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domingo, 26 de febrero de 2012

Cuando España inventó los marines.


Antes, muchísimo antes (más de dos siglos) de que los marines norteamericanos fueran creados por el capitán Samuel Nicholas, los marines ya estaban inventados por los españoles, con el nombre de Infantería de marina.

O, si lo prefieren, Compañías Viejas del Mar de Nápoles o Arcabuceros de Galera, creadas tras una disposición firmada por el Emperador Carlos V, en el año de 1537

El himno que los infantes españoles cantan en las ocasiones señaladas reza así :

«Infantes de marina marchemos a luchar,
la Patria engrandecer y su gloria acrecentar, 
nobleza y valentía nuestros emblemas son: 
no abandonar la Enseña al ruido del cañón
porque morir por ella es nuestra obligación ... », 


 El infante de marina a bordo del «Alfonso XIII»

La idea imperial surgió tanto de una necesidad como del genio militar de nuestros antepasados en el siglo XVI. Se trataba de establecer una fuerza de combate ágil y de gran poder destructivo, capaz, además, de moverse en los abordajes y en la defensa de las propias galeras con la misma pericia y la osada naturalidad con la que sobre la tierra firme ya lo hacía nuestra fiel infantería. La de toda la vida.

Fue creada por Carlos V en 1537, al asignar de forma permanente a las Escuadras de Galeras del Mediterráneo las Compañías Viejas del Mar de Nápoles, es sin embargo Felipe II el que crea el concepto actual de fuerza de desembarco.

Esto era la proyección del Poder Naval sobre la costa por medio de fuerzas que partiendo de las naves, fueran capaces de asaltarla sin menoscabo de la capacidad de combate. A la época pertenecen los famosos Tercios:

    -Tercio Nuevo de la Mar de Nápoles.
    -Tercio de la Armada del Mar Océano.
    -Tercio de Galeras de Sicilia.
    -Tercio Viejo del Mar Océano y de Infantería Napolitana.

De éstos Tercios, el primero es el "alma mater" de la Infantería de Marina, llevando en su escudo dos anclas cruzadas que fueron el emblema del Cuerpo hasta el siglo XX.


La Infantería de Marina Española fue creada en 1537. Es por tanto la más antigua del mundo. En sus filas han luchado ilustres hombres como D. Miguel de Cervantes Saavedra.

Por tanto Felipe II, siempre pendiente de las cuestiones de Estado y de que en España de ninguna de las maneras se pusiese el Sol, no tardaría en darse cuenta de que la gran idea de su padre debía convertirse en un objetivo prioritario de nuestra estrategia militar y marítima.

Mayormente, debido a la cada vez más intensa influencia y despliegue militar y naval de los turcos en el Mare Nostrum. Así, el 27 de febrero de 1566, casi treinta años después de la orden de Carlos I, su Majestad Católica Felipe II crea el «Tercio de la Armada del Mar Océano». Solo hicieron falta cinco años para que la unidad se mostrara decisiva en la carnicería de Lepanto, y fueron infantes de marina quienes rindieron la «Sultana», la nao capitana de Alí Pachá. Aquello solo fue el principio.

La defensa de la España Imperial allende el Atlántico durante décadas y décadas, frente a piratas, corsarios, y bucaneros; la Guerra de la Independencia (infantes de marina eran quienes persiguieron a las tropas napoleónicas al otro lado de los Pirineos tras la victoria); y, por supuesto, las guerras de independencia hispanoamericanas, y luego Cuba, Filipinas, Guinea y Sidi Ifni.


 Combate entre La Real y La Sultana, La infantería de marina fue decisiva en la batalla de Lepanto

Un heroico y abnegado viaje a lo largo de la Historia del mundo y de España que en los últimos años ha llevado a la Infantería de Marina a ser una de las mejores unidades en su género, intensiva y exhaustivamente preparada, dotada del mejor material y de una categoría suprema militarmente hablando, que la ha llevado a participar en nuestras misiones de paz por todo el mundo y a ser la avanzadilla de la Operación Atalanta contra la piratería en el Océano Índico.
 
(Infante de marina 1805. Uniformes de la Armada Española 1717-1814, Biblioteca Militar de Barcelona)
 
También conviene destacar que desde el año 1763, la Infantería de Marina es Cuerpo de Casa Real, recompensa y privilegio que obtuvo tras su heroico combate en la defensa del Castillo del Morro de La Habana frente a la flota inglesa (1763).

San Fernando, Cartagena, Barbate, Ferrol, las Canarias y Madrid cobijan hoy a las distintas unidades de la Infantería de Marina. Hace ahora 475 años desde su fundación.


Fuentes :

ABC - Manuel de la Fuente
Revista Naval : http://www.revistanaval.com/infanteriademarina/historia.htm

lunes, 5 de diciembre de 2011

La primera Constitución de España. Cádiz 1812 (2ª Parte)

La Junta Central encontró refugio en Cádiz ante el empuje invasor francés. La apertura de la asamblea se hizo en septiembre de 1810 el lugar elegido fue el Teatro Cómico de la Isla de León. La situación era angustiosa pues por si fuera poco, se desató una epidemia, probablemente de tifus, que afortunadamente no fue a más, pero las Cortes de Cádiz se trasladaron a la Iglesia de San Felipe Neri en Cádiz.

 (Imagen de la Constitución de 1812, una de las obras custodiadas en la Biblioteca Nacional de entre los riquísimos fondos que contiene)

El número de diputados que participaron en este proyecto fue variable a lo largo del tiempo. En un primer momento fue de unos 100, pero los que la firmaron llegarían a ser unos 185 y cuando se realizó la sesión de clausura de las Cortes Extraordinarias llegaron a ser 223. Sus orígenes fueron diversos, procedían de todas partes de España y también había alguno de origen americano y es bien conocido que esta Constitución pretendió igualar a todos los súbditos españoles dando los mismos derechos y deberes a los habitantes de España y a los de América.

Hubo muchas dificultades para el traslado de los diputados elegidos hasta Cádiz y por ello muchos tuvieron que ser sustituidos por otros naturales también, de las provincias representadas que en ese momento estaban allí en Cádiz. La mayoría de ellos eran funcionarios, abogados, eclesiásticos etc...

