lunes, 20 de septiembre de 2010

Viriato, el pastor que se enfrentó a Roma.

Cuando España y Portugal todavía no existían y nuestra península era llamada Iberia por los romanos, no todos los pueblos quisieron someterse a las águilas romanas, algunos de sus habitantes decidieron resistir al imparable avance de las legiones que llegaban de lejanas tierras.
Entre los habitantes de estas tierras destacó un hombre llamado Viriato (deriva de viria, que en el idioma celtibérico significa brazalete es decir, que le apodaron como “el de las pulseras”) de oficio pastor, nacido en la provincia de Lusitania, ya en el 150 a. C. se convirtió en un líder de la lucha contra la dominación romana.
Habiendo burlado y emboscado en múltiples ocasiones a los contingentes romanos,  consiguió hacerse un nombre, de tal manera que logró la unión de algunas de las desperdigadas tribus de la península bajo su mando, por primera vez un caudillo podía hacer frente al disciplinado e invencible ejército de Roma, que ya dominaba firmemente gran parte de Europa. Sus victorias comenzaron a poner en jaque a los romanos, con un ejército de aguerridos pastores y campesinos, logró derrotar a las sucesivas oleadas que Roma enviaba contra él.

 
La victoria sobre Plaucio fue especialmente dolorosa para Roma, Viriato se encontraba en la Carpetania cuando se vió atacado por 10000 infantes y 1300 jinetes al mando del pretor, el soldado pastor nuevamente utilizó sus dotes de estratega y fingió una huída, pero la presencia de 4000 romanos que habían partido tras de él, llevó a Viriato a volver sobre sus pasos y enfrentarse a sus perseguidores a los que mató casi en su totalidad. Después cruzó el Tajo y se refugió en una montaña llamada de Venus. Plaucio lo siguió pero fue nuevamente derrotado y tuvo que abandonar la persecución, su fama se extendió, uniéndosele guerreros procedentes de todas partes. Viriato llegó hasta Segovia, para lograr un pacto con otros pueblos de la Península, algunos como los vacceos no se unieron a la alianza, pero esto no le desanimó, y prosiguió en solitario su guerra contra los romanos y entre el 146 y 145 a.c venció a los pretores de la Citerior, Claudio Unimano y Cayo Nigidio.
El senado romano no podía soportar tal concatenación de humillaciones y decidió acabar definitivamente con Viriato. El gran general romano Escipión el Africano, logró que se nombrase para la Ulterior a su hermano Fabio Máximo Emiliano, y para la Citerior, a su íntimo amigo Cayo Lelio.
Fabio Máximo llegó a Orsona (¿Osuna?) y se trasladó a Gades, pasando el primer año adiestrando a sus tropas. Evitó enfrentamientos directos con los lusos, hasta que en 144 se preparó para atacar a las tropas de Viriato, las cuales llevaban tres años campando a sus anchas por la Bética y la Meseta. Fabio logró vencerlas y las huestes de Viriato sufrieron grandes pérdidas, viéndose obligadas a refugiarse en primera instancia en Baecor (¿Baecula, Bailén?), para luego dirigirse a Córdoba a pasar el invierno.


