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lunes, 16 de enero de 2012

La batalla de Roncesvalles y el Cantar de Roldán (3ª Parte)

La Chanson de Roland, es un poema épico que narra en casi trescientos cantos los hechos históricos anteriormente comentados. En esta entrada pretendemos resumir el contenido de esta importantísima obra medieval una vez que ya conocemos los hechos en los que se inspiró.

Hay que destacar en esta obra los datos exagerados que se presentan, especialmente en el número de combatientes que participaron, como ya comentamos en  entradas anteriores probablemente se trató de una escaramuza o emboscada que acabó con la retaguardia de los ejércitos de Carlomagno, probablemente se evitó  el enfrentamiento directo con un ejército muy superior, pero lógicamente, como buen cantar de gesta, estos detalles se omitieron y se presentan unos acontecimientos bien distintos, con dos poderosos ejércitos enfrentados en singular combate, uno de ellos representando el lado del bien, de los justos, de  los virtuosos y el otro el del lado del mal, repleto de pérfidos atacantes.

El cantar podría resumirse en los siguientes hechos :

Marsil, el rey de Zaragoza, busca una tregua con Carlomagno tras largos años de enfrentamientos. Jura fidelidad al emperador de los francos y le promete ser su vasallo, grandes riquezas, darle a sus hijos como esclavos y acompañarle a Francia para convertirse al cristianismo siempre y cuando Carlomagno se  retire de aquellas tierras hacia Francia junto con su ejército.

Carlomagno cree en las promesas de Marsil y decide enviar un mensajero con su respuesta al rey de Zaragoza.


Roldán, el más valiente de los caballeros y sobrino del emperador, propone a Ganelón (su padrastro) para que vaya al frente de una embajada a negociar con Marsil. Esto desencadena los odios  de Ganelón, pues tiene miedo de la misión y jura vengarse de su hijastro, tanto es así que cuando Ganelón esta yendo hacia España, los vasallos del rey Marsil y él empiezan a  planear como matar a Roldan.

(La Estatua de Roldán de la ciudad de Bremen es una estatua localizada en la Plaza del Mercado, frente al ayuntamiento de Bremen, Alemania. En el año 2004 fue nombrada, junto con el edificio del ayuntamiento, patrimonio de la humanidad por la Unesco. La primera estatua de Roldán era de madera y en mayo de 1366 fue quemada. En el año 1404 la ciudad obtuvo una nueva estatua, esta vez de piedra. Con documentos falsificados, los ciudadanos de Bremen se arrogaron el derecho de agregar el escudo imperial a la estatua)
 
Ya en Zaragoza, en la corte del rey Marsil, Ganelón le expone la oferta del rey Carlomagno y además su propia oferta de matar a Roldán. Finalmente Marsil accede a participar en el plan de Ganelón y planean juntos la traición que consistirá en que cuando Carlomagno y su ejercito estén pasando la frontera,  Ganelón dispondrá a Roldán para ser su retaguardia y así, atacarle por sorpresa con todo el ejercito del rey Marsil.

Llegado por fin a un acuerdo, los ejércitos de Carlomagno se preparan para retirarse de los dominios de Marsil, grandes columnas de guerreros se adentran en la ruta que atraviesa los Pirineos hasta Francia. Cuando gran parte del ejército del emperador ya ha pasado los puertos a través las altas montañas, la retaguardia  con Roldán al frente se ve sorprendida por un ataque por sorpresa de sus presuntos aliados.


Oliveros, la mano derecha de Roldán, oye el estruendo, sube a una  colina y ve aproximarse al enemigo. Comprende la traición de Ganelón y pide a Roldán que haga sonar su olifante, o cuerno de guerra, para que lo oiga Carlomagno y acuda a socorrerlos. Pero Roldán se niega porque considera una cobardía pedir socorro.

(Al sufrir el asalto, Roldán se niega en principio a avisar a Carlomagno que ya ha pasado los Pirineos, pero finalmente accede cuando ve que todo está perdido)

 "Suena su olifante con gran dolor; por la boca le brota sangre clara y se le están rompiendo las sienes del cerebro"

La encerrona provoca un durísimo enfrentamiento entre Roldán y sus hombres y el ejército árabe muy superior en número y estrategicamente dispuesto, lo que  hace que aunque los cristianos resistan con gran valor al final se encuentren con un panorama mortalmente desfavorable.

Roldán y su amigo y brazo derecho Oliveros, resisten enconadamente el empuje de los enemigos junto con los doce Pares de Francia y el arzobismo Turpín  (héroe monje y guerrero), siembran el campo de enemigos muertos, pero su número no deja de crecer y finalmente se ven desbordados, mueren los doce pares de  Francia, Oliveros, el arzobispo Turpin y el resto del ejército. Viendo ya de cerca la hora de la muerte Roldán  decide tocar el olifante  para avisar al resto del ejército de Carlomagno y prevenirle. Intenta también romper su fiel espada Durandarte contra unas rocas para que no caiga en manos enemigas, pero no sólo no se parte sino que abre una enorme brecha en la roca, brecha que hoy se identifica con la llamada Brecha de Roldán en los Pirineos y  que separa Francia de España.


(Roldán intenta romper su espada Durandarte contra las rocas, pero no lo consigue. En la siguiente imagen tiende su mano hacia el cielo y San Miguel recoge su guante. En la miniatura de abajo Carlomagno recoge el cuerpo de su fiel caballero. Son imágenes del manuscrito de San Galo, finales del siglo XIII)


"- ¡Ah! - dice el conde - ¡Ven en mi ayuda, Santa María! ¡Durandarte, qué pena siento por vos, ¡Cuando yo muera no podréis estar ya bajo mi guardia.

Roldán golpea las gradas de sardónica. Rechina el acero, pero no estalla ni se mella. Cuando él ve que no puede romperlo, comienza a plañir su corazón.

Se precipita a acogerse bajo un pino, y allí se tiende postrado sobre la verde hierba. Bajo él pone su espada y olifante. Ha vuelto su rostro hacia la gente infiel; porque quiere que Carlos y los suyos digan que él, el conde esforzado, ha muerto victorioso. Con débil impulso y reiteradamente confiesa sus culpas.  Pos sus pecadas tiende hacia Dios el guante.

Siente Roldán que su tiempo es acabado. Está tendido sobre la empinada colina, vuelto el rostro hacia España. Con una mano golpea su pecho:

-¡Dios! -dice- ¡Que tu gracia borre mis culpas, mis pecados grandes y pequeños que cometí desde la hora en que nací hasta el día en que me ves aquí  quebrantado!

Y tiende hacia Dios su guante derecho. Los ángeles del cielo descienden hasta él.Yace el conde Roldán bajo un pino. Hacia España tiene vuelto el rostro. Y  comienza a recordar muchas cosas: las tierras que ha conquistado, la poderosa, la dulce Francia; los hombres de su estirpe; Carlomagno, su señor, que le ha  alimentado. Por todo lloras y suspira, sin poder refrenarse. Pero no quiere olvidarse a sí mismo; confiesa sus culpas y pide a Dios perdón:

-¡Padre verdadero, que jamás has mentido: Tú, que resucitaste a Lázaro de entre los muertos; Tú, que salvaste a Daniel de los leones, salva mi alma de todos  los peligros, por los pecados que cometí durante mi vida!

 
Ha ofrecido a Dios su guante derecho. San Gabriel lo ha tomado de la mano. Sobre su brazo ha inclinado la cabeza, y avanza, juntas las manos, hacia su fin.  Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro. Con ellos se acerca San Gabriel. Entre todos conducen el alma del conde al paraíso." (1)

(Carlomagno encuentra el cadáver de Roldán tras la emboscada a su retaguardia. Miniatura de las Grandes Crónicas de Francia, ilustradas por Jean Fouquet, Tours, hacia 1455-1460)

Carlos, que ha escuchado el olifante de Roldán, regresa con el grueso de sus tropas y los árabes escapan aterrados, muchos huyen hacia el río donde se ahogan  por el peso de su armadura. El emperador encuentra el campo de batalla repleto de cadáveres y a su sobrino Roldán muerto y decide continuar su avance para  vengarse del enemigo en fuga, dejando un cuerpo de ejército para velar los restos de sus héroes fallecidos. 