(Placa conmemorativa de la Jura de la Constitucion de 1812 en Cádiz)

Entre todos los representantes que allí pudieron congregarse, pronto se distinguirían dos grupos claramente diferenciados; los absolutistas, partidarios del viejo orden que había regido los destinos de España hasta la fecha y que eran llamados "serviles" por sus enemigos. Y los llamados liberales, partidarios de grandes reformas y de cambiar de una vez por todas el Antiguo Régimen. Fueron casi siempre estos últimos los que llevarían la voz cantante, ayudados por el ambiente de euforia que se vivía en Cádiz, atestado de liberales, incluso el clero allí tenía muchos partidarios de las nuevas ideas.

La prensa también ayudó mucho a la expansión de las ideas liberales, gracias a que en 1810, las Cortes decretaron la libertad de imprenta. El final de la censura dio lugar a encendidas tertulias, se opinaba con total libertad en puntos de reunión como los cafés, salones, plazas, calles. Después de tantos años de censura, se podía por fin  leer obras antes calificadas como prohibidas. Se multiplicaron los periódicos y todo tipo de publicaciones por ejemplo "El conciso", "El Semanario Patriótico", "El Robespierre Español" etc...

 (Monumento a la Constitución de 1812 en Cádiz)

Los cafés se convierten en espacios para la discursión, para el debate de las nuevas ideas sin censura alguna, aquellos espacios dejaron su nombre en la historia como el Café de Cárdenas o El León de Oro entre otros. Allí tuvieron lugar acaloradas discursiones basadas en las publicaciones, como las del "Semanario Patriótico", que se hacían tras las sesiones de las Cortes. Todo esto dentro de un tenso panorama por el sitio al que se estaba sometiendo a la ciudad de Cádiz.

 (Monumento a la Constitución de 1812 en Cádiz. Detalle)

A pesar de todo, el trabajo en las Cortes fue muy duro y su labor legislativa enorme. Algunos de los decretos tuvieron como objetivo abolir algunas instituciones del Antiguo Régimen, como por ejemplo el Régimen Señorial de la propiedad de la tierra, la abolición de la Santa Inquisición, e instituciones oríginarias del medievo como los gremios por creer que coartaban la libertad del individuo.

El debate sobre la abolición de la Santa Inquisición fue uno de los más apasionados. Los liberales, influidos por las ideas ilustradas y de la Enciclopedia y los principios de la Revolución Francesa, veían en el Tribunal a un enemigo claro de la libertad y de la tolerancia y pedían su abolición inmediata. Hubo  publicación de numerosos escritos a favor de este punto como el del liberal Antonio Puigblanch que publicó con el seudónimo de Natanael Jomtob "La Inquisición sin máscara, o disertación en que se prueban hasta la evidencia los vicios de este tribunal y la necesidad de que se suprima" primero en fascículos y luego en un volumen, entre 1811 y 1813. La obra se tradujo rápidamente a otros idiomas :

"Cuando trato de destruir la Inquisición por sus cimientos, entiendo cumplir con uno de los principales deberes, que imponen a todo ciudadano la humanidad y religión juntas, ofendidas atrozmente y por una serie dilatada de siglos en este tribunal. ¡Ojalá pudieran mis fuerzas llenar la extensión de mis deseos, así como ha herido mi sensibilidad por todos sus puntos la idea que después de un maduro examen he formado  de su viciosa constitución y de los abusos que debieron serla consiguientes!."

(Página de la Constitución de 1812 donde aparecen los primeros artículos, merece la pena pinchar sobre ella para ver en detalle las ilustraciones)

El 22 de febrero de 1813, la Inquisición fue declarada "Incompatible con la constitución política de la monarquía". Al día siguiente el Tribunal era suprimido. Está situación no evitó que las antiguas funciones inquisitoriales fueran asumidas por Juntas de Fe o Tribunales de la Fe que funcionaban por cuenta propia en las diferente diócesis eclesiásticas. Estos tribunales conseguían superar al poder civil del Estado con el apoyo de las autoridades locales. El conde de Toreno, consideraría que la abolición del Santo Oficio fue uno de los grandes logros de las Cortes de Cádiz :

"Inmarcesible gloria adquirieron por haber derribado a éste las Cortes extraordinarias congregadas en Cádiz. Paso previo era su abolición a toda reforma fundamental en España, adelantar en la civilización moderna" 
 
Pero la ley de mayor trascendencia que se aprobó en las Cortes de Cádiz, fue sin duda la Constitución, base de toda la reforma del Antiguo Régimen y de toda su estructura y entramado político. Esta Constitución de 1812 propone un Estado basado en la división de poderes :

1) El monarca sería el encargado del gobierno y la adminisración.
2) La potestad de la creación de las leyes recaería en las Cortes, aunque el Rey debía sancionarlas y podía vetarlas hasta dos años.
3) Por otra parte los Tribunales de Justicia serían los responsables de aplicar la Ley. 

Este sistema resultó tan avanzado y eficaz para la época, que se tomaría como modelo para posteriores costituciones europeas y americanas.

El texto definitivo de esta Constitución  se promulgó el 19 de marzo 1812, el día de San José, de ahí el nombre popular de "La Pepa" que más tarde se le daría. A pesar de la cercanía del ejército francés y del trascurso desfavorable de la guerra, las muestras de júbilo se sucedieron por doquier y los cronistas cuentan que se oían vítores y aplausos por toda la ciudad. Se formó una comitiva de diputados que recorrieron las calles entre las muestras de alegría del resto de ciudadanos.

(Fernando VII de Borbón, San Lorenzo de El Escorial, 14 de octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833. Entre 1814 y 1820 restauró el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz y persiguiendo a los liberales. Tras seis años de guerra, el país y la Hacienda estaban devastados, y los sucesivos gobiernos fernandinos no lograron restablecer la situación.)

La redacción del artículo 1 constituye un claro ejemplo de la importancia que para la Constitución tuvo América. Fue el primero, y por ello, el más importante. Este es su famoso texto:

Art. 1 "La nación española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios."

Otros artículos a destacar por su claridad e importancia :

Art. 2 "La Nación Española es libre e independiente , y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona."

Art. 3 "La Soberanía reside esencialmente en la Nación, y pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales."

Art. 6 "El amor de la Patria  es una de las principales obligaciones de todos los españoles, y asimismo el ser justos y benéficos."

