domingo, 13 de marzo de 2011

La Batalla de San Quintín. Felipe II domina Europa (1ª Parte)

Corría el año 1556. La guerra entre España y Francia, que había dominado los reinados de Carlos V y Francisco I, se había reanudado bajo sus sucesores, Felipe II y Enrique II. Este último seguía negándose a aceptar que su país estuviese rodeado por posesiones hispanas y perdiera influencia en Italia.

Enseguida el conflicto se extendió por todos los escenarios posibles, desde Italia hasta los Pirineos, pasando por el norte de Francia y las provincias de los Países Bajos. Los combates decisivos se libraron en este último territorio. El plan del rey de España era invadir la Champaña desde Flandes y ocupar alguna plaza fuerte. En Julio de 1557, cuarenta y dos mil hombres, bajo el mando de uno de sus más jóvenes generales, el Duque de Saboya, penetraron en suelo francés. Era un ejército internacional compuesto de españoles, italianos, alemanes, borgoñones, saboyanos, húngaros y flamencos. A tres días de distancia le seguía el propio Felipe II con otro ejército de unos veinte mil himbres, en el cual había cinco mil ingleses que su esposa, la reina María Tudor de Inglaterra, le había cedido.

(Para los franceses fue una derrota terrible que dejó diezmada su nobleza guerrera. Felipe II en cambio, vio en la batalla el inicio de un reinado triunfal y quiso erigir para recordarla el Monasterio del Escorial)

El duque de Saboya marchó con su ejército hacia la ciudad de Rocroi, pero sus poderosas fortificaciones le hicieron desistir de asaltarla. Por ello concluyó que era imprescindible proceder por sorpresa, antes de que la plaza elegida pudiese reforzar sus defensas. Así, tras un amago sobre Guisa, el 3 de agosto se lanzó, de madrugada y con suma rapidez, sobre otro objetivo: el estratégico enclave de Saint-Quentin (San Quintín), a orillas del río Somme. Comenzaba el asedio que daría lugar a una de las batallas más célebres de la historia militar española.

Los franceses, por su parte, no habían permanecido inactivos. Un ejército de veintiséis mil hombres, al mando del condestable Anne de Montmorency, había seguido las evoluciones de las fuerzas españolas. Montmorency esperaba atacar cuando aquéllas asediaran alguna ciudad, confiando en la victoria al coger a las fuerzas sitiadoras entre dos fuegos. Por de pronto, y antes de que el cerco sobre San Quintín fuese lo suficientemente estrecho, logró hacer llegar unos quinientos soldados de refuerzo, lo que dio ánimo a la guarnición de la ciudad. Sin embargo, al día siguiente el asedio era total y empezaron los bombardeos por parte de los atacantes.

(Anne de Montmorency, el líder del ejército francés cometió el terrible error de subestimar al joven Duque de Saboya. Este es un retrato de 1556)

Desde ese momento fue casi imposible introducir nuevos refuerzos en la plaza, la cual, dada la desfavorable correlación de fuerzas, parecía condenada. A Montmorency no le quedaba otra opción que marchar al encuentro del ejército del duque de Saboya y plantar batalla. 

Su plan consistía en cruzar el Somme al oeste de San Quintín, atravesar una zona pantanosa y avanzar sobre las líneas enemigas. Si lograba romper el sitio y reforzar la ciudad, los atacantes se verían en la obligación de retirarse o presentar combate en circunstancias adversas. Era una maniobra arriesgada, pero el general francés se sentía seguro de la victoria; era veterano de mil batallas y su oponente, un jovenzuelo inexperto.

Ataque por sorpresa :

El grueso del ejército francés se puso en marcha la noche del 9 al 10 de agosto y, tras una agotadora marcha, llegó a las puertas de San Quintín al amanecer. Aparentemente, el ejército enemigo no había advertido su presencia y seguía imperturbable en sus ataques a la ciudad. Montmorency se sentía seguro: creía que la caballería flamenca del conde de Egmont había partido hacia el norte para recibir y escoltar a Felipe II, y que el único puente sobre el Somme no permitiría que el ejército del duque cruzase, con la rapidez necesaria, a la ribera por la que él avanzaba.

(El Rey Enrique II de Francia ya conocía lo que era una derrota, su Padre  Francisco I, con motivo de perder la batalla de Pavía, tuvo que dejar como garantía del cumplimiento del Tratado de Madrid, como rehenes en España a sus hijos Enrique y Francisco)

Pero la realidad era muy distinta. El astuto duque de Saboya había adivinado las intenciones de Montmorency y esa madrugada había enviado sigilosamente a la caballería de Egmont a la ribera por donde avanzaba el ejército galo. Además, había levantado otro puente lejos de los observadores franceses y había descubierto un vado. Todo ello permitiría que su ejército cruzase en río en muy poco tiempo.

