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domingo, 17 de octubre de 2010

6000 Años abrazados

El fuerte vínculo afectivo fue el origen de un insólito enterramiento neolítico. Se trata de dos individuos abrazados, pertenecientes a una necrópolis en San Fernando, que acaban de datar hace seis mil años.

Un enterramiento «extraordinario desde un punto de vista emocional». Así califica Eduardo Vijande Vila, director de la actividad arqueológica urgente de Campo de Hockey de San Fernando (Cádiz), el hallazgo en el interior del cementerio de un poblado neolítico. La rareza estriba en que los dos individuos que han aparecido en la fosa simple se encuentran frente a frente y con los miembros inferiores y superiores entrelazados. Éste es el motivo por el que se conoce popularmente como el de «los enamorados» y constituye uno de los pocos casos de «abrazo» conocidos, junto al de los «amantes de Valardo», descubierto en la localidad italiana de Mantua en 2007.


Las últimas investigaciones realizadas señalan que este enterramiento tiene una datación absoluta de unos seis mil años. El estudio antropológico preliminar, realizado in situ por la antropóloga Mila Macías, revela que el individuo depositado a la derecha corresponde a un adulto con una edad dental estimada entre 35-40 años, cuyo sexo está pendiente de confirmar a través del estudio antropomórfico y antropométrico, mientras que el de la izquierda corresponde a una niña de unos 12 años. «No hay duda acerca de la intencionalidad por parte de los que efectuaron el enterramiento de que hubiese contacto físico entre ambos individuos, debido a que debió existir entre ellos un fuerte vínculo afectivo», asevera Eduardo Vijande.

Las hipótesis acerca de cuál es el origen de ese vínculo son muchas. Podrían ser familia o ser efectivamente una pareja («en muchas tribus actuales con una edad similar —12, 14 años— ya se considera una mujer», aclara el director de la actividad arqueológica). El rastro de ADN podría aportar luz en este sentido. A pesar de que las analíticas son caras y complicadas con esta cronología, el hecho es que la datación que se acaba de realizar se ha efectuado sobre colágeno de uno de los individuos, precisamente de donde se extrae el ADN, por lo que «puede haber cantidad suficiente para realizar un estudio», indica este especialista.


La extracción de este enterramiento fue realizada en bloque por restauradores con el fin de evitar su separación y contribuir a su conservación. Se prevé que su exposición en el Museo Histórico Municipal de San Fernando sea una realidad durante este año, aunque están pendientes de la última fase de restauración y de las obras en la sala de prehistoria que está llevando a cabo el recinto.

Futuras investigaciones Eduardo Vijande afirma que se trata de un enterramiento excepcional desde el punto de vista emotivo, pero que lo realmente interesante desde la óptica científica es el hallazgo de la «espectacular» necrópolis. Tanto por sus dimensiones (pudo llegar a tener 300 enterramientos), como por el estado de conservación de los restos como por la diversidad de estructuras de enterramiento localizadas. En este sentido, los protagonistas de este abrazo forman parte de una estructura circular de unos dos metros de diámetro. «El espacio principal, caracterizado por una mayor monumentalidad, acoge a dos individuos. A su derecha se encuentran esta fosa junto a otras de adultos. A la izquierda 19 niños, cuyas edades oscilaban entre uno y siete años», aclara el director de la actividad arqueológica.


Despues de su datación, Eduardo Vijande señala que lo siguiente es el estudio antropológico, también la paleodieta, las enfermedades... Y las desigualdades sociales, ya presentes en el periodo neolítico. Las grandes tumbas acompañadas de ajuares coexisten con otras de estructura mucho más sencilla.
Fuente : CELIA FRAILE - ABC y gracias también a Esto es Hispania http://estoeshispania.blogspot.com

miércoles, 13 de octubre de 2010

El cuidado a los desvalidos hace medio millón de años.