Art. 15 "La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey"

Art. 168 "La persona del Rey es sagrada e inviolable y no está sujeta a responsabilidad."

Art. 172 "No puede el Rey privar a ningún individuo de su libertad ni imponerle pena alguna."

Art. 247 " Ningún español podrá ser juzgado en causas civiles ni criminales por ninguna Comisión, sino por el tribunal competente determinado por la ley."

Para perpetuar en el recuerdo aquellos días en que se creó nuestra Constitución, se acuñaron medallas y hubo multitud de publicaciones, de tal manera que la noticia corrió como la pólvora por toda España, que se fue sumando a la celebración, en la medida que lo permitía la ocupación francesa.

En 1814 los franceses se retiraron y los patriotas de Cádiz pudieron salir de aquel baluarte e incluso viajar a Madrid, con la esperanza de que aquella Constitución, fraguada en el sur de España, se impusiera como modelo válido de gobierno en un país unificado y liberal. Pero todo aquello quedó en nada cuando Fernando VII volvió a España y firmó en Valencia un decreto en el que no sólo no aceptaba ni reconocía la Constitución sino que la declaraba nula y todos sus decretos nulos también y sin ningún efecto, esto se expresa claramente en el llamado Decreto de Valencia de Fernando VII, del que extraigo este fragmento :

"...declaro que mi Real ánimo es, no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución, ni a decreto alguno de las Cortes generales y extraordinarias ni de las ordinarias actualmente abiertas (...), sino el de declarar aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, (...) como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo, y sin obligación en mis pueblos y súbditos de cualquier clase y condición a cumplirlos y guardarlos.

Dado en Valencia a 4 de Mayo 1814. - Yo el Rey."

El 11 de mayo los diputados recibieron la orden de disolución, mientras los partidarios del Rey recorrían las calles de Madrid al grito de :

" ¡ Viva la religión!, ¡abajo las Cortes !, ¡ viva Fernandop VII !, ¡ viva la Inquisición ! "

Comenzaba la restauración del absolutismo, pero la huella de la Constitución de 1812 creada en las cortes de Cádiz quedaría para siempre impresa en la historia de España, ya nada volvería a ser como antaño y su legado no sólo afloraría poco tiempo después en nuestra historia, también su recuerdo serviría de ejemplo para futuras constituciones que estaban por nacer en Europa y América.

Fin.


Curiosidades :


» En 1810, las Cortes decretan la libertad de imprenta. El final de la censura dio lugar a encendidas tertulias en los puntos de reunión. Los periódicos se compraban y se leían en alto en los salones, los cafés o las plazas.

» Muchos fueron los que se alistaron en los batallones de defensa, enardecidos por las nuevas proclamas. Entre los batallones de defensa de la ciudad de Cádiz, estaban los llamados "lechuguinos" llamados así por el color verde de su uniforme, aunque también se atribuyó a que la mayoría pertenecían a los barrios de extramuros, donde se cultivaban las lechugas.

» La constitución establecía el sufragio universal masculino indirecto. A pesar de que las mujeres no tenían derecho a voto, ellas tuvieron un papel muy destacado en todo el proceso constitucional, muchas damas adineradas mantenían salones de tertulias donde se debatían las nuevas ideas, hubo también mujeres periodistas como Carmen Silva o articulistas como María Manuela López de Ulloa. Incluso había un periódico exclusivo para mujeres "El amigo de las damas" una publicación que trataba de explicar cuál era el lugar que se quería dar a la mujer en la sociedad constitucional.

» El exaltado pueblo de Cádiz también inventó sus proclamas y canciones tal como lo hicieron en su tiempo los revolucionarios franceses. Una canción del estilo de la Marsellesa, decía :


"...
Recordemos, amigos, la gloria
que logramos un tiempo ganar:
nuestro brazo la Europa temía,
nuestro brazo enfrenaba la mar.
Hijos somos de aquellos valientes,
cuyos hechos el orbe admiró,
cuyo esfuerzo la América y Flandes
y la Italia y la Francia domó.
...
Si el francés con ficciones villanas
nuestro Rey consiguió cautivar,
no por eso consienta soberbio
que podrá su inocencia burlar.
La virtud le cubrió con su escudo;
la Justicia su espada sacó,
de Fernando defiende la vida,
y del Corso la ruina juró.
...
Los fuertes aceros,
patricios guerreros,
al punto empuñad:
marchad, sí, marchad.
Resuene el tambor,
veloces marchemos,
y la sangre Española venguemos
derramada con ciego furor.

Fuentes :
 
» Artola, Miguel: «Orígenes de la España contemporánea», Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 2000; Las Cortes de Cádiz, Ayer, 1, 1991.
» Chust, Manuel: «La cuestión de la nación americana en las Cortes de Cádiz», Valencia, UNED-UNAM, 1998.
» Rodríguez, J. E.: «La independencia de la América española», México, FCE, 1996.» Pérez Garzón, Juan Sisinio: «Las Cortes de Cádiz», Síntesis, Madrid, 2007.

martes, 22 de noviembre de 2011

La primera Constitución de España. Cádiz 1812 (1ª Parte)


-¿Juráis la santa religión católica, apostólica, romana sin admitir otra alguna en estos reinos?

 -¿Juráis conservar en su integridad la nación española y no omitir medio alguno para libertarla de sus injustos opresores?

 -¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar  y variar aquellas que exigiese el bien de la nación?

-Si así lo hiciéreis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.


Así repitieron uno por uno cada uno de los diputados que se reunieron aquella mañana del 24 de septiembre de 1810 en representación de todas las ciudades y  territorios de España, en la isla de León (la actual San Fernando en Cádiz). Todos ellos juraron con determinación tras la misa oficiada por el cardenal arzobispo de Toledo, don Luis de Borbón. Así nacía la primera Constitución Española.


(Portada de una edición de la Constitución de Cádiz de 1812, Biblioteca Nacional. Madrid. Si os fijáis en el detalle, aparecen en la parte inferior unas cadenas que representan al despotismo)

Una vez terminada la misa, los participantes de aquel hecho histórico trascendental en nuestra historia, se trasladaron al Salón de Cortes  situado en el Teatro Cómico de la Isla de León. Allí el presidente del Consejo de Regencia pronunciaría un discurso y posteriormente quedaron formalmente inauguradas las Cortes Generales extraordinarias, que quedarían grabadas para siempre en los libros de historia como las Cortes de Cádiz.

