martes, 26 de octubre de 2010

Isabel II de España. De la esperanza al exilio (1ª parte)


«El reinado de Isabel se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa."

Esta Cita de Benito Pérez Galdós describe con gran maestría a Isabel II, reina de España desde 1833-1868, un periodo especialmente convulso y conflictivo con profundos procesos de cambios políticos que hubieran requerido de una persona con gran preparación, resolución y carácter en el trono que hubiera sabido entender la pasada época absolutista con las nuevas ideas liberales y el parlamentarismo que se imponían en Europa y en España.

 (Isabel II)

María Isabel Luisa fue la primogénita de Fernando VII y nació en 1830 asegurando la sucesión al trono de España a pesar de ser mujer e imperar la Ley Sálica. Esta ley que impedía gobernar a las mujeres, estaba presente desde 1713 y fue promulgada por el primer Borbón que accedió al trono español, Felipe V. Por tanto el padre de Isabel, el rey Fernando VII se encargó de firmar la pragmática sanción que abolía esta ley y que de esta manera pudiera reinar su hija.

Esto ya trajo el primer problema a la futura reina, el hermano del rey, Don Carlos, no estuvo de acuerdo con la revocación de la ley Sálica y él mismo se consideró el legítimo heredero al trono, es el comienzo del problema carlista que enfrentaría en el futuro a los seguidores de Isabel y de Carlos durante muchos años, provocando muchas batallas y derramando mucha sangre. Don Carlos consiguió incluso que su apocado hermano revocase la ley, pero como buen títere que fue Fernando VII volvió poco después a darle validez a instancias de su esposa María Cristina, la reina.

  (Carlos María Isidro de Borbón)

Finalmente, tras la muerte del rey, el 29 de septiembre de 1833 se proclamó como reina de España con el nombre de Isabel II. Durante los años siguientes la reina viuda María Cristina se encargó de la regencia, si bien no guardó luto mucho tiempo pues se desposó de nuevo con un guardia de corps llamado Fernando Muñoz con el que tuvo 8 hijos de los que cinco fueron varones, de ahí la coplilla popular que se cantaba:
 
'Lloraban los liberales porque la reina no paría
 y parió más muñoces que liberales había'

María Cristina no era querida por el pueblo ni por la clase política y finalmente acabó exiliada con los hijos de este matrimonio en Francia, mientras que en España quedaba Isabel y la regencia era asumida por el general Espartero.

  (General Espartero)

Fue una niñez convulsa, llena de sobresaltos y levantamientos contra el nuevo regente, como es el caso de los que encabezaron el general Diego de León o Manuel de la Concha, que pretendían la vuelta de María Cristina. Llegaron incluso a asaltar el Palacio Real con la intención de raptar a la reina, Diego de León ordenó no hacer uso de las armas de fuego en el interior del palacio para no sobresaltar a la joven Isabel, se encontró con la firme resistencia de los alabarderos que la custodiaban capitaneados por el general Dulce que para impedir el asalto ordenó traer todos los garbanzos que hubiera en la despensa para tirarlos por las escaleras y dificultar el avance de los asaltantes, el sencillo truco hizo efecto y el intento de rapto fracasó. Diego de León fue fusilado por ello, pero Espartero fue tachado de inflexible y perdió el favor popular por este y otros actos y también fue obligado a exiliarse.

Tras la marcha del regente, las Cortes nombraron a Isabel mayor de edad con 14 años. Era el 8 de noviembre de 1843. Isabel no había sido educada para tan importante puesto, ella misma lo reconocería años más tarde según Pérez Galdós:

"Yo tenía entonces diez y nueve años... Este me aconsejaba una cosa, aquél otra, y luego venía un tercero que me decía: ni aquello ni esto debes hacer, sino lo de más allá... Pónganse ustedes en mi caso. Diez y nueve años y metida en un laberinto, por el cual tenía que andar palpando las paredes, pues no había luz que me guiara. Si alguno me encendía una luz, venía otro y me la apagaba..."

Expuesta a mil tropiezos por no tener a nadie que desinteresadamente le diera consejo y guía, la reina declaró:

"Los que podían hacerlo no sabían una palabra de arte de gobierno constitucional: eran cortesanos que sólo entendían de etiqueta, y como se tratara de política, no había quien les sacara del absolutismo. Los que eran ilustrados y sabían de constituciones y de todas estas cosas, no me aleccionaban sino en los casos que pudieran serles favorables, dejándome á obscuras si se trataba de algo que en mi buen conocimiento pudiera favorecer al contrario. ¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina á los catorce años, sin ningún freno en mi voluntad, con todo el dinero á mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer á los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más que voces de adulación que me aturdían? ¿Qué había de hacer yo?... Pónganse en mi caso..."


(Anverso y reverso de una moneda de 20 reales de Isabel II, obsérvese la inscripción "Isabel II por la Gracia de Dios y la Constitución")

1 comentarios:

Raquel dijo...

Precioso artículo. Estoy deseando leer la segunda parte

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