas, derrotándolas y ocasionando más de 6.000 bajas entre los romanos, pero también la muerte del mismo Caro.
 Soldado Ibero, los arévacos llevarían un armamneto muy similar.

Por aquel entonces Los Arévacos disponían de unos 20.000 soldados a pie y 5.000 jinetes. Las fuerzas de Roma con Fulvio Nobilior comandándolas, empezaron entonces el asedio a la ciudad, para lo que contaba además de con su ejército, con 10 elefantes que el rey númida Masinisa, aliado de Roma, le había enviado.
Estos elefantes fueron los que decantaron la balanza, pues aunque en un principio aterrorizaron a los soldados defensores de Numancia que nunca habían visto semejantes bestias, consiguieron herir a una de ellas que enfurecida se volvió contra sus propias filas sembrando el caos entre las organizadas filas romanas, esto fue aprovechado por los arévacos para atacar e infringir una severa derrota a los romanos con más de 4000 bajas.
Ante esto Roma compró la paz a base de grandes sumas de dinero pues no podía con tantos frentes abiertos, recordemos que Viriato y los Lusitanos también espoleaban al poder de Roma. Esta fue la política que siguieron hasta el 141 ac. 
 Los elefantes no consiguieron atemorizar a los Numantinos.

En este año, el nuevo cónsul Quinto Pompeyo Aulo, intentó de nuevo el sometimiento de los rebeldes, pero lo único que consiguió fue estrellarse contra las murallas de Numancia y Termancia. Popilio Laenas, el cónsul que le suicedó, atacó en 139 a. C.  Numancia, pero tras ser derrotado decidió saquear los campos de cereales de los vacceos para justificar su actividad militar. La ineptitud militar llegó a su punto más alto con Cayo Hostilio Mancino en el 138 a. C., quien atacó a Numancia con más de 20.000 hombres, y al retirarse fue rodeado por los numantinos, menos de 4.000, y tuvo que capitular para salvar su vida y la de los soldados. Los numantinos se limitaron a desarmar al ejército romano a cambio de la paz. Como castigo, la propia Roma le devolvió desnudo con las manos atadas a la espalda ante las murallas de Numancia para que los arévacos hicieran lo que quisieran con él.

La suerte que corrió Mancino, hizo que los posteriores cónsules se lo pensaran mucho e incluso desistieran de volver a atacar en muchos años este reducto rebelde.

Finalmenre Roma se reorganizó y quiso vengarse de tantas afrentas sufridas en el campo de batalla y pensó en enviar a su mejor soldado y estratega, Publio Cornelio Escipión, nieto adoptivo del vencedor de Cartago, el otro Publio Cornelio Escipión "el Africano", y por eso le llamaban "El africano menor".
 Publio Cornelio Escipión,
Escipión comenzó, al llegar a la península, por someter al ejército allí desplegado a un durísimo entrenamiento. Desterró a todos los mercaderes, rameras, adivinos y agoreros, a quienes los soldados consternados en tantos infortunios daban demasiado crédito; expulsó a los criados, vendió carros, equipajes y acémilas, conservando las puramente necesarias; prohibió ir en bestia en las marchas. Poco después llegaba a su campamento el rey númida Yugurta con 15.000 hombres de refuerzo. Cuando tuvo moralizado a su ejército, sumiso y hecho al trabajo y a la fatiga, trasladó su campo cerca de Numancia, cuidando de no dividir sus fuerzas, como hicieron otros.

En octubre del 134 a. C., Escipión tomó posiciones enfrente de Numancia a la que no dio opción de pelear. Cauto y sagaz, Escipión concibió el plan de guerra de reducir, cercar y sitiar a los numantinos, hasta que faltos de fuerza se rindieran. Así, para quitarles apoyo y favor de otros pueblos, se dirigió primeramente contra los vácceos a quienes los numantinos compraban víveres, arrasó sus campos, recogió lo que pudo para la manutención de sus tropas y amontonando lo demás, le prendió fuego.

Comenzó un cerco estricto, construyendo primero fosos, empalizadas y terraplenes para proteger a sus soldados, además de levantar un muro de 9 km, de ocho pies de ancho y diez de alto, con torres a 30,85 m de distancia unas de otras, que rodeaban la ciudad y que estaba vigilado por siete campamentos. Las torres contaban con catapultas, ballestas y otras máquinas; aprovisionó las almenas de piedras y dardos, y en el muro se instalaron arqueros y honderos. También utilizó un sistema de señales, muy desarrollado para la época, que permitía trasladar tropas a cualquier lugar que pudiera estar en peligro.
 Numancia y sus defensas

Para terminar el cerco, selló el rio Duero por donde los sitiados recibían tropas y víveres, levantó dos fuertes y atando unas vigas largas con maromas, desde el uno al otro, las tendió sobre la anchura del río. Comentan los historiadores "En estas vigas, había clavado espesos chuzos y saetas, las cuales, dando vueltas siempre con la corriente, a nadie dejaban pasar, ni a nado, ni buceando, ni en barco, sin ser visto." (Aún hoy es posible distinguir restos de aquellos campamentos romanos.)