Ese mismo día se aprobó el primer decreto por el que los diputados se proclaman legítimos representantes de la nación española y depositarios de la soberanía nacional, reservándose la facultad del poder legislativo. Esto que hoy en día puede parecer normal, por entonces contituía algo auténticamente revolucionario pues las Cortes de Cádiz despojaban al monarca Fernando VII de su poder absoluto, sentando lo que serían las bases del poder constitucional.

Sin embargo este proceso no fue repentino. Ya dos años antes, en 1808, cuando entraron en España las tropas invasoras de Napoleón, hubo un auténtico colapso de las estructuras políticas del regimen absolutista de Fernando VII, incluso el rey se encontraba retenido en la misma Francia. Ante tal vacío de poder, se empezó a fraguar el germen de lo que llegaría a ser nuestra primera constitución, todo ello en un marco de revueltas populares y enfrentamientos militares ante el invasor francés.

Se
constituirían así las primeras juntas de gobierno locales y provinciales independientes que a su vez se englobaban en las llamadas Juntas Supremas. Posteriormente se crearía la Junta Suprema Central que estaba integrada por 36 vocales de las juntas provinciales. Tendría su sede en Aranjuez y sería presidida por el conde de Floridablanca. Posteriormente ante el avance de las tropas napoleónicas, la Junta Suprema Central tuvo que trasladarse hasta Sevilla. Fue el órgano que acumuló los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica de España. Se constituyó el 25 de septiembre de 1808 tras la victoria en la batalla de Bailén y después de que el Consejo de Castilla declarase nulas las abdicaciones de Bayona. Estuvo vigente hasta el 30 de enero de 1810.


(La Constitución de Cádiz fue uno de los textos políticos más liberales de su época. La pintura, representa la lectura pública del texto en la Plaza de San Felipe Neri, ante el pueblo soberano y las autoridades. Actualmente, esta obra se halla en el Museo de las Cortes de Cádiz. Merece la pena pinchar sobre ella para verla en detalle)

Efectivamente, ante el vacío del tradicional poder monárquico, se constituyeron células de autogobierno que poco a poco fueron a desembocar en el gran proyecto de una Constitución para todos los españoles donde el poder residía en el pueblo y que a su vez constituía un arma contra el poder usurpador de los franceses.

Algunos pensaron que ésta era una solución de transición para los tiempos revueltos que se vivían y que seguiría vigente hasta la vuelta de Fernando VII. Pero otros consideraron que, independientemente de lo que ocurriera, podría ser una alternativa al modo de gobierno conocido hasta entonces, una alternativa válida frente al absolutismo borbónico y soñaban con aprovechar la guerra contra Napoleón para hacer en España una revolución política como la que hubo en la Francia de 1789. 

Sin embargo, las Cortes como institución no eran una novedad. Ya en la edad media, existían en cada uno de los reinos de España asambleas en las que se representaban los tres estamentos sociales: el clero, la nobleza y las ciudades. Estas Cortes aprobaban leyes y en ocasiones se enfrentaban al poder del mismo Rey. Sin embargo, desde el siglo XVI entraron en declive como consecuencia del afianzamiento del poder absoluto de los reyes, de tal manera que en el XVIII habían desaparecido o tenían una función muy diluida y se convocaban en raras ocasiones.

Sin embargo ahora su recuerdo se reivindicaba con fuerza, aunque en realidad más que querer resucitar esta institución medieval, se quería crear un nuevo órgano de gobierno con más atribuciones que aquellas Cortes primigenias, creando una asamblea nacional que asumiera toda la soberanía como aquella que surgió en la Francia revolucionaria de 1789.


(Juramento de las Cortes de Cádiz en la Iglesia Mayor Parroquial de San Fernando el 24 de septiembre de 1810. Expuesto como tal en el Congreso de los Diputados de Madrid)

En abril de 1809 un miembro de la Junta Central, Calvo de Rozas, elaboró una propuesta de convocatoria de las Cortes y elaboración constitucional, con el objetivo de establecer una "Constitución bien ordenada". Durante las siguientes semanas, la propuesta se convirtió en un Real Decreto. Este Real Decreto, con fecha de 22 de mayo de 1809, proponía oficialmente la celebración de una asamblea constituyente para el año 1810, además de la creación de una Comisión de Cortes, presidida por Jovellanos, que prepararía las reformas necesarias para poder llevar a término las Cortes.


Los defensores del absolutismo, los conservadores, recelaban de esta idea ya que se convocaban las Cortes en ausencia del monarca, algo que no tenía precendentes. Mientras que los liberales esperaban que ésta fuera la oportunidad para introducir todas las reformas que el país necesitaba.

La Junta Central decide también que las Cortes tengan una composición estamental y sean bicamerales, enviando la convocatoria a las ciudades con voto a Cortes. Por dificultades administrativas no se envía la convocatoria a los otros dos estamentos, Clero y Nobleza.


(«La Verdad, la Historia y el Tiempo» (también conocido como «Alegoría de la adopción de la Constitución de 1812». Alegoría de la Constitución de 1812, Francisco de Goya, Museo de Estocolmo)

Sin embargo el panorama bélico era desfavorable para España. La invasión de Andalucía por parte de los franceses motivó que la Junta Central abandonara Sevilla y se trasladara a la isla de León en Cádiz, que se convertiría así en el baluarte de la resistencia española y en la cuna de la primera Constitución de España.

(Continuará)
 
Curiosidades :

» La Constitución española de 1812, también denominada La Pepa, fue promulgada por las Cortes Generales de España el 19 de marzo de 1812 en Cádiz. La importancia histórica de la misma es grande, al tratarse de la primera Constitución promulgada en España, además de ser una de las más liberales de su tiempo. Respecto al origen de su sobrenombre, la Pepa, fue promulgada el día de San José, de donde vendría el sobrenombre de Pepa.


 » La Constitución de 1812 se publicó hasta tres veces en España (1812, 1820 y 1836), se convirtió en el hito democrático en la primera mitad el siglo XIX, e influyó en la gestación de varias constituciones europeas posteriores. También tuvo gran impacto en los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los Estados americanos durante y tras su independencia.

