miércoles, 25 de mayo de 2011

La Leyenda Negra : Los siglos posteriores y la visión Romántica de España

De nuevo, son tres los frentes que, en el siglo XVIII se desarrollan contra lo hispano: los tópicos, la obsesión por la utilidad de España y su obra, y cómo no, la Inquisición.

Las críticas contra lo hispánico, centrándose en los tópicos psicológicos o caracteriológicos, son especialmente duras desde Francia. Montesquieu, en sus "Cartas Persas" (1722), constituye el mejor exponente de estas críticas. Su carta LXXVIII es bien significativa:

“Porque bueno es saber que cuando un hombre tiene cierto mérito en España, cuando, por ejemplo, añade a las cualidades de que acabo de hablar la de ser propietario de una gran espada o la de que su padre le haya enseñado a desafinar en una guitarra, no trabaja: su honor va unido al reposo de sus miembros. El que se está sentado diez horas al día logra una mitad más de consideración que el que descansa cinco horas, porque la nobleza se adquiere en las sillas”.

Voltaire también prosiguió en este tono cuando afirmó que la guitarra, los celos, la devoción, las mujeres y el lenguaje por señas eran las ocupaciones a las que se dedicaban los españoles.

(Majas en el balcón (1810-1814) de Francisco de Goya. La imagen de la España castiza de toros, majas y pandereta se configura en el siglo XVIII aunque tiene un periodo de esplendor en el siglo XIX, sobre todo tras la invasión francesa)

Y no sólo los filósofos, también los viajeros que por aquel tiempo nos visitaron hacen uso de similares descripciones. Así, Casanova dedicó a España cinco capítulos del tomo VI de sus "Memorias" y dijo, por ejemplo:

“No conozco pueblo más lleno de prejuicios que éste. El español es enemigo de los extranjeros, lo cual proviene de una vanidad extremada y exclusivista. Las mujeres, menos reacias, vengan a los extranjeros amándolos. Su afición a ellos es bien conocida (…) Los españoles son pequeños, mal conformados y sus rasgos fisionómicos distan de ser bellos”.

España ciertamente atrajo la curiosidad europea y en la segunda mitad del siglo XVIII abundaron los viajeros que llegaron a nuestras tierras, fundamentalmente procedentes de Francia, Italia e Inglaterra.

(El aventurero veneciano Giacomo Casanova viajó por numerosos países entre ellos Francia, donde instaló la lotería pública, y España. Parece ser que fue colaborador de los inquisidores. Vista del Paseo Nuevo de Barcelona, según un grabado del siglo XIX)
 
La obsesión caracteriológica pronto dio paso a la discusión sobre la utilidad de lo hispánico. El problema lo planteó Nicolas Masson de Morvilliers cuando en los volúmenes de geografía de la nueva "Enciclopedia Metódica" hacía su famosa pregunta:

“¿Qué se debe a España? Desde hace dos, cuatro, diez siglos, ¿qué ha hecho por Europa?”

La respuesta para el francés era contundentemente negativa y las obras escritas sobre la historia de España en este siglo destacan los mismos aspectos a que estábamos acostumbrados: intolerancia religiosa, avaricia, ignorancia, ambición y crueldad, que no hicieron más que perjudicar a Europa. Por este motivo, el autor anónimo del "Psycantrope" trazando el mapa intelectual europeo, hace que el ecuador pase por París después de colocar los polos del mundo en las costas de África y en las del Báltico. Al sur del ecuador señala que se trata de una tierra que no pare sino monstruos, añadiendo que son tierras deshabitadas y países inútiles

(Hasta el setecientos el toreo a caballo o rejoneo dominó la fiesta de los toros, con carácter aristocrático. A lo largo de este siglo la fiesta se fue haciendo más popular. Los toreros más famosos del siglo XVIII, Rodríguez Castillares, Pepe-Hillo y Pedro Romero, sentaron las bases del toreo actual)

La visión romántica sobre España:

A lo largo del siglo XIX la Leyenda Negra fue perdiendo fuerza. Las viejas y mordaces críticas contra Felipe II se suavizaron y únicamente quedaron narraciones anecdóticas y morbosas. El tema del desgraciado hijo de Felipe II, don Carlos, acaparó la atención de literatos e historiadores.