Llega hasta Zaragoza donde decide acabar con el  traidor Marsil, al que le falta una mano, cortada por la espada de Roldán durante el combate. La población árabe de Zaragoza comienza a renegar de sus dioses  que no les han protegido en la batalla y maldice a Marsil. La reina Bramimonda, esposa de éste, llora desconsoladamente.


 
(La muerte de Roland y la huída de los enemigos por el contraataque de Carlomagno, pertenece esta imagen al códice miniado "Miroir Historial" de Vincent de Beauvais, Siglo XIII)

No termina aquí la aventura, pues entra en escena el Emir Baligán de Babilonia, que viene acompañado de un gran ejército desde Arabia para apoyar a Marsil. El emperador, aunque parece estar de nuevo en desventaja, cuenta con un arma muy poderosa, la llamada "espada Gozosa" rematada con la punta de la lanza que  hirió a Cristo. 

Se prepara una nueva y dura batalla contra los infieles. La lucha fue tremenda e incluso tiene lugar un combate singular entre el emir y el emperador, y éste, animado por la aparición de San Gabriel, mata a Baligán por lo que finalmente es de nuevo el sabio emperador el que se alza con la  victoria contra el mal. Marsil y el Emir mueren y sus espíritus llegan a tierras de demonios, Zaragoza es conquistada y Bramimonda, la esposa de  Marsil, es tomada prisionera y llevada a Francia donde se convertirá y entrará al servicio de Dios.

La parte final del cantar habla de la hueste francesa que llega finalmente a Francia. En Burdeos depositan el olifante en el altar de San Severino, y en San  Román de Blaya los cadáveres de Roldán, de Oliveros y del arzobispo Turpín. Llegan a Aix (Aquisgrán) donde tiene lugar el juicio al traidor Ganelón, por  cuyos planes siniestros ha sido aniquilada la retaguardia del ejército con sus más valientes caballeros y Roldán a la cabeza.

Doña Alda, la prometida de Roldán, se entera de la noticia de la muerte de su amado :

"-Estas son para mí palabras extrañas. No quiera Dios ni sus santos ni sus ángeles que yo siga viviendo después de Roldán.

Pierde el color y cae a los pies de Carlomagno: al instante ha muerto. ¡Dios tenga piedad de su alma! Los barones franceses la lloran y la lamentan."


 (Muerte de Doña Alda, del manuscrito de Berlín, mediados del Siglo XIV)

En el final del cantar encontraremos a dos bandos: de un lado los que defienden a Ganelón y afirman que su acción fue correcta pues la venganza iba contra Roldán y que él no  ha cometido traición alguna, sino que se había vengado de las injurias de su hijastro. De otro quienes piensan que al ser Roldán vasallo de Carlos la afrenta  iba contra el Emperador. Finalmente se decide que aquello debe ser un juicio de Dios y se enfrentan dos paladines defendiendo cada uno su bando. Vencerá  finalmente el bando que acusa al traidor y Ganelón es ajusticiado y descuartizado por cuatro caballos.

 (Ganelón es ajusticiado. Miniatura de la Crónicas de Francia, British Museum, mediados del Siglo XIV)

El Cantar de Roldán tuvo una clara función propagandística, exaltación de la lealtad, del valor, de la creencia en Dios y de la fidelidad al Rey, en una época turbia en que la Reconquista estaba presente en muchos frentes de Europa. El efecto de esta obra fue enorme. En 1118, muchos caballeros franceses acudieron para ayudar en la conquista de Zaragoza y arrebatársela a los musulmanes. Los ejércitos de Guillermo el Conquistador atravesaron el Canal de la Mancha y desembarcaron en Inglaterra tarareando canciones que hablaban de un héroe muerto en España. El duque Guillermo IX de Aquitania y el conde Gastón de Bearn, combatieron en la batalla de Cutanda en Teruel en el año 1120, al frente de 600 caballeros franceses, apoyando a Alfonso I de Aragón, quizás como venganza a la traición de los árabes.

Todos ellos tenían en su mente a Roldán y a los caidos en Roncesvalles, vengarles y emularles estaba sin duda dentro de sus pensamientos.

Fin.

 
(1) Anónimo, El cantar de Roldán, versión de Benjamín Jarnés, Madrid, Alianza, 2003, p. 164, clxxv.

jueves, 5 de enero de 2012

La batalla de Roncesvalles y el Cantar de Roldán (2ª Parte)

Según los cronistas, que nos han legado esta historia envuelta en un halo de leyenda, los ejércitos de Carlomagno atravesaban los Pirineos de vuelta a su  patria, cargados de riquezas de las ciudades que habían saqueado y de los presentes que habían recibido, también llevaban rehenes por los que tenían  intención de pedir cuantiosos recates. Todo ello cargado en pesados carros, lo que les hacía la marcha lenta y penosa por las condiciones de los caminos de  la época. 

(Pamplona asediada por el ejército de Carlomagno. Miniatura de L'entrée d'Espagne, de mediados del siglo XIV. Biblioteca Marciana de Venecia. La leyenda dice que Pamplona detuvo a Carlomagno tres meses ante sus murallas; pero, como pasó en Jericó, éstas se derrumbaron cuando imploró la ayuda de Cristo y del apóstol Santiago. )

Tan grande era el número de soldados que marchaban que cuando Carlomagno ya descendía por los Pirineos adentrándose en la Aquitania, la retaguardia todavía se  disponía a atravesar los puertos de montaña. Precisamente guardando la retaguardia de la formación estaba el conde Roldán. Es entonces, aprovechando la gran  impedimenta que llevaban, cuando un grupo de guerreros emboscados atacaron la retaguardia.

Las crónicas hablan de una fecha, el 15 de agosto de año 778 :

"Habiendo decidido volverse (a Francia), entró en los bosques del Pirineo, desde cuyas cimas los vascones habían tendido una emboscada. Al atacar a la  retaguardia se extiende el tumulto por todo el ejército, y aunque los francos eran superiores a los vascones, tanto en armamento como en valor, lo  escarpado del terreno y la diferencia en el modo de combatir los hizo inferiores. En la lucha fueron muertos la mayoría de los paladines que el rey había  puesto al frente de las fuerzas. La impedimenta fue saqueada. El enemigo desapareció rápidamente gracias al conocimiento del terreno." (1)

"Al regreso, en la misma cima de los Pirineos, tuvo que experimentar la perfidia de los vascones cuando el ejército desfilaba en larga columna, como lo  exigían las angosturas del lugar. Los vascones emboscados en el vértice de la montaña, descolgándose de lo alto, empujaron al barranco a la columna que  escoltaba la impedimenta que cerraba la marcha, provocando que los hombres se precipitasen al valle situado más abajo, y trabando la lucha los mataron  hasta el último. Después de lo cual, apoderándose del botín, protegidos por la noche que caía, se dispersaron con gran rapidez. Ayudó a los vascones no  sólo la ligereza de su armamento, sino también la configuración del lugar en que la suerte se decidía. A los francos, tanto la pesadez de su armamento como  el estar en un lugar más bajo, les hizo inferiores en todo momento. Entre otros muchos perecieron el senescal Egiardo, el conde de palacio Anselmo y  Roldán, prefecto de la Marca de Bretaña. Este fracaso no pudo ser vengado, porque los enemigos se dispersaron de tal manera que ni siquiera quedó rastro  del lugar donde podían hallarse." (2)

¿En Roncesvalles?


Por tanto, la batalla de Roncesvalles fue real, un suceso histórico cierto en el que sucumbió parte del invencible ejército de Carlomagno. Sin  embargo hay dudas en cuanto a que el lugar fuera Roncesvalles, pues algunas de las crónicas más antiguas, hablan de que el enfrentamiento ocurrió :

"en las cumbres de los bosques del Pirineo", "en una montaña muy alta de escarpadas peñas, estrechos senderos y tupidos bosques"

Pero nunca se menciona un lugar llamado Roncesvalles. Sería ya posteriormente, a finales del siglo XI cuando los cantares de gesta identificaron al lugar de la batalla como un puerto del Pirineo navarro llamado Roncesvalles.