Hallados en Atapuerca los restos de un antepasado de los neandertales de 45 años con una grave minusvalía que demuestran que su comunidad ya atendía a los débiles

Se trata, esta vez, del anciano más antiguo jamás encontrado en todo el registro fósil. Vivió hace medio millón de años en la sierra de Atapuerca, tenía 45 años y sus condiciones físicas estaban tan mermadas que no habría podido sobrevivir por sus propios medios. Podría ser el mejor indicio que tenemos hasta ahora de que, hace 500.000 años, mucho antes de la aparición de homo sapiens, nuestra propia especie, las sociedades humanas ya estaban lo suficientemente avanzadas como para cuidar de los individuos más mayores y menos capacitados.

Estas son algunas de las conclusiones de un estudio recién publicado en la revista PNAS por un equipo de investigadores de Atapuerca formado principalmente por científicos del Centro UCM-ISCIII de evolución y comportamiento humanos de Madrid.


Analizando una cadera cuya descripción preliminar ya se publicó en 1999 (se trata de la famosa "Elvis", la pelvis mejor conservada de todo el registro fósil) y asociándola después a un fragmento de columna vertebral del mismo individuo, Alejandro Bonmatí, primer firmante del artículo y miembro del equipo que dirige Juan Luis Arsuaga, ha llegado a la conclusión de que los restos fósiles pertenecieron a un individuo senil y parcialmente discapacitado , ya que sufría una importante y dolorosa minusvalía que le impedía caminar erguido.

Los restos fósiles de este individuo (que no forman un esqueleto completo) han sido recolectados por separado a lo largo de cinco campañas de excavación, y proceden de uno de los yacimientos más prolíficos de todos los que hay en Atapuerca, la Sima de los Huesos, una pequeña cavidad a más de 30 metros de profundidad que se abre al fondo de una cueva de varios cientos de metros de longitud.

El precario estado de este hombre, el anciano más antiguo jamás encontrado en todo el registro fósil, ha obligado a los científicos a pensar que debió de recibir ayuda continua de los demás miembros de su grupo, ya que de lo contrario no habría logrado sobrevivir.

Se trataba de un varón muy corpulento de la especie Homo Heidelbergensis, antepasado de los neandertales, que padeció importantes enfermedades degenerativas desde mucho antes de morir, con más de 45 años de edad. Dichas enfermedades debieron producirle, según los investigadores, intensos dolores en las zonas lumbar y pélvica que le obligaban a caminar encorvado y, probablemente, a utilizar un bastón para mantenerse erguido. Debido a sus condiciones físicas, este individuo no estaba en condiciones de cazar ni seguramente de llevar a cabo otras tareas útiles para su comunidad.

 (Homo Heidelbergensis)

Lo cual ha llevado a los investigadores a la conclusión de que, además de alimentación, el anciano debió también de recibir ayuda para seguir el ritmo de la marcha de su gente, un grupo de cazadores nómadas que se desplazaban junto a las manadas de herbívoros de los que se alimentaban.

Un tipo de conducta social de ayuda a los más desvalidos de la que existen muy pocos indicios para épocas tan remotas pero sobre la que en Atapuerca ya se ha encontrado más de una prueba. En efecto, hace ya dos años (en marzo de 2009) se publicó un estudio que demostraba que un niño con el cráneo deforme, de entre 5 y 10 años (que los científicos bautizaron como Benjamín) y que pertenecía a la misma especie y época del anciano, fue cuidado y mantenido con vida todo el tiempo posible por sus congéneres.