El alemán Schiller, en su drama "Don Carlos", encontró en la vida del príncipe la materia prima ideal para un tema literario que adornaba con amores imposibles, pasiones inalcanzables y rivalidades extremas, tan propias de los escritores románticos. El argumento era en síntesis el siguiente: Isabel de Valois era la prometida del príncipe don Carlos, y a punto estaban de casarse cuando razones políticas hacen que Felipe II sustituya a su hijo.

(Andalucía, y particularmente Sevilla, ha sido siempre desde la perspectiva del viajero superficial o del turista amigo de lo exótico, la representación por excelencia de las supuestas esencias hispánicas. Hoy es insostenible esa presunta reducción de lo español a lo andaluz)

El obstáculo que se alza entre los amantes aviva la pasión de don Carlos. Surge entonces un enemigo en la princesa de Éboli. En torno a Isabel de Valois giran para perderla la Éboli, el duque de Alba, Antonio Pérez y Ruy Gómez da Silva. Se complica la trama con la amistad de la Reina hacia el marqués de Poza, que cae bajo el puñal de un sicario por orden del Rey. Descubierta después una carta afectuosa de la Reina a don Carlos y reveladas las relaciones que éste mantenía con los nobles flamencos, Felipe II le entrega a la Inquisición. Sin embargo, antes de sufrir el castigo, el príncipe se abre las venas, mientras Isabel se suicida envenenándose.

Las críticas a la Inquisición también fueron desapareciendo paulatinamente. Por curioso que parezca, aumentó el interés de los europeos hacia España. Pero, ¿acaso intentaban reescribir la historia con intenciones más objetivas? De ningún modo. Surgió, por el contrario, un interés por el "exotismo" de España.

(Ir por agua a la fuente era una de las actividades que permitían a la mujer salir a la calle y establecer relaciones sociales con amigas o vecinas. Ciertamente uno de los fenómenos más transcendentales de la sociedad contemporánea ha sido el cambio radical que ha supuesto la incorporación al trabajo por parte de la mujer, antes anclada exclusivamente en su ámbito doméstico. El cuadro refleja la idealización romántica de los tipos populares característica del costumbrismo decimonónico. Fuente de la ermita de Ávila, de Valeriano Domínguez Bécquer)

España, según ellos, no sólo era diferente, sino excepcional. De este modo, el romanticismo del siglo XIX en su afán por huir de la realidad se refugió en mundos más sugestivos. Hallaron en nuestro país el honor y el fervor patriótico y religioso para construir una visión idealizada y bien diferente a la real. Lord Byron vino a España para escribir "Loverly girl of Cadix", Víctor Hugo publicó sus "Orientales" y Washington Irving nos dejó los deliciosos "Cuentos de la Alambra", sin olvidar a la "Carmen" de Mérimée y de Bizet.

(Washington Irving fue un historiador norteamericano que, enamorado de Andaluzía, vivió largo tiempo en la Alambra de Granada, narrando una serie de leyendas populares como las de Boabdil, el astrólogo árabe o la Torre de los Infantes. Sus Cuentos de la Alambra (2832) tuvieron gran éxito en todo el mundo)


Continuará...

Fuentes :

García Cárcel, Ricardo; Mateo Bretos, Lourdes (1990). “La leyenda negra”. Madrid: Altamira.
Alvar, Alfredo (1997). “La leyenda negra”. Madrid: Akal.
Molina Martínez, Miguel (1991). “La leyenda negra”. Madrid: Nerea.
Pérez, Joseph (2009). “La leyenda negra”. Gadir.