(Monumento conmemorativo en Roncesvalles)

A pesar de la controversia que este tema ha suscitado, la mayoría de los historiadores aceptan Roncesvalles como el lugar de la matanza, si bien no se sabe  a ciencia cierta cual pudo ser la ruta que siguieron las columnas de soldados, pues la orografía del terreno es bastante complicada, con muchos valles y  rios que se entrecruzan entre las altas montañas, todo ello en medio de frondosos bosques. Algunos estudiosos proponen así el puerto de Valcarlos (topónimo  que recordaría a Carlomagno) o incluso el puerto de Ibañeta, como los escenarios más probables de aquellos acontecimientos. Otros historiadores hablan de  escenarios más alejados de Roncesvalles, como el puerto navarro de Velate o el el paso de Le Perthus que se ubica en los Pirineos orientales.

Antonio Ubieto, historiador y medievalista, expondría incluso una teoría muy documentada que hablaba de la Selva de Oza que se encuentra en el Valle de  Hecho, en la parte occidental del Pirineo aragonés. Se trata de un espacio natural atravesado por las aguas del río Aragón Subordán y rodeado de picos  montañosos de entre 2.300 y 2.700 metros. Esta teoría se sustenta en las descripciones geográficas de las crónicas
que parecen describir más la zona de Hecho que de Roncesvalles. :

"Altas montañas, tenebrosos valles y estrechos desfiladeros"
 
Por otra parte se cita en el cantar de Roldán el puerto de Cize que asociamos al actual puerto de Siresa que está precisamente cerca de Hecho y por el que  trascurría una calzada romana que atravesaba hasta Francia ya por el puerto de Palo.

Así la Nota Emilienense (glosa o anotación al margen que se encuentra en el Códice emilianense 39) tiene la referencia más antigua conservada del nombre Roncesvalles, habla de que la batalla se libró en el puerto de Sicera  (asociado por fonética a la actual Siresa) y parece probable que pudiera ser así puesto que es el camino más corto para volver desde Zaragoza a Francia es  precisamente el valle de Hecho y el puerto de Siresa.

"At ubi exercitus portum de Sicera transiret, in Rozaballes a gentibus Sarrazenorum fut Rodlane occiso" (3)

(Mientras el ejército atravesaba el puerto de Sicera, en Rozaballes los sarracenos acababan con Roldán)

¿Los vascones, los sarracenos?

Otro tema polémico es el del origen de los atacantes. ¿Qué soldados tuvieron el valor de atacar la retaguardia del ejército de Carlomagno?.

Según las crónicas francas y árabes, y la Nota Emilianense, escrita en España hacia 1070, y anterior por tanto a La Chanson de Roland, fueron gentes sarracenas. El mismo Cantar de Roldán habla de los musulmanes de la Marca Superior. Sin embargo otras crónicas antiguas hablan de "vascones" que podemos asociar a los habitantes de aquella  zona que podrían haber actuado así en venganza a la destrucción y saqueo que realizó el ejército de Carlomagno en su regreso a Francia, recordemos que en  la primera parte ya hablamos del saqueo de Pamplona y la demolición de sus murallas.

(Página del Códice Emilianense. Las Glosas Emilianenses son pequeñas anotaciones manuscritas, realizadas en varias lenguas: latín, un romance hispánico (bien navarro-aragonés en su variedad riojana, bien castellano con elementos riojanos ) y euskera medieval, entre líneas o en los márgenes. La intención del monje copista era probablemente la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto latino. Una de estas notas tiene la referencia más antigua conservada del nombre Roncesvalles)

Otros estudiosos hablan de "gascones" es decir originarios de la Gascuña, pues en las crónicas carolíngias el término "wascones" se emplea para describir a  los oriundos de aquella zona. Gascuña fue una región sometida por los francos unas décadas antes. Es probable que los habitantes, resentidos por la  ocupación de Carlomagno aprovecharan aquel regreso del ejército de España para atacar por sorpresa. Esta hipótesis puede ser cierta, ya que poco después  del ataque, Carlomagno destituyó a la mayoría de las autoridades de la Aquitania, seguramente por no haber previsto la traición de los gascones.

Por otra parte, hay quien opina que los "wascones", eran habitantes de la antigua Wasca, topónimo árabe del que procede la actual Huesca.

Otras teorías hablan incluso de los habitantes cristianos de la actual Huesca y Navarra aliados con musulmanes del valle del Ebro, pues parece que en el siglo VIII ya era frecuente el parentesco entre  musulmanes y cristianos de las tierras del norte.

Sea como fuere, aquella batalla, fue más bien una emboscada que pilló desprevenida a la retaguardia del ejército carolingio. Los atacantes emplearon el factor  sorpresa y se aprovecharon de la lentitud de los visitantes debido a su impedimenta y también de lo escarpado del terreno que conocían como la palma de su  mano.

Lo más probable es que estos vascones, permanecieron ocultos esperando su oportunidad y que emplearan piedras, troncos, saetas etc... aprovechando el terreno a su favor y probablemente evitando el  enfrentamiento cuerpo a cuerpo en la medida de lo posible. Nada que ver con el épico episodio del que hablan los cantares de gesta, con miles de soldados  guerreando en singular batalla.

(El sarcófago de oro que contiene los restos de Carlomagno está decorado con las escenas más importantes de su vida, entre ellas la conquista de Pamplona. Si pinchas sobre la foto para ampliarla, podrás ver el nombre de la ciudad de Pamplona)

Lo cierto es que aquellos acontecimientos fueron la base para la inspiración de los juglares que cantaron por toda Europa tan singular  batalla y generándose así una notable literatura épica. A mediados del siglo XI estas composiciones se reunirían en un cantar que sería bien conocido en  aquella época y en épocas posteriores, tanto es así que es sabido que siglos después, cuando los normandos de Guillermo el conquistador atravesaban el  canal de la Mancha para desembarcar en Inglaterra (año 1066) el juglar Taillefer arengaba a los soldados, antes de la batalla de  Hastings, cantando y  recitando poemas sobre los héroes de Roncesvalles.

 sor un cheval que tost alout
devant le duc alout chantant
de Karlemaigne et de Rolant
et d´Oliver et des vassals
qui moururent en Rencevals.

En la siguiente entrada hablaremos del Cantar de Roldán propiamente dicho y de lo que los juglares cantaban en la época por toda Europa, haciendo de aquella una historia que perduraría a lo largo de los siglos.

Continuará...

(1) "Anales Regios", anónimos
(2) Eghinardo, biógrafo de Carlomagno en el relato "Vita Karoli Magni", realizado 50 años después.
(3) Nota hallada en el manuscrito 39 de San Millán de la Cogolla.

martes, 27 de diciembre de 2011

La batalla de Roncesvalles y el Cantar de Roldán (1ª Parte)

"En el año 778, el rey Carlos vino a Zaragoza: tenía en ese momento doce sobrinos y cada uno de ellos contaba con tres mil caballeros armados; entre ellos  se puede mencionar a: Roldán, Bertrand, Ogier el de la espada corta, Guillermo el de la nariz corta, Olivier y el obispo Turpín. Cada uno de ellos  acompañaba junto a su séquito al rey durante un mes del año" (1)

Así nos narra la entrada de Carlomagno en España una nota escrita en alfabeto visigodo hallada en un manuscrito en San Millán de la Cogolla. Peró ¿qué le  impulso al señor de Europa a entrar en España, un territorio convulso e invadido por el poderoso ejército musulmán?.

En el año 777 en Paderborn, como todos los años, Carlomagno y sus francos se reúnen para hacer balance de sus campañas guerreras, en esta ocasión se  presentaron ante ellos unos embajadores musulmanes, representantes de tres ciudades españolas, por una parte Sulayman Al-arabi, gobernador de Barcelona,  Al-Husain ibn Hubada de Zaragoza y el valí de Huesca del que no sabemos su nombre.