En el 143 a.c Viriato luchaba contra el nuevo gobernador de la Ulterior, Quinto -Pompeyo, cuando por fin llega a un acuerdo con las tribus celtibéricas y junto a los arévacos, titos y belos, comienza la guerra numantina, que duraría diez años. El senado romano se alarma ante la gravedad de la situación y envía a un cónsul de la casa de Escipión, Quinto Fabio Máximo Serviliano, hermano adoptivo de Fabio Máximo Emiliano, al mando de dos legiones (unos 20000 hombres). Serviliano se dirige a Itucci y Viriato se le enfrenta con 6000 efectivos que fueron rechazados por los romanos. Serviliano recibe refuerzos provenientes de Libia (caballería y diez elefantes) y vuelve a la carga contra Viriato y en principio lo derrota, pero posteriormente Viriato se revuelve contra sus perseguidores y logra matar a 3000 romanos, ataca su campamento y provoca que Serviliano tenga que retirarse a Tucci.
Pero la falta de víveres y de efectivos lleva a Viriato a retornar a la Lusitania para proveerse, lo que es aprovechado por Serviliano para atacar a los aliados de Viriato, después a los cuneos y posteriormente dirigirse a la Lusitania. Los guerrilleros Curio y Apuleyo, al mando de 10000 hombres, atacan a las tropas de Serviliano y logran en principio apoderarse del botín de los romanos, pero Curio morirá en esta batalla y posteriormente los romanos recuperarán su botín. Serviliano someterá las ciudades de la Bética que se habían sublevado y capturará a 10000 prisioneros, de los cuales 500 serán decapitados y los restantes vendidos como esclavos. Por su parte Máximo Emiliano hará prisionero al guerrillero Connobas, a quien perdonó la vida por haberse entregado, pero sus seguidores verán amputadas sus manos, castigo brutal que también era practicado por los lusos.

 (El famoso relieve de Osuna, en Sevilla, muestra la imagen conservada más famosa del guerrero ibero)
 
La decadencia de Viriato comenzará de la siguiente manera: Mientras Serviliano sitiaba Erisana, Viriato aprovechó para atacar y arrinconar a las tropas romanas a un lugar del que no podían salir. En vez de acabar con ellos, Viriato les ofreció la libertad a cambio de un tratado de paz que lo reconociese como amigo de Roma y dueño de las tierras que ya dominaba. ¿Cómo pudo Viriato volver a confiar en los romanos que ya le habían traicionado años atrás? Puede que lo que llevó al caudillo luso a tomar esta decisión fuera el cansancio de sus tropas tras tantos combates. Los romanos, atrapados y sin otra opción, aceptaron la oferta y Roma la confirmó, aunque la consideró una afrenta.
El nuevo gobernador de la Ulterior, Servilio Cepión, hermano de Serviliano, escribió a Roma en 139 a.c y pidió que se anulara el tratado y que el senado le permitiera provocar a Viriato para obligarle a romper la paz y poder acabar definitivamente con él. En principio el senado no aceptó su petición, pero tras mucho insistir Servilio Cepión recibió autorización para declarar la guerra a Viriato, quién se retiró a Carpetania, y posteriormente se refugió en la Lusitania.
Servilio Cepión lo persiguió a través de las tierras de los vetones, aliados de los lusitanos, penetró por vez primera en el país de los galaicos y construyó una vía desde el Guadiana hacia el Norte, atravesando el Tajo. También estableció un campamento, Castra Servilia, cerca de Cáceres.
Viriato negoció la paz con el cónsul Lenas, superior de Servilio. Lenas mató a varios de los rebeldes, a otros les hizo cortar las manos y exigió la entrega de las armas, por lo que Viriato rompió las negociaciones y decidió buscar mejor suerte con Servilio, y para ello usó como mediadores a Andas, Ditaleo y Minuro. Servilio recibió a los tres negociadores y siguiendo la costumbre de sus antecesores, decidió alcanzar por la conspiración lo que no había sido capaz de conseguir por las armas. A estos tres traidores les ofreció riquezas a cambio de que asesinaran a Viriato y así, cuando regresaron a su campamento, entraron de noche en la tienda de su caudillo, mientras dormía y le dieron muerte. Más tarde se presentaron ante Servilio para cobrar el precio de su vileza, pero el romano se negó a pagarles y los remitió al senado romano, quien tanbién rechazó pagar el precio de tan infame acuerdo.  De aquí viene la legendaria frase que ha llegado hasta nuestros días "Roma no paga a los traidores"

  (La muerte de Viriato, por José Madrazo)
 