24 comentarios:

Juan Antonio Torron Castro dijo...

Sigo felicitándote por tan extraordinario blog, cada vez disfruto mas de él. Felicitaciones.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Magnífica serie,la sigo con mucho interés.

Gracias.

Manuel dijo...

Después de todo en un sentido, España triunfo entre otras nacionalidades, quizás por el estilo de vida diferente al resto de Europa.

Saludos Pedro

PACO HIDALGO dijo...

Feos, mal parecidos, vagos, poco dados al trabajo, amantes de la juerga, poco de fiar; tampoco el romanticismo contribuyó a mayor consideración, y casi todas las opiniones negativas venian de Francia; seguimos siendo diferentes, Pedro. Un abrazo.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Esa forma de pensar, aunque sea de forma muy discreta, aún sigue pesando sobre nosotros. ¿Recuerda usted lo dicho por doña Ángela Merkel hace unos días? Pues eso.
Un saludo.

Lorenzo/Fotos Antiguas de Mallorca dijo...

Que barbaridad. Eso yo lo llamo ver la paja ajena y no la rama en el ojo propio o algo así.
Seguiremos atentos a esta serie tan interesante que nos esta ofreciendo de la imagen de España en el extranjero en aquellos dias.

Saludos, don Pedro.

Eduardo de Vicente dijo...

Al menos con "los románticos", fue cambiando la visión hasta llegasr a una más positiva ya en el s. XX.

Saludos.

Retablo de la Vida Antigua dijo...

El amor al trabajo era una cualidad burguesa y no aristocrática. No era justo Montesquieu. Y él, que era inteligente, lo sabría. España nunca ha dejado indiferente a nadie.

Saludos.

CarmenBéjar dijo...

Pues sí que nos dejaban bien parados los europeos de los siglos XVIII y XIX. Vagos, feos, mal parecidos, ¿qué más cosas se dejaron en el tintero? Nos llamaban de todo menos bonitos, pero bien es verdad que los viajeros que venían a España se maravillaban de las riquezas patrimoniales, del encanto andaluz y de las tradiciones y dejaban volar su pluma para dibujar escenas costumbristas y monumentos en franca decadencia.

Saludos

La Dame Masquée dijo...

Monsieur, parece ser que los visitantes no quedaban muy contentos con la gente, aunque sí con el sol y los monumentos. El romanticismo sacó a la luz curiosos puntos de vista sobre la gente y el país.

Feliz fin de semana

Bisous

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

A Nicolas Masson de Morvilliers habría que decir que era bastante ignorante si desconocía no sólo lo que Europa, sino el mundo entero le debía a España: el descubrimiento del Nuevo Mundo, las artes y las letras de nuestros genios universales, la primera circunnavegación del glogo, el descubrimiento del Océano Pacífico llamado entonces el lago español y, sobre todo, haber salvado a Europa del islamización otomana en Lepanto, Viena, Rodas y Berbería...

...en el siglo XVIII España había cambiado con la llegada de Felipe V y las reformas de corte francés llevadas a cabo por Grimaldo, Patiño, etc...esa era la hora de los vascos y los navarros como se ha dado a conocer, la hora en la que se renegó de la gran nobleza y la industria y las carreras de letras dejaron de ser artes viles...la pequeña nobleza burguesa ascendió como la espuma.

Del XIX nos queda una España decadente tras la Guerra de la Independencia, una guerra que salvó a Europa de la tiranía napoleónica pues fue precisamente el pueblo español el primero que tuvo coraje para alzarse contra el Tirano corso.

Un abrazo.

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

Quzás en lo único que llevan razón es en que los españoles somos morenos y bajitos jejeje, pero tenemos más salero y alegría que ninguno :)

Pedro de Mingo dijo...

@ Juan Antonio Torron Castro, me alegra que disfrute de esta serie, lo mismo me pasa a mi cuando visito su blog de fotografía del que intento aprender y del que me siento muy honrado por haber publicado algunas de mis fotos.