(Retrato de Carlomagno, por Alberto Durero. Se pintó varios siglos tras su muerte; el escudo de armas situado encima de su cabeza muestra el águila alemana y la flor de lis francesa) 

Aquellos hombres extraños de tez oscura, traían una interesante propuesta al emperador: establecer una alianza militar para hacer frente al emir de  Córdoba, pues todos ellos eran enemigos incondicionales de Abderramán I, emir del más importante reino de España que con su política centralista amenazaba su autonomía. Al-Husain, ofrecería incluso que las  huestes de Carlomagno pudieran entrar por su territorio hasta Zaragoza y desde allí, una vez pertrechados y abastecidos, organizar la lucha contra  Abderramán I. Además se le compensaría con algunos territorios de los Pirineos.

Carlomagno anunció que esta sería una buena oportunidad para liberar a los cristianos en territorio musulman del otro lado de los Pirineos, pero realmente  tenía intenciones expansionistas sobre el antiguo territorio del reino de los visigodos, el rico Al-Andalus era un manjar muy suculento que no podía  menospreciar.

"Marchó a Hispania con todas las fuerzas disponibles, y salvados los montes Pirineos, logró la sumisión de todas las fortalezas y castillos que encontró"(2)

Así pues, Carlomagno reune a un poderoso ejército compuesto por hombres de todos sus territorios y reinos sometidos. Grandes columnas de soldados cruzan  los Pirineos por sus dos extremos; por el este, cerca del Mediterraneo con el Duque Bernardo al frente. Y por el oeste, en Navarra encabezada por el propio  emperador que va acompañado por sus grandes del reino, entre ellos el Conde Roldán. Ambos ejércitos se reunieron finalmente en Pamplona, donde se les unen  también las fuerzas del valí de Barcelona, Sulayman.

Desde allí, parten todos juntos hacia Zaragoza. Aquel enorme ejército, acampó a las puertas de la  ciudad, fuera de sus murallas, esperando que se abrieran las puertas como ya se había acordado con Al-Husain.

(Abd Ar-Rahman ibn Mu'awiya ibn Hisham ibn Abd al-Malik, conocido como Abderramán I (Damasco, 731 - Córdoba, 788) fue un príncipe de la dinastía omeya que tras diversos azares se convirtió en el primer emir independiente de Córdoba en el 756. Tuvo que hacer frente a las conspiraciones de algunos gobernadores árabes que pidieron ayuda a Carlomagno para librarse del centralismo impuesto por el emir. Esta es una estatua de Abderramán I en la localidad granadina de Almuñécar)

Pero Al-Husain tuvo temor de dejar entrar en su rica ciudad a aquella horda de soldados hambrientos de riquezas o bien cambió de planes en el último  momento, lo cierto es que protegido por el Ebro a modo de foso y por las antiguas y fuertes murallas romanas de la ciudad no quiso continuar con lo pactado  y cerró el acceso a Zaragoza.

"Sucedió que el rey se detuvo en Zaragoza junto a su ejército al cabo de poco tiempo: recibió el consejo de los suyos de que aceptara numerosos presentes para que el ejército no muriera de hambre y pudiera regresar a la patria. Lo que fue hecho."(1)

Carlomagno, contrariado y decidido a no dar la vuelta, se aprestó al asedio. Pero los meses pasaron sin que las defensas dieran muestras de flaqueza, la  inactividad y las noticias de que los sajones se habían revelado en las fronteras del norte de su reino, hicieron que el emperador levantara el campamento  y se retirara con sus fuerzas hacia la frontera. Sin embargo, al pasar por Pamplona, los habitantes también le cerraron sus puertas por temor a la  venganza. A pesar de las riquezas que había conseguido en esta campaña, de llevar como rehén a Sulayman y de no haber sufrido desgaste en batalla alguna.

(De vuelta de su expedición a Zaragoza, Carlomagno destruye las murallas de Pamplona para que esta ciudad no pudiera rebelarse, murallas que procedían de la dominación romana desde los tiempos de Pompeyo. El método universal de defensa contra los asedios es la utilización de las fortificaciones, principalmente murallas y canales, para suplementar las protecciones orográficas del asentamiento) 
 
Carlomagno no tiene ninguna victoria que contabilizar y tiene la sensación de haber sido utilizado y de haber perdido el tiempo, por lo que arremete con  saña contra Pamplona y deja que sus soldados se desfoguen y saqueen sin piedad la ciudad, manda derribar sus murallas. Posteriormente se retira a sus  dominios al otro lado de los Pirineos a sofocar la citada revuelta de los sajones, pero arrasa todo lo que puede a su paso.

No fue esta una campaña exitosa. Sería en años posteriores cuando realmente Carlomagno consiguiera objetivos importantes, por ejemplo  la ocupación de  Gerona en el 785, la toma de Barcelona en el 801 o la fundación de un pequeño condado pirenaico en el 806 que sería el origen del futuro reino de Aragón.

(El Imperio Carolingio en toda su extensión. La Marca Hispánica era el territorio comprendido entre la frontera político-militar del Imperio carolingio con Al-Ándalus y los Pirineos, desde finales del siglo VIII hasta su independencia efectiva en diversos reinos y condados)

Sin embargo, esta campaña fue la que se recordaría en todos los cantares de gesta de la época, todos los juglares cantarían lo que aconteció en aquellos  tiempos en un lugar llamado Roncesvalles, cuando las tropas del emperador regresaban a Francia atravesando los Pirineos. Allí es donde surgiría el famoso  "Cantar de Roldán", el más importante poema de la épica medieval francesa, compuesto a finales del siglo XII y que sería el origen de un enorme ciclo épico   en toda Europa.

"El rey a continuación decidió que para preservar la seguridad de los hombres del ejército, el valeroso guerrero Roldán permanecería en la retaguardia" (1)

Continuará... 


(1) Nota hallada en el manuscrito 39 de San Millán de la Cogolla.
(2) Eghinardo, biógrafo de Carlomagno en el relato "Vita Karoli Magni", realizado 50 años después.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Los Vikingos atacan España (2ª Parte)


La tercera incursión:

Un siglo tuvo que transcurrir para que las velas vikingas aparecieran de nuevo por el horizonte en las costas de la Península. Como en los comienzos de estos saqueos, devastaron la parte de Galicia, matando a mucha gente y llevándose como prisioneros a un buen número de habitantes.

Estas incursiones serán recordadas a lo largo de los siglos, así  el padre EnriqueFlórez en su obra “España Sagrada” recoge un antiguo documento de tiempos del obispo Hermenegildo de Lugo (951-958) en el que puede leerse :

"Los lucenses, tanto de estado eclesiástico como los laicos y Hermenegildo Obispo, se prometen mutua y solemnemente que juntamente con los habitantes de Lugo defenderán la ciudad contra los Normandos”.

Igualmente,  debido a estos ataques, se mejoraron las defensas costeras, se construyeron muros, torres y fortalezas, como por ejemplo en Santiago de Compostela para defender la ciudad y la iglesia del apóstol y evitar nuevos saqueos.

 (Mapa que muestra algunas de las rutas que siguieron los vikingos durante sus incursiones. Pincha sobre él para ampliar)

Comentan también las crónicas que cuando el duque Ricardo de Normandía terminó su lucha en Francia contra el conde de Chartres y el rey Lotario de Francia en el 963, se encontró con que los mercenarios daneses que le habían ayudado en la pugna, ahora resultaban problemáticos, así que ni corto ni perezoso les proporcionó guías para enviarlos lejos de allí, hacia España.

De esta manera llegaron nuevas avalanchas vikingas a Galicia que sembraron el caos y la destrucción en todo el territorio, incluso los campesinos se organizaron para hacer frente a los piratas del norte, pero no fue suficiente para paliar la furia de los hijos de Odín y fueron derrotados en cruenta batalla.

El obispo Rosendo tuvo que hacer frente a la invasión de los normandos así, reunió y armó a sus tropas y dejó que los invasores se regocijaran en su triunfo y se confiaran. Cuando vio que, cargados con el fruto de sus saqueos, intentaban embarcar hacia sus tierras, lanzó contra ellos a sus hombres comandados por el conde don Gonzalo Sánchez. Los vikingos, se encontraron con la sorpresa de un ejército que se abalanzaba sobre ellos, este factor hizo que sufrieran una gran derrota y que fueran pasados a cuchillo buena parte de ellos cuando intentaban escapar por la ría de Arousa. Un texto de la época nos relata :

“volvió (San Rosendo) de sus expediciones a Santiago coronado de triunfos y aplaudido de todos”.
 