 » La mayor parte de las investigaciones dedicadas a estudiar la constitución española de 1812 omiten o minusvaloran la influencia que la revolución liberal y burguesa española tuvo al transformar el imperio colonial español en provincias de un nuevo Estado, y convertir en nuevos ciudadanos a los antiguos súbditos del absolutismo, y que incluía en su definición de ciudadanos españoles no solo a los europeos o sus descendientes americanos, sino también a las castas y a los indígenas de los territorios de América, algo de gran trascendencia para las nacientes legislaciones americanas.(1)

 » Sometida a asedio durante más de dos años por los franceses, la ciudad de Cádiz se defendió con dos mil soldados españoles, reforzados posteriormente por otros diez mil, así como por tropas británicas y portuguesas. Los gaditanos se preocuparon de instalar a los ingleses fuera de las murallas para que no se repitiera con ellos con que sucedió en Gibraltar un siglo antes. También se crearon milicias de voluntarios locales que participaban en la defensa de la ciudad, son los llamados "Voluntarios Distinguidos", provistos de un llamativo uniforme y que todavía hoy desfilan por las calles de Cádiz en algunos actos conmemorativos.

(1) Paniagua Corazao, Valentín "Los orígenes del gobierno representativo en el Perú: las elecciones (1809-1826)"
 
Fuentes :

 
» Artola, Miguel: «Orígenes de la España contemporánea», Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 2000; Las Cortes de Cádiz, Ayer, 1, 1991.
» Chust, Manuel: «La cuestión de la nación americana en las Cortes de Cádiz», Valencia, UNED-UNAM, 1998.
» Rodríguez, J. E.: «La independencia de la América española», México, FCE, 1996.» Pérez Garzón, Juan Sisinio: «Las Cortes de Cádiz», Síntesis, Madrid, 2007.

jueves, 28 de julio de 2011

La Leyenda Negra : De la Autarquía al Europeismo

La República y la guerra civil de 1936 plantearon en toda su crudeza “el problema de España”, el debate entre los españoles respecto a la ideología que debía presidir su actuación en tanto en cuanto españoles. La derrota de la “España roja” forzó al exilio a multitud de intelectuales, muchos de ellos herederos del regeneracionismo español de la segunda mitad del siglo XIX.

(El 18 de julio de 1936 estalla la rebelión militar contra la República que marcó el inicio de una sangrienta guerra civil que dejó tras de sí un doloroso estado de represión y tristeza. El final de la guerra civil supuso la consolidación del franquismo en el poder hasta la muerte del general en 1975 y señala el inicio de la conflagración internacional que será la Segunda Guerra Mundial)

Los perdedores de la guerra dejaron sentir su visión de España en la “poesía del éxodo y el llanto”. El dolor se refleja desde la añoranza melancólica de poetas como Rafael Alberti o Luis Cernuda a la violenta requisitoria de León Felipe, que compuso una elegía titulada "El hacha", convirtiendo el hacha en la divisa hispánica que corta cuerpos y sueños, que todo lo convierte en polvo. El conflicto de la guerra civil entre las dos Españas lo había reflejado bien Antonio Machado:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y la otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.


Los ganadores de la guerra civil se sintieron monopolizadores de las esencias patrias, condenando a los derrotados a convertirse en la representación de una presunta anti-España estigmatizada, con todos los atributos más peyorativos: judíos, masones, comunistas…


(Equipo Crónica se apartó del arte informal para cultivar una pintura figurativa dentro de la tendencia Pop art. Analizaba críticamente la situación política de España y la historia del arte. Se inspiró en obras clásicas como el Guernica de Picasso o Las meninas de Velázquez. El Equipo Crónica (Rafael Solbes y Manuel Valdés) ha representado en la pintura española de los setenta y ochenta la magistral superposición de los fantasmas históricos de nuestro pasado con el presente industrial y cibernético)

En 1948, Laín Entralgo escribió su obra: "El problema de España" donde planteaba las angustias por la situación española en plena autarquía y aislamiento internacional de nuestro país.

Esta obra fue contestada por Calvo Serer con su "España sin problema", manifiesto triunfalista, testimonio de que España nada tenía que cuestionarse respecto a su historia ni debía preocuparse por el rechazo exterior. Los historiadores pronto se sumaron al debate de la significación de España. En este sentido las dos interpretaciones clásicas son las de Américo de Castro y Sánchez Albornoz. El primero, autor de "La realidad histórica de España", planteó una visión histórica en la que cristianos, moros y judíos habían sido protagonistas fundamentales. El segundo, autor de "España, un enigma histórico", consideraba a moros y judíos como simples barnizadores de la cultura cristiana.

Los años cuarenta contemplaron el gran auge de una historiografía ciertamente nacionalista. Los historiadores se centraron obsesivamente en los siglos XVI y XVII en cuanto tenían de preservación de los “males” europeos y fidelidad a las esencias hispánicas. Se exaltó el Imperio, se volvió a la religiosidad contrarreformista, se apeló al recuerdo de los Reyes Católicos, en especial Isabel, y se ensalzó la Hispanidad como proyección universal de la patria.

En los años cincuenta el fin del aislamiento internacional, el relevo de generaciones, la aceleración de determinados cambios (entrada de España en la ONU, alteraciones universitarias de 1956) se reflejó en la actitud de los historiadores: tendencia a proyectarse hacia el antes prohibido siglo XIX, interés por las minorías marginadas y replanteamiento del enfoque de la crisis del siglo XVII cuyo análisis pone de relieve el cerrojo hispánico respecto a Europa y, en consecuencia, el desenganche europeo de la monarquía española.

Los años sesenta contemplaron el auge del desarrollismo y una tímida liberalización que sirvió de cobertura para los estudios sobre el siglo XVIII en los que se exaltaba el utilitarismo de los ilustrados españoles y la oportunidad perdida por los españoles de reencontrarse con Europa, oportunidad sobre todo frustada en 1808 con la guerra de la Independencia.

(Joan Miró i Ferrà  ha sido uno de nuestros pintores más internacionales. Su simbología simple y directa es conocida hoy en todo el mundo y fue un embajador en el arte de una nueva imagen de España)

En las últimas décadas la historiografía española se ha insertado perfectamente en las líneas de investigación que se siguen hoy en Europa, si en un principio los historiadores españoles todavía se mostraron muy reticentes a abordar algunos temas de la historia española, posteriormente la nueva hornada de estudiosos, ya con caracter propio y desligados ya de la influencia de hispanistas extranjeros, se lanzan sin complejos al estudio objetivo de la historia de España abandonando definitivamente los fantasmas de la “España que pudo ser".