Fuente : ABC - Ciencia


domingo, 3 de octubre de 2010

Los dinosaurios surgen de la tierra

El mayor nido de huevos de saurópodos de Europa, enterrado en el Pirineo catalán, explotaba con la emersión de cientos de crías en un espectáculo similar al de las tortugas actuales.
Cuando la criatura ya estaba a punto, rompía el huevo y, a ciegas, se abría paso bajo la tierra, con sus patas recién formadas, hasta salir a la superficie. Junto a ella, si había suerte, se empeñaban por llegar a la luz una veintena de hermanos y, posiblemente muy cerca, otras camadas hacían lo mismo. Escenas como ésta se repetían con asiduidad hace 70 millones de años en Coll de Nargó, en pleno corazón del Pirineo leridano, donde se encuentra el mayor nido con huevos de dinosaurio de toda Europa. Científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) han descubierto datos inéditos del comportamiento reproductivo de estos animales saurópados, sorprendentemente similar al de las tortugas actuales. Los «pollitos» de dinosauro, ya de unos veinte centímetros, rompían sus huevos y excavaban con toda la fuerza y el empuje de la vida, igual que lo hacen ahora las fragilísimas crías de tortuga. Rápidamente, se convertían en jóvenes adultos que podían llegar a alcanzar los quince metros de cabeza a cola y seis desde los pies hasta la cadera. La investigación aparece publicada en la revista científica PLOs ONE. 


Hasta ahora, se creía que las hembras de dinosaurio saurópodo, un gigantesco animal herbívoro del Cretácico, ocultaban sus huevos entre la hierba de la marisma, pero no era así como sucedía. En realidad, los enterraban en una zona cercana a los ríos para que se incubaran con el calor, y la eclosión se producía dentro del sustrato. Por los huevos encontrados, esta práctica era muy común y se repetía en el tiempo, incluso se han encontrado restos de un comportamiento similar en lugares remotos del mundo, como Argentina. La zona catalana estaba entones cerca de la costa, y «el clima húmedo y cálido y la abundante vegetación la convertían en un lugar idóneo para anidar», explica a ABC Ángel Galobart, jefe del grupo de investigación del Mesozoico del ICP.
En el yacimiento de Coll de Nargó se han encontrado nueve puntos de anidación, con una media de entre diez y quince huevos cada uno, aunque uno de los nidos tiene 20 huevos y otro, el más grande, nada menos que 28. En total, 140 huevos de saurópodo de hasta 20 centímetros de diámetro que han sido analizados con sumo cuidado por los investigadores durante cinco años.
En busca de embriones
Extraer los huevos para su análisis no fue fácil y los científicos tuvieron que utilizar un cemento expansivo. Después, una tomografía computerizada (TAC) permitió ver su interior. «Es muy difícil saber cuánto tiempo pasaba el dinosaurio dentro del huevo, pero sí sabemos que cuando nacían se desarrollaban muy rápido», apunta Galobart. También es un misterio cuál era el éxito de los nacimientos, aunque sí se sabe por algunos huevos hallados intactos que no todos eran fértiles.
Hasta ahora, todos los huevos se han encontrado vacíos, pero los investigadores tienen la esperanza de descubrir algún día un embrión en los que aún no han sido analizados. «Sería algo extraordinario, porque hay muy pocos en el mundo», explica Galobart. Como no existe un escáner en el mundo en el que se pueda analizar un nido de 28 huevos en una sola pieza -mide dos metros por uno-, los cietíficos trabajan en el desarrollo de un macroescáner de estas medidas para analizar los fósiles.

Fuente : ABC - Ciencia

jueves, 23 de septiembre de 2010

Un fémur de 1,92

Los científicos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel han localizado, en uno de los yacimientos del municipio de Riodeva, un fémur completo de dinosaurio de 1,92 metros de longitud, el hueso de este tipo más grande hallado nunca en Europa.
Riodeva es un pequeño municipio turolense a 43 kilómetros de la capital, que, en sus 3.434 hectáreas de término municipal, aglutina nada menos que 52 áreas de excavación paleontológica con restos de dinosaurios documentados.  En Riodeva se encontraron en 2003 restos del dinosaurio más grande hallado nunca en Europa, perteneciente a una especie a la que se le puso el nombre de Turiasauros. Ejemplares de esta especie han sido encontrados, desde que fue descubierto por los científicos de Teruel, en Asturias, Portugal, Francia y el Reino Unido.