La cuarta incursión:

En el año 968 entran en Galicia los vikingos de Gunderedo (Gudrød o Gunrod) caudillo vikingo noruego considerado como el rey del mar lanzando, desde sus bases en el Loira, incursiones hacia las costas cantábricas con más de cien naves armadas en el año 968.

(Ramiro III. Rey de León (966 - 985) nombró lugarteniente suyo a San Rosendo que derrotó a los vikingos que desembarcaron en Galicia en 968)

En esta época, los vikingos hicieron grandes desmanes debido a la inestabilidad política reinante en la zona, pues el rey Ramiro III tan sólo contaba con 5 años de edad tras la muerte de su padre Sancho el Craso y había luchas internas por el poder. El Obispo Sisnando aprovechándose de esta situación se presenta el día de Navidad en la basílica de Santiago “armado y vestido con coraza” obligando al obispo Rosendo a exiliarse al monasterio de Celanova y tomando por la fuerza el obispado.

No pudo disfrutar mucho tiempo de su nuevo puesto, pues en marzo de 968, Gunderedo llega a las puertas de Compostela con su enorme flota que trasportaba un temible ejército normando. El nuevo obispo Sisnando se aprestó para hacerles frente con su ejército y se enzarzó en un violento combate en un lugar llamado Fornelos el 29 de marzo del año 968, en las cercanías del río Louro.

Él mismo, se puso al frente de sus tropas de caballería, pero su temeridad lo llevó al medio del campo de batalla sin mayor defensa que su valor y murió de un flechazo en la cabeza, sus hombres emprendieron la fuga y finalmente fueron derrotados, dejando libre el camino a los vikingos que se desparramaron por las tierras de Galicia robando, asesinando y destruyendo el país hasta los montes de Cebrero (frontera natural entre Galicia y León) finalmente lograrían entrar en Compostela saqueándola sin piedad. Monasterios como el de San Xoán de Coba, en la ribera de Ulla, y el de Santa Eulalia de Curtis, entre otros, fueron arrasados.

 (Estatua en recuerdo de las incursiones vikingas, Catoira, Galicia)

No terminaron aquí los enfrentamientos. El conde de Galicia Gonzalo Sánchez organizó un nuevo ejército compuesto sobre todo por por las gentes cuyas tierras habían sido arrasadas, cuyas casas habían sido incendiadas y cuyas familias habían sido asesinadas,  con la esperanza de terminar con el caos en la región.

La batalla tuvo lugar en el año 970. El conde Gonzalo Sánchez lanzó su ataque con un poderoso y motivado ejército que finalmente venció a los nórdicos en cruenta batalla. El propio Gunderedo murió en el combate o fue ejecutado posteriormente y los supervivientes de su flota fueron pasados todos a cuchillo. El botín fue recuperado y las naves vikingas fueron quemadas. Una respuesta tan sangrienta se debió a que en el siglo IX se llegó a decir que, vistos los precedentes de expediciones previas, el vikingo era peor enemigo que el moro.

Fueron estos, tiempos muy duros para el reino de León, pues los vikingos habían permanecido en tierras gallegas prácticamente tres años, dejando un panorama desolador, se habían saqueado numerosas aldeas, ciudades como Tuy, Braga y Orense habían sido destruidas de tal manera, que ni siquiera sus obispos tenían ya allí residencia pues habían sido reducidas a cenizas.
 
El final de la pesadilla:

Tras estas incursiones principales en España, las crónicas relatan aún alguna correría esporádica de algunas bandas de piratas vikingos y aún se producirían acciones de alguna repercusión como el asalto a Tuy de 1014 ó 1015 por parte de una escuadra vikinga que remontó el río Miño, probablemente comandada por Olaf Haraldsson futuro rey de Noruega y posteriormente llamado “El Santo”. Estos vikingos fueron expulsados por Alfonso V, tal como él mismo comenta en una carta fechada en el 1024.

 (Olaf II navegando entre trolls. Pintura sobre piedra en la Iglesia de Dingtuna, Suecia)

En 1028 hubo otra incursión, esta vez protagonizada por Ulf, apodado “el Gallego” ya que los nórdicos solían dar el nombre de la región conquistada o saqueada a quien había dirigido la operación.  Al parecer este Ulf, a parte de conseguir sustanciosos botines, se convirtió en mercenario de un noble gallego llamado Rodrigo Romariz en alguna de las turbulentas disputas políticas de la época,  contra Bermudo III.

El obispo de Compostela, Cresconio, tuvo que levantar el castillo de Oeste, ubicado estratégicamente en la ría de Arosa, junto a Catoira, para cerrar el paso a las naves vikingas que deseaban atacar Santiago remontando el Ulla. Finalmente logró reunir un ejército y, asumiendo el liderazgo de la nobleza gallega, derrotó a los vikingos hasta su expulsión en el 1038.

(Torres Catoira defendían la entrada del río Ulla. La estructura del castillo, consistía en un recinto amurallado de forma elíptica con siete torres que, ubicadas a ambos lados, cerraban la entrada del río Ulla en dirección a Padrón, tendiendo una gruesa cadena que impedía el paso a las expediciones invasoras a Compostela. Había además una gran torre que sobresalía entre las otras, y que fue costeada, según la tradición, por la ciudad de Lugo, recibiendo así el nombre de torre de Lugo)

Después de aquello, los nórdicos sólo regresan en esporádicas ocasiones y generalmente como mercenarios de nobles gallegos en los diversos conflictos del reino, como fue el levantamiento contra doña Urraca. Pero ya no son noruegos ni daneses sino sus descendientes de las islas Británicas y Orcadas.

Del mismo modo que llegaron, los piratas venidos del norte, desaparecieron por siempre para no regresar jamás, pero sin duda el recuerdo de su presencia quedaría perpetuado en las páginas de nuestra historia.

Fin.
 
Curiosidades:

» Olaf  “El Santo” sería uno de los vikingos que asoló las costas españolas. Tras su muerte, su cuerpo fue colocado en un cobertizo, y según la tradición, un ciego comenzó a ver tras ungirse los ojos con la sangre del cadáver. Los campesinos del lugar se llevaron el cuerpo y lo sepultaron junto al río Nidelven, en Nidaros (actual Trondheim). Desde entonces comenzaría el culto a Olaf, que fue llamado popularmente el santo. Su muerte fue juzgada como un martirio. Al año siguiente, su cadáver fue exhumado y trasladado al interior de una capilla que se erigió al lado de su tumba. Con el tiempo, en el lugar de la pequeña capilla se erigiría una fastuosa catedral, la Catedral de Nidaros, que sería un frecuentado centro de peregrinación. Fue venerado como un santo en todo el país y con el tiempo se convirtió en uno de los personajes más importantes del cristianismo de Noruega.

» El paso de los vikingos por España ha dejado su huella en la memoria popular, al igual que en la toponimia. Ejemplo de ello son dos localidades, una en León llamada Lordemanos y otra en Portugal, cerca de Coimbra, llamada Lordemao. En un artículo de 1998 de la revista Viking Heritage Newsletter de José Manuel Mates Luque (Vizcaya) afirma que Lordemanos es un sinónimo (cristiano o musulman, no queda claro) de la palabra Vikingo, y relaciona por tanto la etimología con la existencia de Vikingos en la zona.