¿Leyenda Negra? 

Ni leyenda, en tanto en cuanto el conjunto de opiniones negativas de España tuvieran no pocos fundamentos históricos, ni negra, dado que el tono nunca fue constante ni uniforme. Abundan los grises, pero la coloración de estas opiniones estuvo siempre determinada por los colores contrapuestos de lo que aquí hemos llamado leyenda rosa.

(Valdés Leal en el siglo XVII representó magistralmente en sus cuadros la caducidad de la vida y el fatalismo de la muerte en el contexto de la crisis de la edad barroca)

A través de estas entradas se tratado de mostrar las opiniones que el tema de España ha suscitado sin entrar de manera sistemática en la posible veracidad del contenido de las acusaciones. Creemos que no  corresponde aquí profundizar sobre la certeza de los hechos ni mucho menos dedicarnos a señalar los errores cometidos por Europa para compararlos con los nuestros y hallar a los europeos más crueles e intolerantes, como tantas veces se ha hecho. Una historia de buenos y malos no tienen ninguna credibilidad.

Pese a todo, ¿quién puede sostener la infinidad de tonterías que sobre la vida de Felipe II se han escrito? Los biógrafos contemporáneos de este rey han mostrado una imagen afectiva del monarca por ejemplo a través de la edición de la correspondencia de Felipe II con sus hijos.

La derrota de la Armada Invencible ha sido reducida a sus justos límites (regresaron los dos tercios de la flota, se ha señalado la fundamental incidencia del mal tiempo…). La revuelta de los Países Bajos también se sometió a un proceso de revisión, reduciendo el papel del duque de Alba y explicando las causas económicas de los motines de los Tercios españoles.  La Inquisición también ha sido privada de la importancia que se le concedía y se ha visto que tanto el número de procesados como el uso de la tortura se seguían de igual forma en los tribunales laicos.

(El duque de Alba ha sido considerado tradicionalmente el símbolo de la represión ejercida por la monarquía española en los Países Bajos. Su gobierno dejó una estela de males seculares, sobre todo por la creación del llamado “tribunal de Tumultos” que condenó a muerte a muchas personas)

Parece hoy, por otra parte, evidente que la Leyenda Negra no puede basarse en un fanático resentimiento hacia España por parte de los países extranjeros. ¿Qué razones podemos invocar actualmente para explicar la Leyenda Negra? Hay una primera explicación lógica derivada de la propia potencia del Imperio que generaría odios y envidias. La comparación con los EE.UU ha sido vista entre otros historiadores por Maltby:

“En más de un aspecto, la posición de los Estados Unidos en el siglo XX se asemeja a la de España en el siglo XVI. Blandiendo un poderío enorme en defensa de un ideal esencialmente conservador, se encuentra comjo blanco del odio y de los celos de amigos como de enemigos. Nadie que lea los periódicos podrá dudar que las naciones del mundo están compilando una nueva Leyenda Negra, ni de que los Estados Unidos han disfrutado de un poderío mundial; como España, se han permitido llevar la autocrítica hasta el extremo; y, a la postre, su destino puede ser el mismo”. 

Por otra parte, el hecho de que fueran españoles muchos de los que difundieron la Leyenda Negra reforzó su creencia. Un ejemplo es la obra de Antonio Pérez que se mostró especialmente crítica contra España y su soberano Felipe II.

Todo ello explica la pervivencia de la opinión negativa sobre España. ¿Qué hacer? La peor respuesta (y más frecuente a lo largo de nuestra historia) ha sido el complejo de inferioridad, ya señalado por Ambrosiode Morales, en el siglo XVI cuando se lamentaba del rechazo que sentían los españoles por sus propias cosas como si fueran las más viles y apocadas del universo y que les hacía desear trajes, comidas y costumbres extranjeras. 

Lamentablemente este complejo de inferioridad continúa vigente en la actualidad, aunque, sinceramente, pensamos que cada vez menos. Pero, ¿cuántas veces hemos elegido un producto extranjero por el mero hecho de serlo pensando que es de mayor calidad?

(“¡Ya somos Europa!” se decía cuando España entró a formar parte de la Unión Europea ¿Acaso no lo hemos sido siempre? ¿Acaso Europa no se ha forjado también con la influencia de España? Realmente esta exclamación aunque se refiera a un hecho político muy concreto no hacía más que demostrarnos las dudas y temores respecto a nuestra identidad)

Pensemos que el análisis histórico nos obliga a una revisión constante de los tópicos y a cierta prudencia en las generalizaciones. Revisemos las etiquetas que pesan sobre los diversos pueblos y veremos que no podemos estar de acuerdo  si actuamos con rigor.

En definitiva, la historia no sirve para descalificar, aunque tampoco para legitimar gratuitamente. Pero sí nos sirve para aprender a evitar errores pasados. Lo que no es poco.


«««««« Fin de la serie »»»»»»


Fuentes :

García Cárcel, Ricardo; Mateo Bretos, Lourdes (1990). “La leyenda negra”. Madrid: Altamira.
Alvar, Alfredo (1997). “La leyenda negra”. Madrid: Akal.
Molina Martínez, Miguel (1991). “La leyenda negra”. Madrid: Nerea.
Pérez, Joseph (2009). “La leyenda negra”. Gadir.


miércoles, 20 de julio de 2011

La Leyenda Negra : Del Romanticismo a la disolución del Imperio Colonial

El romanticismo español en el siglo XIX planteó de forma similar a la postura adoptada por los románticos europeos el hecho excepcional de España. El folklorismo tópico y típico dio lugar a páginas de inspirada creación literaria. Los temas históricos atrajeron la atención de estos escritores desde el Duque de Rivas con sus "Romances históricos" a Zorrilla con el "Don Juan".

La “españolada”, como la denominó Francisco Ayala, arraigó con rapidez entre los literatos españoles. El siglo XVIII había promocionado las formas de vida populares (modos de vestir, de hablar, de cantar, de bailar, de divertirse) que ejercieron gran atracción sobre la sociedad entera. El “majismo” popularista se dejó ver en la literatura de la época. Los sainetes de don Ramón de la Cruz contribuyeron a este rearme casticista.