A las diez de la mañana, varios miles de franceses comenzaron a cruzar el río en barcas para atacar a los asaltantes de San Quintín. Su avance era lento y trabajoso, y los arcabuceros españoles que les esperaban en la otra orilla del río les infligieron muchas bajas. En ese momento, la infantería del ejército del duque de Saboya empezó a vadear el río lejos de la vista del general francés, por lo que éste no se percató de ello hasta que vio al enemigo avanzar hacia sus posiciones.

(Los Tercios españoles fueron el primer ejército moderno europeo, entendiendo como tal un ejército formado por voluntarios profesionales, en lugar de las levas para una campaña y la contratación de mercenarios usadas típicamente en otros países europeos. El cuidado que se ponía en mantener en las unidades un alto número de "viejos soldados" (veteranos) y su formación profesional, junto a la particular personalidad que le imprimieron los orgullosos hidalgos de la baja nobleza que los nutrieron, es la base de que fueran la mejor infantería durante siglo y medio. Además, fueron los primeros en mezclar de forma eficiente las picas y las armas de fuego)

Cuando Montmorency ordenó a su caballería ir al encuentro del enemigo, los jinetes franceses se vieron sorprendidos de espalda y de flanco por la caballería de Egmont, que estaba agazapada tras unas lomas desde hacía horas. La violencia que se desató sobre los galos sólo se vio superada por la sorpresa de ver que era casi todo el ejército enemigo el que cruzaba el río y se cernía sobre ellos. Salvo las fuerzas necesarias para mantener el cerco de San Quintín, el resto de efectivos había pasado a la otra orilla.

Lo más grave para Montmorency era que, en ese momento, parte de su infantería se encontraba atrapada combatiendo en la otra ribera pantanosa o en medio de la operación de vadeo, por lo que no podía disponer de ella para frenar la ofensiva del duque de Saboya. Ahora, al general francés sólo le quedaba la opción de tratar de retirarse ordenadamente, por lo que mandó que, con toda rapidez, sus hombres reembarcasen y volviesen a cruzar el río hasta el punto de partida.

Continuará .....

Fuente :
Juan Carlos Losada, "San Quintín", Aguilar, Madrid, 2005 a través de Historia de National Geographic.

25 comentarios:

Lorenzo/Fotos Antiguas de Mallorca dijo...

Interesante historia, ya tengo ganas de leer la segunda parte.

Saludos.

La Dame Masquée dijo...

Una de las grandes batallas del siglo,monsieur. Imagino que aun tendrá que contarnos muchas cosas interesantes sobre ella.

Buenas noches

Bisous

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

Una batalla decisiva para el reinado de Felipe II que acabaría desembocando en el Tratado de Cateau-Cambresis que marcaría la hegemonía española en Europa durante todo el reinado filipino, asentando sobre todo su dominio en Italia.

Un abrazo.

PACO HIDALGO dijo...

Afortunadamente, en esta batalla aún se puede demostrar la hegemonía de España sobre Francia, y se puede decir que es la puesta de largo de Felipe II como jefe de los ejércitos hispanos, tras la herencia que le dejaba su padre, recién abdicado, y dispuesto a pasar sus últimos días en Yuste. Su majestad Carolus II ha puesto de manifiesto lo decisiva que será en su reinado esta decisiva batalla. Esperamos con interés el desenlace, Pedro. Saludos.

Retablo de la Vida Antigua dijo...

Es una interesantísima entrada. Yo una vez pasé muy cerca de San Quintín. Me habría gustado haber leído antes un trabajo como éste.

Saludos.

CarmenBéjar dijo...

No sé si habrás leído la biografía de Geoffrey Parker sobre Felipe II porque su interpretación sobre esta vistoria es que fue relativa. De hecho apunta que San Quintín era una pequeña plaza fuerte, sin valor dentro del territorio francés. Cuando se produce su caída los galos están vendidos: las puertas para la conquista de París están a biertas y sin embargo el rey español no se decidió a dar el todo por el todo. De hecho ni siquiera estvo allí el día de la batalla porque llegó tarde.

Aun con todo la batalla dejó fuera del juego político a los franceses hasta la llegada de Luis XIV. La frontera gala ya no fue un problema para la corona española, por lo que la atención se centró en los rebeldes de los Países Bajos, el Turco y la pérfida Albión.

Saludos

Manuel dijo...

Aunque conozco el final de la batalla, me gusta tu forma de narrarla.

La continuación será emocionante como esta primera parte.

Saludos Pedro.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Sin esa gran victoria sobre los franceses el día de San Lorenzo quizás no pudiéramos admirar esa octava maravilla que es El Escorial. Seguiré atento el final de su artículo. Un saludo, Pedro.

AnGie SuGary dijo...

Me encantó la entrada.

Vaya descuido de Montmorency, creyendo que su experiencia lo ayudaría, aquí no era quien había combatido más sino quien era más astuto :D

Me gusta demasiado tu blog, tiene temas muy interesantes.