Fuentes :

Reinhart, P.A. Dozy, "Los vikingos en España", Polifermo, Madrid, 1987.
Morales Romero, E "Historia de los vikingos en España", Miraguano, Madrid, 2006.

martes, 11 de octubre de 2011

Los Vikingos atacan España (1ª Parte)


La primera incursión:

El 1 de agosto del año 844 dc. cuentan las crónicas que se avistaron por primera vez las temibles naves vikingas asomando por el litoral del Cantábrico. Seguramente  formaban parte de la escuadra que venía de saquear algunas poblaciones francesas. La " Crónica Profética" nos da una fecha:

 "era DCCCLXXXII kalendas augustas"

Estos normandos (palabra que viene a significar hombres del norte) fueron bordeando la costa, como ellos solían hacer, pues no solían aventurarse en el desconocido oceano, y llegaron hasta Galicia. Al avistar el faro de la Torre de Hércules (Farum Brigantium) pensaron  que probablemente habría una importante población acompañando a aquel impresionante monumento y se decidieron a desembarcar. Sin embargo no encontraron más que pequeñas aldeas como la pequeña población de Clunia, que dejó de existir ese mismo día. Desde ese punto los vikingos saquearon toda la zona de alrededor y continuaron hasta adentrarse en la provincia de Lugo, desgraciadamente para ellos se toparon con un ejército formado por las huestes  de Ramiro I de Asturias y de algunos señores locales que se atrevieron a plantarles cara pues ya estaban avisados de esta presencia y llevaban tiempo observando los movimientos de los escandinavos. Empujaron a los vikingos hasta la ribera del Miño y les obligaron a librar combate en un lugar llamado hoy Camporramiro.

La "Cronica General de España" de Rodrigo de Toledo y Lucas de Tuy afirma :

"Y así ocurrió allí que el rey don Ramiro los venció y desbarató, y luego mandó poner fuego a la flota y les quemó LXX naves".

(Casco nórdico. Los vikingos usaban lo impredecible de sus llegadas como medio para provocar un terror psicológico a las poblaciones que atacaban. Por cierto, los vikingos nunca usaron cascos con cuernos)

Los piratas abandonaron aquellas costas, pero sus fuerzas, aunque mermadas, seguían siendo un problema a tener en cuenta. Así sus más de 53 bajeles y 58 barcos menores, llegaron el 17 de septiembre al puerto de Lisboa, ciudad que atacaron, sin éxito, durante varios días. Mientras tanto estuvieron arrasando los alrededores de la ciudad intentando hallar el modo de entrar y saquearla. Pero las murallas eran fuertes y los vikingos carecían de máquinas de asalto que no se correspondían con el tipo de guerra que ellos hacían :

"En el año 230, los madjus que habitaban en las tierras más lejanas de Al-Andalus invadieron las tierras de los musulmanes, presentandose ya en el mes de Du-l-higga del año 229 ( 20 de agosto - 17 septiembre del 844 ) ante Usbuna ( Lisboa ) quedandose allí durante trece días" (1)

Sin desanimarse por esta acción frustrada, los vikingos embarcaron de nuevo y se dirigieron hacia el sur de la Península hasta alcanzar la desembocadura del río Guadalquivir. Esta fue la puerta que se les abrió para penetrar en aquel Al-Andalus de los musulmanes. Saquearon Cádiz, Sidonia y Sanlúcar. 

(Casi todos los drakkars eran construidos sin utilizar cuadernas, superponiendo planchas de madera; para tapar las juntas de unión entre las planchas se utilizaba musgo impregnado con brea. El reducido peso del drakkar y su poco calado hacían posible que navegara por aguas de sólo un metro de profundidad, lo que posibilitaba un rápido desembarco e incluso el transportar la embarcación por tierra. Este es un detalle del Tapiz de Bayeux representando unas neves normandas) 

Llegaron así hasta la mismísima Sevilla el 25 de septiembre y esta vez sí tuvieron éxito, lograron tomar la ciudad sin apenas resistencia (aunque la alcazaba nunca llegó a rendirse) y desde allí comenzaron sus incursiones tierra adentro a lomos de los caballos que robaron. El botín conseguido fue cuantioso.

El emir, organizó rapidamente un ejército en Córdoba con el fin de expulsar a los intrusos, Abderramán II, estupefacto frente a unos guerreros que en cuestión de días habian saqueado tres ciudades de su territorio y que se desplazaban a una velocidad impensable, logró reunir un importante ejército y decidió tender una emboscada a los vikingos al sur de Sevilla, en un lugar llamado "Quintos de Muafar". Hay que tener en cuenta que por el volumen de naves utilizadas la expedición vikinga debía estar compuesta de un máximo de 1800 guerreros lo que suponía una fuerza considerable.

Al amanecer, cuando las tropas vikingas salían de Sevilla en dirección a Morón, las tropas musulmanas esperaron a la señal convenida para abalanzarse en masa hacia los invasores degollando a muchos de ellos y logrando entrar en Sevilla para liberarla de nuevo. Varios destacamentos vikingos se habían dispersado anteriormente por otras partes del territorio andaluz para seguir con sus correrías de pillaje, los que lograron escapar con vida de Sevilla decidieron regresar a sus naves y seguir remontando el Guadalquivir con la esperanza de encontrar parte de las tropas que se habían dirigido hacia Córdoba, finalmente lograron reunirse de nuevo y regresar río abajo, hostigados permanentemente desde ambas orillas por los musulmanes.

(Guerreros nórdicos disponiéndose a atacar la ciudad de Angers, en el siglo IX. Miniatura de una biografía de san Aubin del siglo XI. Biblioteca Nacional de París)

Una vez dejaron atrás Sevilla, parlamentaron con los musulmanes y aceptaron devolver todos los prisioneros que habían hecho a cambio de ropa y víveres que les permitiera continuar su viaje. También pidieron que el califa de Córdoba enviara un emisario como embajador suyo a su rey.

Sin embargo cerca de la actual Tablada, fueron finalmente alcanzados por el grueso del ejército musulmán, la batalla fue cruenta y murieron muchos hombres, se habla de más de 500 hombres y cuatro barcos. El castigo para los apresados fue ejemplar y muchos acabaron colgados de las palmeras de Tablada.

Pero no todos cayeron, los que lograron escapar del degüello lograron desquitarse asaltando la ciudad de Niebla y saqueándola antes de volver al Atlántico. Así concluyó la primera de las incursiones vikingas en la Península, pero no olvidaron a aquellos "blamenn" (hombres negros), como ellos llamaban a los sarracenos pues hablarían de todas las riquezas que habían visto, lo que daría pie a futuras expediciones.

La segunda incursión:

En el año 858, de nuevo otra armada vikinga capitaneada por Hasting y por Bjor Jernside (Costado de Hierro), atacaron las costas de Francia y posteriormente se dirigieron a la Península. En cuanto a estos personajes, sabemos algo especialmente de Costado de Hierro, hijo de Ragnar Lodbrok (Calzones Velludos) que en el 845 ya había saqueado París imponiendo el "Danegeld" ( "Impuesto danés", literalmente Oro Danés) a los francos y que llegó a ser rey de Dinamarca. 

(Ordoño I de Asturias (Oviedo, 821 — Ibíd., 27 de mayo de 866). Rey de Asturias entre los años 850 y 866. Fue hijo del rey Ramiro I de Asturias, y padre de Alfonso III el Magno. Durante su reinado tuvo que hacer frente a las incursiones vikingas)

Como no era la primera vez que los vikingos visitaban la Península, esta vez fueron directamente a Faro Brigantino con la idea principal de saquear Santiago de Compostela, cuyo renombre ya se había extendido por la Europa cristiana. Utilizaron la Ría de Arosa para penetrar con sus rapidísimas drakkar (nombre de las naves vikingas), saquearon Iria Flavia y llegaron a Santiago, pero se encontraron con una fuerte defensa por parte de sus habitantes durante dos semanas. Finalmente ante el empuje invasor, se decidió el pago del "Danegeld" para evitar el saqueo.

A pesar de todo los vikingos no se dieron por satisfechos e intentaron el asalto a la ciudad. La providencia quiso sin embargo que apareciera el conde Don Pedro de Pravia al mando del ejército que el rey Ordoño I ( hijo de Ramiro I ) había logrado reunir para repeler la invasión.Tras un duro combate los vikingos fueron derrotados y obligados a embarcar.