Las lluvias de este verano, ha explicado el director de la Fundación Conjunto Paleontológico Teruel-Dinópolis, Luis Alcalá, sacaron a la luz un hueso que los investigadores no tenían identificado y, por tanto, se pidió autorización al Gobierno de Aragón para llevar a cabo una excavación de urgencia.
«Largo, largo, largo»
Cuando los científicos comenzaron el trabajo se encontraron con la sorpresa, ha destacado Alcalá, de que el hueso era «largo, largo, largo; nada más y nada menos que un fémur completo de 1,92 metros, junto a una tibia derecha de 1,25, 15 vértebras caudales, 11chevrones, un cúbito casi completo, 10 dientes y un fragmento de un cráneo».
Hay dos posibilidades: que los restos pertenezcan a un dinosaurio gigante de la misma especie de que el encontrado en 2003 o que pertenezcan a un tipo de animal distinto. En el primer caso, ha indicado, los restos encontrados este año complementarían los ya localizados y estudiados y se habría reunido prácticamente un esqueleto completo de un turiasaurus riodevensis, teniendo en cuenta de que se trata de dos individuos distintos en dos yacimientos diferentes.
Pero cabe la posibilidad de que se trate de otra especie, lo que para Alcalá también sería «otro notición», porque significaría que Teruel cuenta con otra especie de dinosaurio gigante. Desde el punto de vista de la investigación paleontológica, cualquiera de las dos opciones sería muy interesante, lo que da idea de la importancia de este hallazgo, han afirmado.


De los estudios y estimaciones realizados tras el hallazgo de 2003, se desprende que el fémur de aquel ejemplar podía medir 2,15 metros, con lo que es muy posible que el hueso encontrado este verano corresponda a un ejemplar de la misma especie. Pero los científicos, ha dicho Alcalá, se han dado cuenta de que este fémur, «que es precioso», es muy robusto, «mucho más robusto de lo que cabía esperar», y por eso no pueden determinar aún con certeza si corresponde a un ejemplar de turiasaurus riodeva.
El turiasaurus, conocido como «gigante europeo», era un comedor de plantas que pesaba en torno a las cuarenta toneladas y que superaba los treinta metros de longitud, datos que lo sitúan como uno de los mayores sauropódos de todo el planeta. Alcalá estima que es «inimaginable» lo que puede haber en el subsuelo de Riodeva, ya que de los 52 yacimientos paleontológicos, correspondientes al Jurásico Superior, sólo se ha excavado, en parte, en cinco, y se han encontrado cosas «espectaculares». Además de los huesos de dinosaurio gigante, restos de placas y pinchos de estegosaurios, ornitópodos, el diente de carnívoro más grande de España y uno de los más grandes de Europa y carnívoros de pequeño tamaño. «Maravillas que abren un enorme panorama de investigación para el futuro», ha asegurado Luis Alcalá.

Noticia publicada en ABC sección de Ciencia.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El cazador jorobado de Cuenca

publicado en ABC

Se trata del dinosaurio más completo jamás hallado en la península ibérica. Su nombre es Concavenator corcovatus ("El cazador jorobado de Cuenca"), vivió hace 125 millones de años, en el Cretácico Inferior, y fue un temible depredador de más de seis metros de longitud. Sus restos aparecieron hace varios años en el yacimiento paleontológico de Las Hoyas, en Cuenca, y tras una minuciosa descripción, la nueva especie se publica esta semana en Nature. 