Que tenga buena tarde-noche.
Besos!

Pedro González Miguel dijo...

Una de las batallas más importantes de la historia moderna española y marca la sempiterna rivalidad entre España y Francia. Felipe II y España se ven muy beneficiados por la paz de Cateau-Cambresis. Mi enhorabuena a la espera de la segunda entrega. Es un placer leer tus entradas.
Un saludo amigo

Pedro de Mingo dijo...

@Lorenzo, celebro que le guste la entrada y que se haya hecho seguidor de España Eterna, esperamos verle por aquí asiduamente.

Un saludo.

Pedro de Mingo dijo...

@Madame, imagina usted bien, espero que la segunda parte sea de su agrado también.

Muchas gracias por su visita.

Pedro de Mingo dijo...

@Carolus, efectivamente fue una batalla decisiva, es el siglo de España y Francia todavía tendría que esperar muchos años para tomar el relevo.

Un saludo y gracias amigo.

Pedro de Mingo dijo...

@Paco, fue esta una batalla decisiva posteriormente en 1558 las tropas españolas volvieron a vencer a las francesas en la batalla de Gravelinas, forzando a Francia a firmar la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559 y supuso el control español de gran parte de Europa.

Un saludo.

Pedro de Mingo dijo...

@Retablo de la Vida Antigua, suele pasar que uno se entera de muchas cosas después de haberlas visto, me ha pasado mil veces :-)) así ya tiene excusa para volver.

Gracias por su visita amigo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@CarmenBéjar, debo reconocer que Geoffrey Parker tiene su parte de razón, pero lo cierto es que el principal interés de Felipe II estaba en Italia y en defender su herencia que en este caso estaba también en Flandes.

Gracias por su interesantísimo aporte Carmen.

Pedro de Mingo dijo...

@Manuel, gracias por sus palabras, pero el mérito en este caso es del autor Juan Carlos Losada que narra de forma muy clara, resumida y magistral esta batalla, como ningún historiador lo ha hecho Este autor ha publicado un libro sobre el tema y tiene numerosos artículos, por lo que es un gran entendido en la materia.

Muchas gracias y un saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@desdelaterraza-viajaralahistoria, no le quepa duda de que esta victoria fue de enorme trascendencia y nos dejó el maravilloso legado del Monasterio del Escorial para conmemorarla.

Un saludo, amigo.

Pedro de Mingo dijo...

@AnGie SuGary, ciertamente se confió demasiado a pesar de ser un reputado estratega, pero esta vez encontró su derrota fue capturado en la batalla de San Quintín por las fuerzas imperiales y encarcelado durante dos años hasta la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559.

Gracias por su visita :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Pedro González Miguel, felices tiempos eran aquellos para nuestra España, pero inevitablemente como ocurre en todos los imperios, llegaría su dorado declive... aunque para eso faltaba mucho todavía.

Gracias por tu visita amigo.

AnGie SuGary dijo...

Le agradezco la información que me proporcionó en su comentario. Vaya que nadie debe confiarse ni por más experimentado que uno sea.

También agradezco su comentario en mi blog, y me causa alegría saber que el poema que publique le trajo recuerdos, espero fueran buenos.
Y respecto a "siempre hay que pensar que no hay tormenta eterna ni verano que mil años dure" tiene demasiado razón, la vida tiene sus días nublados y soleados, debemos aprender a sobrellevarlos, la vida nunca será de un solo color, es un arcoiris, con diferentes emociones deambulando en nuestros corazones.

Espero con entusiasmo la segunda parte de esta lectura tan emocionante.
Su blog es espectacular, adoro la historia, especialmente la de España, gracias por crear un espacio así.

Besos :D
Hasta pronto.

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

No estoy de acuerdo con lo que afirma Parker del cual pienso que, habiendo sido importante en su día al igual que Elliott, se ha quedado un poco anticuado en sus investigaciones y con unos métodos no muy actuales...

Pedro de Mingo dijo...

@AnGie SuGary, me alegra de que le gustara mi comentario, su blog me pareció interesante y lo visitaré tanto como pueda :-)

Muchas gracias.

Pedro de Mingo dijo...

@Amigo Carolus, efectivamente tanto Parker como Elliot pertenecen a la vieja escuela. Yo personalmente no soy muy partidario de los hispanistas ingleses, entre otras cosas por lo poco objetivo de sus estudios, pero es cierto que en este punto, a mi entender, Felipe II hizo gala de su prudencia :-)

Gracias por su visita y su comentario.

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

Los hispanistas ingleses y americanos fueron importantes porque sacaron el período del ostracismo, pero pecan de flata de objetividad en algunas ocasiones como bien dices, y además sus métodos han sido ya ampliamemte superado por los nuevos historiadores españoles con Luis Ribot a la cabeza ;)

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