En total eran más de 60.000 soldados, entre los que figuraban gentes del país, más los arqueros y honderos correspondientes a doce elefantes (que actuaban como torres móviles) que trajo Yugurta, contra apenas 8.000-10.000 numantinos sitiados. Sólo un numenatino, Retógenes el Caraunio, con algunos compañeros y algo de caballería, pudo burlar este cerco para pedir ayuda a las ciudades vecinas, de las que únicamente Lutia se mostró dispuesta a socorrer a la ciudad, lo que acarreó una terrible venganza de Escipión sobre los lutiakos, les cortó las manos a todos los varones de la ciudad para que no pudieran servir en el combate.

Tras quince meses de asedio la ciudad cayó, vencida por el hambre, en el verano del 133 a. C.  Sus habitantes prefirieron el suicidio a entregarse e incendiaron la ciudad para que no cayera en manos de los romanos.
 Caida final de la ciudad

Escipión capturó a 50 supervivientes para que le acompañasen en su triunfo a Roma y el resto los vendió como esclavos. También Escipión castigó duramente a las ciudades cercanas que parecían colaboracionistas y finalmente arrasó completamente la ciudad de Numancia, sin esperar la decisión final del Senado. Una vez acabada esta campaña militar, Escipión regresó a Italia donde le fue concedido el triunfo que celebró en Roma en el año 132 a.C. La destrucción de Numancia terminó con las guerras celtibéricas, que habían supuesto unos enormes gastos para el Estado romano. Para entonces, Numancia ya se había convertido en leyenda.

La actitud de los numantinos impresionó tanto a Roma que los propios escritores romanos ensalzaron su resistencia. Autores como Apiano se admiran del afán de libertad de estas gentes y destacan el hecho de la importante resistencia de este pueblo sobre las legiones romanas, con unos escasos medios y posibilidades. También el historiador Floro considera que aunque Numancia era inferior respecto a su poderío en relación con ciudades como Cartago, Capua o Corintio, era equiparable a ellas por su fama y valor, ya que con escasos medios resistió sola, durante once años ante un importante ejército enviado por Roma.
Esta lucha ha dejado huella en la lengua española, que acoge el adjetivo "numantino" con el significado: "Que resiste con tenacidad hasta el final, a menudo en condiciones precarias", según la Real Academia de la Lengua.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La falcata, la espada ibérica.

El origen etimológico de la palabra es falcatus, -a, -um: voz latina que significa en forma de hoz o provisto de una hoz. Aunque se la conoció por el nombre de machaeera (machaira o kopis, entre Ios griegos).


Vino de Grecia y de Italia y fue adoptada por los pueblos ibéricos que la modificaron a su gusto pues la acortaron, redujeron la curvatura y la dotaron de doble filo

La falcata es la espada de hierro empleada por las poblaciones indígenas ibéricas anteriores a la conquista romana, este arma fue muy usada entre los pueblos íberos o los celtíberos limítrofes con los iberos, siendo sin embargo la espada de "antenas" la más común en la zona más céltica de la Península, por tanto no es el único arma que empleaban los pueblos e la Península. Es un arma bien conocida ya que se conservan más de seiscientos ejemplares, repartidos en museos y colecciones de todo el mundo, procedentes casi siempre de tumbas.

Sus dimensiones son similares al gladius, la espada corta romana, con aproximadamente medio metro de hoja; posiblemente habría influido en los diseños posteriores del gladius, especialmente en el gladius hispaniensis, cuya evolución tendería hasta la característica forma recta de la hoja. Algo que las distingue es que en realidad no hay dos falcatas iguales, ya que estas valiosas espadas se fabricaban de encargo, por lo que cada una tenía unas medidas según el brazo de su dueño.


Pese a que su forma sugiere su empleo como arma de filo, la frecuente presencia de contrafilo en los ejemplares recuperados (el filo del borde contrario al filo principal, que ocupa cerca del tercio más próximo a la punta) parece apuntar a que también era posible su uso como arma de estocada, es también una espada pesada y capaz de asestar terribles golpes tanto tajantes como punzantes.