 "Hay muchas cosas llamativas en este dinosaurio, pero quizá la más sorprendente de todas sea esa especie de joroba puntiaguda que tiene al final de la espalda. Es un rasgo único que no comparte con ningún otro dinosaurio conocido". Las dos últimas vértebras por delante de la pelvis, en efecto, proyectan sus espinas neurales sobre el dorso del animal, confiriéndole el aspecto de una extraña joroba.
Los científicos, por el momento, ignoran la función que debió tener este peculiar órgano, que no tiene nada que ver con las "velas" espinosas que lucieron otros dinosaurios de finales del Cretácico. "No sabemos para qué le servía -admite Sanz- aunque es probable que tuviera que ver con el control de la temperatura corporal; o quizá fuera una señal, una especie de bandera que utilizaba para comunicarse en determinadas circunstancias".

En el fondo de un lago
El fósil, extraordinariamente bien conservado, apareció en el lecho (hoy seco) de lo que en el Cretácico inferior debió ser un gran lago. El animal, tras su muerte, debió precipitarse al fondo, donde quedó envuelto en el lodo que permitió a sus restos conservarse unidos durante más de cien millones de años.
Es precisamente allí, en el fondo de ese lago, donde el equipo de paleontólogos que dirige José Luis Sanz ha encontrado ya más de 125 especies vivas diferentes, entre animales y plantas. El yacimiento de Las Hoyas es famoso porque en él se describieron aves primitivas, como Iberomesornis, o dinosaurios como Pelecanimimus, el único ornitomimosaurio hallado en Europa.
"Extrajimos el dinosaurio en un gran bloque de caliza de unos tres metros cuadrados -explica Sanz-. Las labores de limpieza, que en su mayor parte se realizan con un pequeño torno, parecido al de un dentista, fueron agotadoras". Así, poco a poco, hueso a hueso y durante años, los restos del dinosaurio fueron minuciosamente separados de su mortaja de piedra. "Fue una tarea de chinos", bromea el paleontólogo.
Bultos de plumas :
Sanz y los otros dos autores del artículo, Francisco Ortega y Fernando Escaso, creen que el nuevo dinosaurio forma parte del grupo de los carcarodontosáuridos, al que pertenecen los mayores dinosaurios carnívoros (terópodos) que se conocen. La mera presencia de Concavenator en la Península ibérica indica que la historia evolutiva de este gran grupo de grandes depredadores fue más compleja e intrincada de lo que se creía hasta ahora. "De hecho -asegura Sanz- los carcarodontosáuridos estaban restringidos a un grupo de grandes terópodos que vivían en el supercontinente Gondwana (que incluía las actuales Australia, África, Suramérica y Antártida). Su presencia en Laurasia (actuales Europa y América del Norte), obligan a replantearse su distribución y diversifícación".

 

Además de su extraordinaria joroba, Concavenator corcovatus posee otro rasgo único: En muchas aves actuales, el borde posterior de uno de los huesos del antebrazo, la ulna, tiene una serie de pequeños bultos que sirve para la inserción de las plumas de mayor tamaño en las alas. Esta característica se había reconocido también en algunos dinosaurios de pequeño tamaño y muy cercanamente emparentados con las aves, como Velociraptor. Lo sorprendente es que Concavenator, cuatro veces más grande que Velociraptor, y supuestamente demasiado primitivo para tener plumas, presenta también estos pequeños bultos.
"Eso indica que este dinosaurio -explica José Luis Sanz- ya tenía estructuras en su piel que constituyen un estadio primitivo de las plumas de las aves. Lo que nos lleva a pensar que los rasgos avianos de los dinosaurios terópodos (de los que descienden todas las aves actuales) no evolucionaron en ellos con el tiempo, sino que ya formaban parte de las especies más primitivas".
Por último, el excelente estado de conservación del animal ha permitido identificar algunas impresiones de su piel, entre ellas las escamas de las patas y de la cola. "Y resulta -añade Sanz- que esas escamas son prácticamente idénticas a las que hoy tienen en sus patas muchas aves, como por ejemplo las gallinas. Resulta impactante pensar que en cualquier corral hay animales que comparten rasgos con dinosaurios que vivieron hace más de cien millones de años".

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