Un abrazo :-))

Pedro de Mingo dijo...

@Anónimo, gracias por tu comentario, espero que el resto de las entradas de esta serie también sean de tu agrado.

Un saludo :-))

Pedro de Mingo dijo...

@Manuel, tiene razón, fue el auge de la cultura española, una cultura diferente, una forma de ser distinta una etapa excepcional en la historia del arte, de la literatura ...
En contraste con esa famosa frase "¿Qué se debe a España? Desde hace dos, cuatro, diez siglos, ¿qué ha hecho por Europa?" Cuánta equivocación, ignorancia y veneno escondía le Leyenda Negra.

Un cordial saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Paco, "Feos, mal parecidos, vagos, poco dados al trabajo...." la xenofobia también se cebó con los españoles.
Lo que ahora se considera incluso un delito, por entonces alimentaba la cultura popular de los más ignorantes, pero cuando estas ideas eran propagadas por mentes más "ilustradas" respondían a un sentimiento de odio irracional a sabiendas de la falta de base de este tipo de absurdas afirmaciones.

Un cordial saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@desdelaterraza-viajaralahistoria, totalmente de acuerdo con su comentario, sigue pesando sobre nosotros. Desgraciadamente, si ya es triste que lo fomenten los extranjeros, más triste es cuando lo fomentamos nosotros mismos cuando hacemos lo propio con nuestras distintas regiones.

Gracias y un cordial saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Lorenzo/Fotos Antiguas, pues efectivamente, de eso se trata amigo mio. La xenofobia o el odio irracional y sin fundamento, muchas veces aparece fomentado por quienes más debían de callar.

Un saludo y gracias por su visita.

Pedro de Mingo dijo...

@Eduardo de Vicente, así es, nuestra imagen fue cambiando ya en los siglos XIX y XX, si bien se adueñaron de ella muchos esterotipos, procedentes especialmente de la región de Andalucía, así se identificaba al flamenco, los toros etc... con todo lo español, quedando el resto de regiones un poco más relegadas.

Un saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Retablo de la Vida Antigua. Montesquieu era admirable en muchas cosas, pero no dejaba de ser francés y ya se sabe que por regla general nuestros vecinos no nos han visto nunca con buenos ojos, historicamente siempre hemos estado más enfrentados que unidos.

Un saludo y gracias :-)

Pedro de Mingo dijo...

CarmenBéjar, muchos viajeros ilustres recorrieron nuestros caminos, algunos como los que describo sólo supieron echar pestes de nosotros, pero otros, como bien comentas, quedaron maravillados de la España diferente y peculiar tan lejos y a la vez tan cerca de Europa, siglos después Ernest Hemingway sería un ejemplo de ello.

Un saludo y gracias Carmen.

Pedro de Mingo dijo...

@Madame, en otras entradas hablaremos sobre la imagen de España en el Romanticismo y épocas posteriores, la llamada Leyenda Rosa.
Como verá tenemos leyendas para de los colores.

Un saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Carolus, Masson de Morvilliers es uno de tantos que veía lo que quería ver, opinando muchas veces con un conocimiento mínimo de nuestra nación o por el contrario teniendo conocimiento y también mala sangre.

La decadente España del XIX no vino más que a darles la razón en parte, pues se mofaron del gigante caido olvidando toda la cultura, historia y grandeza de la España de siglos posteriores. No hay más ciego que el que no quiere ver.

Un saludo y gracias.

Anónimo dijo...

Dicen que en el Senado romano se burlaban de Seneca por su latín con acento andaluz.... No os preocupéis de lo que digan de España. Lo que le falta a este país es un poco lo que tuvo en su tiempo ese gran estoico "español", Séneca : dignidad. Basta de tragaperras, bases militares extranjeras y fascinación por lo anglosajón...Que España vuelva a ser España y punto, joder!

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