La calidad del hierro que servía para la construcción de las armas hispánicas fue alabada por los cronistas romanos, que quedaron sorprendidos por su capacidad de corte y su flexibilidad, una de las características más estimadas y buscadas en la manufactura de las mismas tanto es así que en todo el Mediterráneo se admiraba la calidad de estas armas, fabricadas con un mineral de hierro de altísima pureza. Su flexibilidad era tal que los maestros armeros la colocaban sobre sus cabezas doblándolas hasta que la punta y la empuñadura tocaban sus hombros. Si la espada volvía a su posición recta al soltarla de golpe era una obra de arte, si no se fundía para volver a fabricarla.


El hierro se sometía a un tratamiento de oxidación (enterrando las planchas bajo el suelo entre dos y tres años) eliminando así las partes más débiles de este. La hoja se realizaba forjando tres láminas y uniéndolas en caliente, de las cuales la central presentaba una prolongación para la empuñadura, desplazada normalmente hacia un lado respecto al eje de simetría de la espada, y con forma de cabeza de caballo o grifo. La empuñadura iba decorada con cachas de hueso o marfil e iba vuelta sobre sí misma para proteger la mano, la empuñadura adoptaba la forma de una cabeza de caballo o de ave, y un remache a menudo dorado figuraba el ojo del animal, dotado probablemente de un carácter protector además de ornamental, también podían ir decoradas con motivos geométricos, vegetales, animales e, incluso, representaciones de cabezas humanas e inscripciones a en lengua ibérica.


La hoja presentaba a veces acanaladuras en el filo no cortante, que permitirían aligerar el peso del arma, así como decoración en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata.

La falcata se guardaba en una vaina de cuero con armazón de hierro y solía colgarse al costado izquierdo mediante un largo tahalí de cuero que pasaba por el hombro derecho y se sujetaba por anillas a la vaina; por tanto, no pendía verticalmente del cinturón, lo que facilitaba el movimiento del guerrero y la extracción del arma.

Es muy frecuente que las falcatas halladas en los ajuares funerarios de las tumbas aparezcan quemadas, dobladas y con el filo mellado a golpes. Este ritual de destrucción simboliza la especial vinculación del guerrero con sus armas y, quizá también, una concepción funeraria de inversión ritual que exigía que el difunto calcinado en la pira necesitara objetos, también destruidos, para poder emplearlos en el Más Allá.
 


lunes, 20 de septiembre de 2010

Viriato, el pastor que se enfrentó a Roma.

Cuando España y Portugal todavía no existían y nuestra península era llamada Iberia por los romanos, no todos los pueblos quisieron someterse a las águilas romanas, algunos de sus habitantes decidieron resistir al imparable avance de las legiones que llegaban de lejanas tierras.
Entre los habitantes de estas tierras destacó un hombre llamado Viriato (deriva de viria, que en el idioma celtibérico significa brazalete es decir, que le apodaron como “el de las pulseras”) de oficio pastor, nacido en la provincia de Lusitania, ya en el 150 a. C. se convirtió en un líder de la lucha contra la dominación romana.
Habiendo burlado y emboscado en múltiples ocasiones a los contingentes romanos,  consiguió hacerse un nombre, de tal manera que logró la unión de algunas de las desperdigadas tribus de la península bajo su mando, por primera vez un caudillo podía hacer frente al disciplinado e invencible ejército de Roma, que ya dominaba firmemente gran parte de Europa. Sus victorias comenzaron a poner en jaque a los romanos, con un ejército de aguerridos pastores y campesinos, logró derrotar a las sucesivas oleadas que Roma enviaba contra él.