Muerto Viriato, sus fieles lo honraron con unas magníficas exequias fúnebres. Su cadáver engalanado fue quemado en una gran pira, y se hicieron un gran número de sacrificios. Los jinetes y guerreros armados desfilaron alrededor de su líder cantando alabanzas, hasta que se extinguió el fuego que consumía el cadáver. Cuenta Diodoro que sobre la sepultura lucharon doscientas parejas de guerreros, simulando los combates que en el pasado habían compartido con su jefe.
La vileza de los romanos provocó que los lusitanos se reorganizaran, y al mando de Tántalos se dirigieron contra las tropas de Cepión. La suerte no les acompañó y se vieron forzados a rendirse tras cruzar el río Betis. El sucesor de Cepión persiguió de modo tan cruel a los lusitanos que hasta sus mujeres decidieron seguir heroicamente a sus hombres en la lucha, y según Apiano, murieron sin ni siquiera emitir un grito de dolor. A tan brutal represión, hoy en día, lo llamaríamos un holocausto.
Décimo Junio Bruto pasó el Duero en el 137 a.c y se convirtió en el primer romano que pisó Galiza. Atravesó el Letheo (el Limia), conocido por los romanos como el río del olvido, ya que pensaban que todo aquel que lo cruzaba perdía irremisiblemente la memoria de quien era, el recuerdo de su familia y de todo su pasado. Sus huestes se negaron a seguirle, tan grande era el temor que los invadía, que hubo Bruto de cruzar el río junto a sus generales y llamar por su nombre a los soldados, que lo observaban aterrados desde la otra orilla, para demostrarles que no había perdido la memoria. Sólo entonces las tropas romanas se atrevieron a avanzar. Tal era el profundo terror que despertaba entre ellos la mágica Gallaecia.
Gallaecia era la última frontera occidental para los romanos. Antes de que siquiera se atrevieran a hollar su suelo, los romanos sólo conocían de ella los relatos de mil leyendas que narraban historias de como en la costa de este finisterrae se podía oír el ruido que producía el sol al sumergirse en el mar, igual que un hierro al rojo vivo cuando se introduce en el agua. También contaban como las yeguas salvajes eran fecundadas por el viento y parían caballos de enorme bravura, que galopaban libres por las abruptas tierras gallegas.
En el 136 a.c Décimo Bruto logró conquistar la Gallaecia y de ella tomó su sobrenombre con el que pasaría a la historia. El romano también fortificó Olisipo (Lisboa) y exiló a los fieles soldados de Viriato en una colonia de la costa levantina: Valencia.
Viriato es el prototipo del guerrillero, que busca cansar al enemigo y lo ataca mediante emboscadas, aprovechando su rapidez y el factor sorpresa, simulando retiradas y dispersando sus tropas con gran celeridad, mientras impide que acceda a su aprovisionamiento.
Era un líder querido por su pueblo, generoso y austero, que cobraba impuestos a los hacendados y que poseía una visión política que iba más allá de las fronteras de su tribu. Si era necesario estaba dispuesto a inmolar a los suyos y sólo la traición de aquellos en los que confiaba permitió a sus enemigos vencerle. Antes de él sólo existían tribus reducidas a los confines de sus fronteras y tras él no hubo nadie que pudiera emular su ejemplo. Por ello, los tiempos no han podido borrar la huella del gran héroe de la península ibérica capaz de vencer al imperio. Por los siglos de los siglos estará en el panteón de los grandes guerreros de la historia de la humanidad.

 (Viriato en Zamora)
 
Extraido de diversos artículos, gracias especiales a Celtiberia.net. y Pobladores.com



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues muy interesante si señor.Mil veces he oido hablar de Viriato en mi tierra y ahora conozco su historia.
Hasta otra.

Raquel dijo...

Fue un auténtico héroe, sólo pudo con él la traición de sus hombres de confianza
Me encanta tu blog :))

Valier dijo...

Que bueno eres amigo, eres una fuente de sabiduria. ¿Ves como deberíamos ser pastores? Así a lo mejor acabaríamos como heroes...
Sigue asi, apañero!

Sareo dijo...

Un tío majo, el Viriato este.

Anónimo dijo...

Pero no se dijo cuantos enemigos perdono la vida cuando estaban atrapados, eran 40.000......8 legiones por eso en cierto pueblo de Zamora su escudo tiene "8"....era doble consular...autores dicen que hubiera sido la mayor derrota romana en su historia...y mira como le pagaron...

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