"En aquel tiempo los normandos vinieron de nuevo a las costas de Galicia,
donde fueron derrotados por el conde Pedro". (2)


El ataque al reino de Asturias tuvo sus consecuencias. Por una parte se comenzaron a realizar construcciones defensivas a lo largo de la costa atlántica y otras poblaciones del reino comenzaron a amurallarse. Por otra parte se trasladaría la sede episcopal de la ciudad de la vulnerable Iria Flavia a la ciudad de Santiago de Compostela lo que impulsaría aún más el crecimiento de esta ciudad.

La expedición continuó a pesar de todo, una pequeña derrota no socavó la codicia de estos intrépidos hombres del norte. Tanto fue así que bordearon la Península hacia el sur saquearon la ciudad de Algeciras; los invasores penetraron en la ciudad con la intención de capturar botín obligando a los habitantes a escapar a las colinas próximas a la ciudad. Entre los estragos que los asaltantes cometieron destaca el incendio de la mezquita llamada "Alhadra"; ante la visión del edificio principal de la ciudad ardiendo, los algecireños montaron en ira y expulsaron a los normandos de la villa. En la refriega capturaron dos de los drakkars con cuyas maderas construyeron las puertas y las vigas de una nueva mezquita.

(La Crónica Albeldense (Chronicon Albeldense) es un manuscrito anónimo redactado en latín y finalizado en el 881. En un formato de crónica histórica, relata pasajes de la historia antigua y de Hispania y supone una de las escasas fuentes conservadas de estudio del peridodo final de la monarquía hispanovisigoda, la invasión y asentamiento del poder Omeya en la península, y la génesis del Reino de Asturias. Aquí encontramos referencias del ataque de los vikingos)

Continuaron por el río Guadalquivir, como ya hizo la primera expedición, para alcanzar de nuevo Sevilla, pero esta vez la ciudad ya estaba prevenida y los emisarios habían puesto en alerta al ejército. Se dispuso una flota para repeler el ataque. Finalmente ambas escuadras se encontraron en algún punto del río Guadalquivir y allí se produjo una batalla naval que terminó con la pérdida de algunas naves vikingas y su retirada hacia la desembocadura.

No cejaron en su empeño de conseguir algún botín y se adentraron entonces en el Mediterráneo y lograron saquear algunas ciudades del norte de Africa donde parece que hicieron prisioneros que en meses posteriores llevarían, junto con el resto de productos exóticos, hasta Irlanda donde comerciarian con ellos, llamándolos "hombres azules". Posiblemente sea la primera mención de esclavos negros o tuaregs en esta lejana zona de Europa.

Continuaron su ruta y sus ataques a lo largo de la costa, así saquearon la ciudad de Uriwala (Orihuela ) y todo su territorio de alrededor. Menorca, Mallorca, Ibiza y Formentera fueron también víctimas de su saña depredadora. Saquearon un par de monasterios cercanos al río Ter y llegaron hasta la zona del Rosellón, ya en territorio franco, se harían fuertes en una isla en medio del río Ródano, en una zona llamada "La Camarga" y decidieron allí pasar el invierno y preparar las futuras correrías.

Los Annales Bertiniani o Anales de San Bertín (crónica franca) nos habla de los acontecimientos que allí ocurrieron :

"pero los daneses que estaban en el Ródano penetraron destruyendo hacia el interior hasta Valence; despues de haber saqueado toda la región, volvieron a la isla donde habían levantado sus cuarteles".

(La Península Ibérica en el siglo IX. Destaca la llamada Marca Hispánica. Carlomagno y luego su hijo Ludovico Pío crearon una serie de condados transpirinaicos para formar una frontera ("Marca") que sirviera de protección al núcleo del territorio carolingio. Estos condados tendrían desigual fortuna, algunos desparecerían absorbidos por otros de mejor fortuna, alguno llegó a ser reino, como Aragón, y otros siempre fueron condados, como el de Barcelona)

Al llegar la primavera, se hicieron de nuevo a la mar bordeando la costa italiana, saquearon Génova y la ciudad de Luna unos doscientos kilómetros al norte de Roma. Pero lo más significativo para nosotros es que para regresar a sus tierras del norte de Europa, pasaron de nuevo por las costas españolas y realizaron una intrépida excursión pues remontaron nada más y nada menos que el río Ebro, el Aragón y el Arga y llegaron hasta Pamplona (otras teorías hablan de que quizás llegaron desde el golfo de Vizcaya a través de la ría de Mundaka) pero lo cierto es que los barcos vikingos atracaron  al pie de Pamplona y asaltaron la ciudad con tal fiereza que lograron tomar como rehén al mismísimo rey García Iñiguez, por el que obtendrían una fabulosa suma de 70.000 dinares como rescate.

No terminaron aquí las incursiones vikingas en nuestro suelo, en la próxima entrada veremos nuevos ejemplos y el desenlace.

Continuará...

Curiosidades:

» Las crónicas y relatos árabes les dan el nombre genérico de "Al-Magus". Esta era la forma de llamar paganos, esto es que no tienen religión vinculada con el "Libro" (cristianismo y judaismo). El origen de la palabra hacía referencia a los seguidores del zoroastrismo que adoraban al fuego como representación de Aura-Mazda. Las fuentes medievales posteriores toman la mayoría de las veces la forma árabe en su versión aljamiada por lo que nos encontraremos en la "Estoria General" de Alfonso X o la "Historia Gothica" del obispo Jimenez de Rada referencias a los "almojuces", "almozudes" y "almonides".

» El Danegeld (o "Impuesto danés", literalmente Oro Danés) fue un impuesto aplicado para el pago de tributo a los expedicionarios vikingos para evitar el saqueo y piratería. Fue un impuesto característico en Inglaterra y la Francia merovingia durante los siglos IX y XI, siendo ambos tributarios para evitar a los atacantes.

» Un drakkar o långskip (término islandés usado para designar a los dragones) es una embarcación de casco trincado que data del período comprendido entre los años 700 y 1000. Fue utilizada por los escandinavos, sajones y vikingos en sus incursiones guerreras tanto costeras como del interior. Fueron el mayor exponente del poderío militar de los escandinavos, que los consideraban como su más valiosa posesión. En las Islas Lofoten (Noruega), algunos barcos de pesca aún siguen fabricándose siguiendo las mismas técnicas.

...........................

(1) Sihab al-Din al-Nuwairi en su obra " de los limites de la instrucción".

(2) " Cronica Albeldense"

Fuentes :

Reinhart, P.A. Dozy, "Los vikingos en España", Polifermo, Madrid, 1987.
Morales Romero, E "Historia de los vikingos en España", Miraguano, Madrid, 2006.

martes, 20 de septiembre de 2011

El nacimiento de la Inquisición en España (2ª Parte)


Los primeros autos de fe :

Un cronista refiere que luego, en las semanas que siguieron al apresamiento :

“fueron apresados algunos de los más honrados e de los más ricos regidores e jurados, e bachilleres e letrados e hombres de mucho favor”.

Descabezados sus líderes, los conversos sevillanos fueron presa del miedo y, muy pronto, de la Inquisición. La única reacción posible, descartado un motín, era la huida. La peste que asoló la ciudad en las primeras semanas del año 1481 la favoreció más aún. Sin embargo, ni la epidemia detuvo el ardor de los inquisidores.

El 6 de febrero de 1481, éstos mandaron celebrar el primer auto de fe de la nueva Inquisición real en el paraje de Tablada, al sur de la ciudad, donde fueron quemadas seis personas (hombres y mujeres).

(Tomás de Torquemada, Valladolid, 1420 - Ávila, 16 de septiembre de 1498. Fue el Inquisidor General de Castilla y Aragón en el siglo XV y confesor de la reina Isabel la Católica. Gran artífice del Edicto de Granada, que ordenó la proscripción de todos los judíos de España para el 2 de agosto de 1492. Se le ha llamado «el martillo de los herejes, la luz de España, el salvador de su país, el honor de su orden».Hernando del Pulgar, historiador de la época, al escribir acerca de Juan de Torquemada (tío del inquisidor), dijo que "sus aguelos fueron de linage de los convertidos a nuestra santa fe católica" en su libro "Claros varones de Castilla")

En el auto predicó el celoso fray Alonso de Hojeda, el mismo que había alentado la persecución y que desaparecería víctima de la peste a los pocos días, signo, según quisieron ver algunos, de la indignación divina. La peste fue ocasión para que los inquisidores establecieran el tribunal en un lugar de aires más puros: Aracena, en la actual provincia de Huelva, donde prosiguieron la persecución, pues prendieron y sentenciaron a veintitrés personas. Condenadas por judaizar, fueron quemadas en el auto de fe que tuvo lugar el 23 de julio de 1481, a la vista de muchos nobles sevillanos huidos de la peste y del numeroso gentío de la villa y sus aldeas. Pasada la epidemia, los inquisidores regresaron a Sevilla y con ellos los temores de la comunidad conversa. Los autos de fe continuarían sin descanso.