 
La victoria sobre Plaucio fue especialmente dolorosa para Roma, Viriato se encontraba en la Carpetania cuando se vió atacado por 10000 infantes y 1300 jinetes al mando del pretor, el soldado pastor nuevamente utilizó sus dotes de estratega y fingió una huída, pero la presencia de 4000 romanos que habían partido tras de él, llevó a Viriato a volver sobre sus pasos y enfrentarse a sus perseguidores a los que mató casi en su totalidad. Después cruzó el Tajo y se refugió en una montaña llamada de Venus. Plaucio lo siguió pero fue nuevamente derrotado y tuvo que abandonar la persecución, su fama se extendió, uniéndosele guerreros procedentes de todas partes. Viriato llegó hasta Segovia, para lograr un pacto con otros pueblos de la Península, algunos como los vacceos no se unieron a la alianza, pero esto no le desanimó, y prosiguió en solitario su guerra contra los romanos y entre el 146 y 145 a.c venció a los pretores de la Citerior, Claudio Unimano y Cayo Nigidio.
El senado romano no podía soportar tal concatenación de humillaciones y decidió acabar definitivamente con Viriato. El gran general romano Escipión el Africano, logró que se nombrase para la Ulterior a su hermano Fabio Máximo Emiliano, y para la Citerior, a su íntimo amigo Cayo Lelio.
Fabio Máximo llegó a Orsona (¿Osuna?) y se trasladó a Gades, pasando el primer año adiestrando a sus tropas. Evitó enfrentamientos directos con los lusos, hasta que en 144 se preparó para atacar a las tropas de Viriato, las cuales llevaban tres años campando a sus anchas por la Bética y la Meseta. Fabio logró vencerlas y las huestes de Viriato sufrieron grandes pérdidas, viéndose obligadas a refugiarse en primera instancia en Baecor (¿Baecula, Bailén?), para luego dirigirse a Córdoba a pasar el invierno.


En el 143 a.c Viriato luchaba contra el nuevo gobernador de la Ulterior, Quinto -Pompeyo, cuando por fin llega a un acuerdo con las tribus celtibéricas y junto a los arévacos, titos y belos, comienza la guerra numantina, que duraría diez años. El senado romano se alarma ante la gravedad de la situación y envía a un cónsul de la casa de Escipión, Quinto Fabio Máximo Serviliano, hermano adoptivo de Fabio Máximo Emiliano, al mando de dos legiones (unos 20000 hombres). Serviliano se dirige a Itucci y Viriato se le enfrenta con 6000 efectivos que fueron rechazados por los romanos. Serviliano recibe refuerzos provenientes de Libia (caballería y diez elefantes) y vuelve a la carga contra Viriato y en principio lo derrota, pero posteriormente Viriato se revuelve contra sus perseguidores y logra matar a 3000 romanos, ataca su campamento y provoca que Serviliano tenga que retirarse a Tucci.
Pero la falta de víveres y de efectivos lleva a Viriato a retornar a la Lusitania para proveerse, lo que es aprovechado por Serviliano para atacar a los aliados de Viriato, después a los cuneos y posteriormente dirigirse a la Lusitania. Los guerrilleros Curio y Apuleyo, al mando de 10000 hombres, atacan a las tropas de Serviliano y logran en principio apoderarse del botín de los romanos, pero Curio morirá en esta batalla y posteriormente los romanos recuperarán su botín. Serviliano someterá las ciudades de la Bética que se habían sublevado y capturará a 10000 prisioneros, de los cuales 500 serán decapitados y los restantes vendidos como esclavos. Por su parte Máximo Emiliano hará prisionero al guerrillero Connobas, a quien perdonó la vida por haberse entregado, pero sus seguidores verán amputadas sus manos, castigo brutal que también era practicado por los lusos.

 (El famoso relieve de Osuna, en Sevilla, muestra la imagen conservada más famosa del guerrero ibero)
 
La decadencia de Viriato comenzará de la siguiente manera: Mientras Serviliano sitiaba Erisana, Viriato aprovechó para atacar y arrinconar a las tropas romanas a un lugar del que no podían salir. En vez de acabar con ellos, Viriato les ofreció la libertad a cambio de un tratado de paz que lo reconociese como amigo de Roma y dueño de las tierras que ya dominaba. ¿Cómo pudo Viriato volver a confiar en los romanos que ya le habían traicionado años atrás? Puede que lo que llevó al caudillo luso a tomar esta decisión fuera el cansancio de sus tropas tras tantos combates. Los romanos, atrapados y sin otra opción, aceptaron la oferta y Roma la confirmó, aunque la consideró una afrenta.
El nuevo gobernador de la Ulterior, Servilio Cepión, hermano de Serviliano, escribió a Roma en 139 a.c y pidió que se anulara el tratado y que el senado le permitiera provocar a Viriato para obligarle a romper la paz y poder acabar definitivamente con él. En principio el senado no aceptó su petición, pero tras mucho insistir Servilio Cepión recibió autorización para declarar la guerra a Viriato, quién se retiró a Carpetania, y posteriormente se refugió en la Lusitania.
Servilio Cepión lo persiguió a través de las tierras de los vetones, aliados de los lusitanos, penetró por vez primera en el país de los galaicos y construyó una vía desde el Guadiana hacia el Norte, atravesando el Tajo. También estableció un campamento, Castra Servilia, cerca de Cáceres.
Viriato negoció la paz con el cónsul Lenas, superior de Servilio. Lenas mató a varios de los rebeldes, a otros les hizo cortar las manos y exigió la entrega de las armas, por lo que Viriato rompió las negociaciones y decidió buscar mejor suerte con Servilio, y para ello usó como mediadores a Andas, Ditaleo y Minuro. Servilio recibió a los tres negociadores y siguiendo la costumbre de sus antecesores, decidió alcanzar por la conspiración lo que no había sido capaz de conseguir por las armas. A estos tres traidores les ofreció riquezas a cambio de que asesinaran a Viriato y así, cuando regresaron a su campamento, entraron de noche en la tienda de su caudillo, mientras dormía y le dieron muerte. Más tarde se presentaron ante Servilio para cobrar el precio de su vileza, pero el romano se negó a pagarles y los remitió al senado romano, quien tanbién rechazó pagar el precio de tan infame acuerdo.  De aquí viene la legendaria frase que ha llegado hasta nuestros días "Roma no paga a los traidores"