Este movimiento encontraría su momento más propicio en la Guerra de la Independencia contra los franceses. El patriotismo popular se desbordó el 2 de mayo de 1808, un patriotismo que representaba lo más rancio y cerrado de lo tradicional, opuesto a cualquier medida reformista.

(Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 5 de enero de 1744 – Puerto de Vega, Navia, 27 de noviembre de 1811) fue un escritor, jurista y político ilustrado español. Sintonizó como pocos con los problemas más relevantes y acuciantes de España, como el aislamiento y el retraso en el progreso con respecto al tren europeo. Fue a su vez un brillante pensador ilustrado que nos dejó una abundante obra que destaca por su claridad, concisión y sobriedad)

Otros españoles, que pronto serían etiquetados como afrancesados, intentaron a través del nuevo rey José I (Pepe Botella para los tradicionalistas españoles) cambiar las viejas estructuras del Antiguo Régimen e introducir los nuevos principios heredados de la Revolución Francesa. Pocos españoles intentaron abrir una tercera vía, entre la fidelidad a la monarquía española y las exigencias de reforma. Uno de ellos, el más significado, fue Jovellanos. Su respuesta al general francés Sebastián en 1809 no tiene desperdicio:

“Señor General: Yo no sigo un partido. Sigo la santa y justa causa que sostiene mi patria, que unánimemente adoptamos los que recibimos de su mano el augusto cargo de defenderla y regirla; y que todos habemos jugado seguir y sostener a costa de nuestras vidas. No lidiamos, como pretendéis, por la Inquisición ni por soñadas preocupaciones, ni por el interés de los Grandes de España; lidiamos por los preciosos derechos de nuestro Rey, nuestra Religión, nuestra Constitución y nuestra independencia. Ni creáis que el deseo de conservarlos esté distante del de destruir cuantos obstáculos puedan oponerse a este fin: por el contrario, y para usar de vuestra frase, el deseo y el propósito de regenerar la España y levantarla al grado de esplendor que ha tenido algún día, y que en adelante tendrá, es mirado por nosotros como una de nuestras principales obligaciones”.

El fin de la Inquisición

Tras la sustitución de Floridablanca en 1792 surgieron multitud de proyectos reformistas respecto a la Inquisición, como los de Tavira y Jovellanos. Especialmente importante fue Juan Antonio Llorente, sacerdote y secretario general de la Inquisición, cuya actuación fue decisiva para la consecución del decreto de 1808 por el que se suprimía el Santo Oficio. Su obra "Historia crítica de la Inquisición de España" fue el primer estudio en que se planteó el tema con cierto rigor; publicada en 1817, rápidamente se tradujo a los diversos idiomas europeos y se hicieron numerosas ediciones.

(La Constitución de 1812 fue el logro más importante de las Cortes de Cádiz. Lamentablemente toda su potencialidad transformadora del país quedó cortada drásticamente en 1814 con la restauración de Fernando VII. En la imagen el Juramento de las Cortes de Cádiz en la Iglesia Mayor parroquial de San Fernando. Expuesto como tal en el Congreso de los Diputados de Madrid. Merece la pena pinchar sobre ella para verla en detalle) 

Las Cortes de Cádiz fueron el gran foro de discusión sobre la valoración de la Inquisición. La supresión definitiva del Santo Oficio no se produjo, sin embargo, hasta 1834 y a partir de esta fecha se abrieron a los investigadores los archivos. Benjamín Warren Wiffen y Luis Usoz del Río acometieron conjuntamente entre 1837 y 1865 la publicación de una Biblioteca de reformistas antiguos españoles que suponía la disponibilidad, por primera vez para el lector, de los textos básicos de los protestantes españoles. 

Los historiadores conservadores, en conexión con el pensamiento católico más radical, sostuvieron que la Inquisición era necesaria para lograr la seguridad del Estado y para evitar las guerras de religión que habían padecido la mayoría de los países europeos. Posiblemente el intelectual más representativo de esta vertiente tradicionalista fue Marcelino Menéndez Pelayo, defensor a ultranza de la ortodoxia católica e incansable ensalzador de las glorias de España. Aunque si bien es cierto que intentó a través de su obra "Historia de los heterodoxos españoles" (1880) barrer los tópicos triunfalistas, no sólo no lo consiguió, sino que, por el contrario, radicalizó más las posturas.

(La influencia del clero siempre fue grande en la sociedad española. En las procesiones el clero lograba que las autoridades compartieran su espacio con el pueblo, con motivo de la celebración de la fiesta del patrono local o para obtener la ayuda de Dios con el fin de aplacar una una sequía, una peste o cualquier otra catástrofe. En la imagen el "Auto de fe de la Inquisición" de Francisco de Goya realizado entre 1815-19 Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)

La Ciencia Española

En el siglo XIX continuaba la reflexión sobre las causas de la decadencia española. En este contexto surge la polémica sobre la ciencia española. El debate lo abrió Gumersindo de Azcárate con una serie de artículos publicados en la Revista de España (1876) defendiendo que por culpa de la Inquisición la actividad científica española no se había podido desarrollar plenamente durante tres siglos. La discusión fue tan importante que llegó hasta la Real Academia; Núñez de Arce dedicó su discurso de ingreso en esta institución a la intolerancia religiosa como causa de la decadencia intelectual:

“Sujeto por innumerables trabas nuestro pensamiento iba lentamente apocándose bajo la sombría, suspicaz e implacable intolerancia religiosa, que se abalanza sobre aquella sociedad indefensa, envolviéndola en sus invisibles redes para poder a mansalva extinguir con el hierro y el fuego las opiniones calificadas de sospechosas, hasta en lo más recóndito del hogar y en lo más hondo de la conciencia. En nombre de un Dios de paz, los tribunales de la fe sembraron por todas partes la desolación y la muerte; atropellaban los afectos más caros; ponían la honra y la vida de los ciudadanos a merced de delaciones, muchas veces anónimas, inspiradas quizá por la ruin venganza, por la sórdida codicia o por terrores o escrúpulos supersticiosos; relajaban los vínculos sagrados de la familia imponiendo, bajo pena de excomunión a los padres, el ingrato deber de acusar a sus hijos (…)”

(En España la República triunfó por primera vez en 1873 y duró poco más de un año. Sus presidentes fueron Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. La segunda experiencia republicana se dio en 1931)

Juan Valera, en cambio, en su respuesta a Núñez de Arce atribuía la decadencia al propio orgullo español:

“La enfermedad estaba más honda. Fue una epidemia que infeccionó a la mayoría de la nación o a la parte más briosa y fuerte. Fue una fiebre de orgullo, un delirio de soberbia que la prosperidad hizo brotar en los ánimos al triunfar después de ocho siglos en la lucha contra los infieles. Nos llenamos de desdén y de fanatismo a lo judaico. De aquí nuestro divorcio y aislamiento del resto de Europa. Nos creímos el nuevo pueblo de Dios”.