A Pedro Fernández Benadeva le llegó el turno en el tercer auto que tuvo lugar en Sevilla, el 21 de abril de 1481. No se le acusaba de rebelión o de traición. Los delitos que le llevaron a la hoguera fueron la herejía por la práctica de los ritos judaicos, el respeto de los sábados, el consumo de carne de la carnicería de los judíos y de pan cenceño (ácimo, sin levadura), y consentir que los rabinos fueran a su casa para leer y enseñar. También se le acusaba de materialismo ateo, de no creer en la resurrección y en la inmortalidad por haber proferido públicamente que no había ni hay otra vida, sino la presente de nacer y morir, ni había otro paraíso, sino pasarlo bien en este mundo. 

(Algunos judíos interpretaron que la persecución inquisitorial podría ser un castigo divino, al que seguiría la venida del Mesías, tal como establecía la tradición hebrea. En la imagen el "Auto de Fe" de Francisco Rizi 1683, Museo del Prado, Madrid. Merece la pena pinchar sobre ella para verla con detalle pues se trata de la Plaza Mayor de Madrid con la asistencia del rey Carlos II y de su esposa, María Luisa de Orleáns)

A pesar de que Benadeva negó hasta el final que no fuese fiel cristiano, sobre él cayó todo el peso de la ira justiciera inquisitorial, que incluía la excomunión, la confiscación de bienes (esclavos, casas y fincas rústicas) y la relajación, es decir, la entrega del reo a la jurisdicción civil para que ejecutara la pena capital. Su dramática muerte causó regocijo en buena parte de la población, hasta el punto de que años después de su desaparición se recitaban en Sevilla canciones alusivas a su muerte en la hoguera.

Muchos otros conversos siguieron la misma suerte. Hechos los primeros escarmientos, los inquisidores, que habían situado su cárcel en el castillo de Triana, promulgaron a finales de mayo de 1482 un edicto de gracia por el que se garantizaba el perdón a aquellos que confesaran sus culpas en un plazo de dos meses. Mientras se agotaba, la cárcel fue llenándose de judeoconversos.

Las hogueras no se apagan

Al año siguiente, 1483, continuaron los autos de fe. Fue tremendo el que se celebró el 16 de mayo, en el que se quemó a cuarenta y siete conversos entre hombres y mujeres (perecieron familias enteras), incluidos algunos clérigos. En 1484 se encendieron más hogueras. El 2 de mayo, más de un centenar de conversos reconciliados (perdonados por la Iglesia) y casi el doble de mujeres fueron sacados en procesión desde la iglesia de San Salvador hasta el monasterio de San Pablo, vestidos con sambenitos (los escapularios donde se escribían sus delitos); el domingo siguiente sucedió otro tanto.

(El sambenito es una prenda utilizada originalmente por los penitentes católicos para mostrar público arrepentimiento por sus pecados, y más adelante por la Inquisición para humillar a los condenados por delitos religiosos. En origen se trataba un saco de lana bendecido por el cura, de donde viene el nombre de saco bendito que da lugar a sambenito por asimilación fonética con San Benito. El sambenito usado por la Inquisición era una especie de gran escapulario con forma de poncho. Estaba hecho con una tela rectangular con un agujero para pasar la cabeza, que una vez puesta le llegaba al condenado hasta poco más abajo de la cintura por el frente y por la espalda, dejando los hombros al descubierto. Esta imagen es de un grabado de Goya)

Cuando los Reyes Católicos volvieron a Sevilla en octubre de 1484, la ciudad estaba hundida en la pobreza y diezmada por la peste, por la represión inquisitorial y por las confiscaciones. Para entonces ya se habían constituido tribunales en Córdoba, Jaén y Ciudad Real, reunidos todos bajo la presidencia de fray Tomás de Torquemada. Según el inquisidor del tribunal de Sevilla, Diego López de Cortegana, entre 1481 y 1524 hubo 5.000 quemados y 20.000 reconciliados en la ciudad y su distrito. Durante el mandato de Torquemada aumentaron los tribunales por toda Castilla y también las condenas a la hoguera.

Quedó en el ánimo de muchos si el camino para la conversión era la fuerza o la predicación. Pero no hubo debate, sino más de tres siglos de represión de cualquier disidencia religiosa o moral, detrás de la cual se escondió la avaricia y la envidia de muchos inquisidores que actuaron, según denunció un cronista:

“Sin autoridad de la Iglesia y con precipitación de consejo”.
 
Curiosidades :

» El sambenito solía llevar, como decoración, motivos que aludían a la condena: una cruz de San Andrés en el caso de los delitos leves, demonios y llamas en los delitos más graves que se castigaban con la muerte en la hoguera. Muchas veces llevaban escrito el nombre del condenado. El sambenito a menudo era expuesto públicamente tras la ejecución de la sentencia para que sirviera de memoria y ejemplo.

» La Inquisición vigiló la vida de cada individuo en España con gran minuciosidad. Cualquier persona mayor de 12 años (en el caso de las niñas) o de 14 (en el caso de los niños) era considerada completamente responsable por la Inquisición.

» Las autoridades eclesiásticas nunca ejecutaban a los condenados. Se procedía a la "relajación al brazo secular" es decir se entregaba al reo al poder civil para que éste llevara a cabo la ejecución. A los huidos se les ejecutaba en efigie, es decir se quemaban una figura que los representaba. También se llegó a quemar los cadáveres de los herejes ya fallecidos.

» El medio más seguro de evitar los castigos del Santo oficio era aprovechar el periodo de gracia, que era generalmente de 30 días, en que los inquisidores ofrecían a través del "edicto de gracia" una oportunidad para que los conversos confesaran sus faltas. En 1486, en Toledo,  fueron así reconciliadas nada menos que 4300 personas.

» En Sevilla, el establecimiento de la Inquisición, provocó una desbandada de conversos, los cronistas hablan de unas 3000 familias que marcharon a Portugal, Francia o el norte de África. Su ejemplo se extendió a otras ciudades españolas como Barcelona, donde en 1485 al saberse que el Santo Oficio iba a implantar un tribunal hubo un éxodo de todas las familias de conversos llevando consigo "Todas las pecunias que tenían en esta ciudad para trasportarlas a otros reinos".

» Los autos solían realizarse en un espacio público de grandes dimensiones (en la plaza mayor de la ciudad, frecuentemente), generalmente en días festivos. Los rituales relacionados con el auto empezaban ya la noche anterior (la llamada "procesión de la Cruz Verde") y duraban a veces el día entero. El último auto de fe público tuvo lugar en el año 1826 donde el maestro de Ruzafa, Cayetano Ripoll, fue condenado a ser ejecutado en la horca y quemado después, en Valencia por hereje. Pero como ya en aquellos tiempos no se consentía tan horrible espectáculo, la sentencia dispuso que no fuese quemado de forma real, sino que las llamas se pintaran en un cubo, dentro del cual estaría el cadáver, el cual sería arrojado al río.

Fuentes :

» Gil, Juan: “Los conversos y la inquisición sevillana”. Fundación El Monte, Sevilla, 2000.
» Martínez Millán, José: "La Inquisición española". Alianza, Madrid, 2007.
» Kamen, Henry. "La Inquisición española". Crítica, Barcelona, 2011.
» Nuñez Roldán, Francisco. “El nacimiento de la Inquisición”. National Geographic. 
» Sefardíes.es : http://sefardies.es
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