  (La muerte de Viriato, por José Madrazo)
 
Muerto Viriato, sus fieles lo honraron con unas magníficas exequias fúnebres. Su cadáver engalanado fue quemado en una gran pira, y se hicieron un gran número de sacrificios. Los jinetes y guerreros armados desfilaron alrededor de su líder cantando alabanzas, hasta que se extinguió el fuego que consumía el cadáver. Cuenta Diodoro que sobre la sepultura lucharon doscientas parejas de guerreros, simulando los combates que en el pasado habían compartido con su jefe.
La vileza de los romanos provocó que los lusitanos se reorganizaran, y al mando de Tántalos se dirigieron contra las tropas de Cepión. La suerte no les acompañó y se vieron forzados a rendirse tras cruzar el río Betis. El sucesor de Cepión persiguió de modo tan cruel a los lusitanos que hasta sus mujeres decidieron seguir heroicamente a sus hombres en la lucha, y según Apiano, murieron sin ni siquiera emitir un grito de dolor. A tan brutal represión, hoy en día, lo llamaríamos un holocausto.
Décimo Junio Bruto pasó el Duero en el 137 a.c y se convirtió en el primer romano que pisó Galiza. Atravesó el Letheo (el Limia), conocido por los romanos como el río del olvido, ya que pensaban que todo aquel que lo cruzaba perdía irremisiblemente la memoria de quien era, el recuerdo de su familia y de todo su pasado. Sus huestes se negaron a seguirle, tan grande era el temor que los invadía, que hubo Bruto de cruzar el río junto a sus generales y llamar por su nombre a los soldados, que lo observaban aterrados desde la otra orilla, para demostrarles que no había perdido la memoria. Sólo entonces las tropas romanas se atrevieron a avanzar. Tal era el profundo terror que despertaba entre ellos la mágica Gallaecia.
Gallaecia era la última frontera occidental para los romanos. Antes de que siquiera se atrevieran a hollar su suelo, los romanos sólo conocían de ella los relatos de mil leyendas que narraban historias de como en la costa de este finisterrae se podía oír el ruido que producía el sol al sumergirse en el mar, igual que un hierro al rojo vivo cuando se introduce en el agua. También contaban como las yeguas salvajes eran fecundadas por el viento y parían caballos de enorme bravura, que galopaban libres por las abruptas tierras gallegas.
En el 136 a.c Décimo Bruto logró conquistar la Gallaecia y de ella tomó su sobrenombre con el que pasaría a la historia. El romano también fortificó Olisipo (Lisboa) y exiló a los fieles soldados de Viriato en una colonia de la costa levantina: Valencia.
Viriato es el prototipo del guerrillero, que busca cansar al enemigo y lo ataca mediante emboscadas, aprovechando su rapidez y el factor sorpresa, simulando retiradas y dispersando sus tropas con gran celeridad, mientras impide que acceda a su aprovisionamiento.
Era un líder querido por su pueblo, generoso y austero, que cobraba impuestos a los hacendados y que poseía una visión política que iba más allá de las fronteras de su tribu. Si era necesario estaba dispuesto a inmolar a los suyos y sólo la traición de aquellos en los que confiaba permitió a sus enemigos vencerle. Antes de él sólo existían tribus reducidas a los confines de sus fronteras y tras él no hubo nadie que pudiera emular su ejemplo. Por ello, los tiempos no han podido borrar la huella del gran héroe de la península ibérica capaz de vencer al imperio. Por los siglos de los siglos estará en el panteón de los grandes guerreros de la historia de la humanidad.

 (Viriato en Zamora)
 
Extraido de diversos artículos, gracias especiales a Celtiberia.net. y Pobladores.com



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