La Generación del 98

A finales del siglo XIX y principios del XX desarrollan su labor una serie de escritores y pensadores, son los llamados regeneracionistas y los hombres de la generación del 98. Hay que señalar la enorme diferencia de matices entre los pensadores que componen cada grupo pese a estar catalogados bajo una misma etiqueta. 

Entre los regeneracionistas, aunque propugnaban reformas que consideraban eficaces para el país (no olvidemos que escriben influidos por el entorno decadente español y la pérdida de las últimas colonias que pone de manifiesto el fin del Imperio), se sitúan pensadores tan alejados entre sí como Macías Picavea o Joaquín Costa, este último mucho más crítico. A Picavea podemos considerarle como un claro defensor de la leyenda rosa; veamos cómo se expresa en este fragmento correspondiente a su obra "El problema nacional":

“¿Quién fue el primer político del Renacimiento? Don Fernando. ¿Quién fue su primer gobernante? Doña Isabel. ¿Quién fue el primer táctico y estratega que convirtió las tropas bárbaras de guerreros medievales en los ejércitos técnicos a la moderna? El Gran Capitán. ¿Quién fue el primer ingeniero militar? Pedro Navarro. ¿Qué ejércitos generalizaron por toda Europa de una manera sistemática las armas de fuego y la artillería? Los ejércitos españoles. ¿Quiénes iniciaron la técnica administrativa en el gobierno del Estado mucho antes que la Inglaterra del Parlamento y la Francia de Enrique IV? Los Reyes Católicos y sus ilustres consejeros. ¿Quién descubrió América? España. No se acabaría nunca esta serie de primacías históricas que plenamente nos pertenecen. (…) compárese con sus contemporáneas, la bárbara y feroz Inglaterra del monstruoso Ricardo III, del avaro Enrique VII y del brutal Enrique VIII, y la sombría y destartalada Francia de Luis XI, Carlos VIII y Luis XII, y asombrará la inmensa ventaja que el camino de las civilizaciones les llevaba”.

Algunos de los miembros de la llamada generación del 98 pese a haberse mantenido vinculados en su juventud a posturas europeistas, derivaron hacia posiciones casticistas en obras cuyos títulos son enormemente significativos. Así, Ramiro de Maeztu en su "Defensa de la Hispanidad" (1934) exalta la fe católica como esencia de España.

(La guerra de Cuba se inicia tras la insurrección de José Martí a la cabeza del Partido Revolucionario Cubano en 1895. Con la ayuda interesada americana, Cuba logró su independencia frente a España en 1898. El 10 de diciembre de ese año se firmaba el Tratado de París por el que España renunciaba a la isla. Esto supuso un mazazo en la conciencia popular, se perdía el último testimonio del imperio español. En la fotografía, un batallón de soldados españoles en la Guerra de Cuba)
 
Miguel de Unamuno también se plantea el tema de España en obras tan representativas como "En torno al casticismo" (1905). Personaje especialmente contradictorio y siempre atormentado por sus conflictos religiosos y existenciales, pasó de su antiguo deseo de “europeizar a España” a la afirmación de los valores castizos: ¡Que inventen ellos!”. Sin embargo, ante la impotencia para resolver los problemas de la decadente España, Unamuno gritará con fuerza: ¡Me duele España!”.

Joaquín Costa, es la figura más representativa del regeneracionismo. Profesor de la Institución Libre de Enseñanza, fue firme partidario de llevar a cabo decididas reformas que modificarán la problemática del campo español del que era un profundo conocedor. Es famosa su condena del inmovilismo basado en el recuerdo de glorias pasadas, que se resume en su frase echar doble llave al sepulcro del Cid. Asimismo, Costa fue bastante rotundo en su valoración del carácter español:

“(…) raza atrasada, imaginativa y presuntuosa, y, por lo mismo, perezosa e improvisadora, incapaz para todo lo que signifique evolución, para todo lo que suponga discurso, reflexión, labor silenciosa y perseverante… El pueblo español, rezagado de más de tres centurias, indigente, anémico, escaso de iniciativas, perdida la brújula, sin arte para redimirse (…)”.

(Goya reflejó fielmente el desgarro ideológico producido en la España de la crisis del Antiguo Régimen, desgarramiento que sería la base de las guerras civiles que desde el carlismo a la guerra de 1936 se han producido en nuestro país con resultados muy amargos. En la imagen el "Duelo a Garrotazos" siempre se vio como la representación del duelo entre las dos españas)
 
Pío Baroja es, posiblemente, el más radical del grupo del 98. Su novela "El árbol de la ciencia" (1911) constituye una de las descripciones más realistas de la sociedad española finisecular. En esta obra la preocupación por el atraso cultural, las lacras sociales, las contradicciones entre la ciudad y el campo quedan bien patentes:

“El chulo domina desde los Pirineos hasta Cádiz (…); políticos, militares, profesores, curas, todos son chulos con un yo hipertrofiado (…). Cuando estoy fuera de España (…) quiero convencerme de que nuestro país no está muerto para la civilización; que aquí se discurre y se piensa; pero cojo un periódico español y me da asco; no habla más que de políticos y de toreros. Es una vergüenza.”

Fuentes :

García Cárcel, Ricardo; Mateo Bretos, Lourdes (1990). “La leyenda negra”. Madrid: Altamira.
Alvar, Alfredo (1997). “La leyenda negra”. Madrid: Akal.
Molina Martínez, Miguel (1991). “La leyenda negra”. Madrid: Nerea.
Pérez, Joseph (2009). “La leyenda negra”. Gadir.

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