viernes, 4 de marzo de 2011

Las Órdenes Militares en España : Santiago (2ª Parte)

Ser miembro de la Orden de Santiago formaba parte de las aspiraciones más codiciadas por los hombres del siglo XVII por lo que el ingreso en esta Orden tan elitista no era precisamente un camino sencillo.
 
En efecto, los hábitos de las Órdenes Militares, repartidos durante los ss. XVI y XVII entre todas las elites, acabarían constituyendo la principal forma de reconocimiento de nobleza, de ahí la estima que alcanzaron. Pero bien es verdad que si el título intentó ser la insignia distintiva de un grupo muy restrictivo y homogéneo de vieja nobleza, acabaría por reconocer, sin proponérselo, otro mucho más amplio y heterogéneo compuesto por la vieja sangre -Alcántara-, la riqueza nueva -Santiago- y las carreras políticas -Calatrava-.
 
En sus comienzos, el ingreso no era especialmente dificultoso, pero a partir de mediados del siglo XIII cada vez fue más complicado. Una vez finalizada la Reconquista, el pretendiente que deseara ingresar en la Orden de Santiago debía probar en sus cuatro primeros apellidos ser hidalgo (o hijodalgo) de sangre a fuero de España y no hidalgo de privilegio, cuya prueba debía de referirse asimismo a su padre, madre, abuelos y abuelas. Además debía probar, de la misma manera, que ni él ni sus padres ni sus abuelos habían ejercido trabajos manuales ni industriales.

Tampoco podían obtener el hábito de la Orden aquellas personas que tuvieran mezcla de judío, musulmán, hereje, converso ni villano, por remoto que fuera, ni el que hubiera sido o descendiera de penitenciado, por actos contra la fe católica, ni el que hubiera sido él o sus padres o abuelos procuradores, prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o hubieran tenido oficios por los que hubieran vivido o vivieran de su esfuerzo manual, ni el que hubiera sido infamado, ni el que hubiera faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que careciera de medios decorosos con los que atender a su subsistencia.

El aspirante tenía que pasar después a servir tres meses en las galeras y residir un mes en el monasterio para aprender la Regla. Posteriormente el Rey y el Consejo de las órdenes abolieron cierta cantidad de estos requisitos.

Muy conocido es el juicio al que tuvo que someterse Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, donde tuvieron que testificar amigos suyos, como Francisco de Zurbarán, para dar fe de que sus raíces limpias eran ciertas y que su arte no se veía motivado por la obtención de ganancias económicas de forma manual que enturbiasen su forma de vida, sino que tenía un carácter intelectual. 

(Felipe IV lo convirtió en caballero de Santiago. En julio de 1658 el pintor presentó su genealogía. El 26 de Febrero de 1659 los jueces del caso rechazaron la solicitud a pesar de conocer el interés del rey, por lo que éste no tuvo más remedio que solicitar dispensa del Papa Alejandro VII. Éste la concedió y por fin el 7 de octubre de 1659 Velázquez quedó confirmado como caballero)

Francisco de Quevedo también fue miembro de la Orden. Su ingreso se hizo oficial el 29 de diciembre de 1617 y fue firmado por Alonso Núñez de Valdivia, secretario de cámara del rey Felipe III, tras presentar y verificar su genealogía. 

(El extraordinario literato Francisco de Quevedo se hizo unas espuelas de oro para celebrar su nombramiento como Caballero de la Orden de Santiago)

Organización:

La subdivisión interna más importante de las órdenes militares eran las llamadas encomiendas, que eran unidades de carácter local dirigidas por un comendador. La encomienda podía tener la sede o residencia del comendador en un castillo o fortaleza o en palacio en una villa y era un centro administrativo o económico en el que se cobraban y percibían las rentas atribuidas a esa encomienda. 

Cada encomienda debía sostener con sus rentas no sólo al comendador y a los otros caballeros residentes en ella, sino que también debían pagar y armar a un determinado número de lanzas, que debían acudir a los llamamientos de su Maestre perfectamente equipados para tomar parte en aquellas acciones militares que quisiera emprender. 

En lo religioso se organizaban por conventos, existiendo un convento mayor, que constituía la sede de la orden. En el caso de la orden de Santiago estuvo radicado en Uclés.

Con ser importante el papel militar jugado por las órdenes militares, no lo fue menos su papel repoblador, económico y social. Porque no bastaba con arrebatar territorios al enemigo si éstos no se poblaban suficientemente como para ocuparlos y explotarlos, facilitando así su defensa. Para atraer pobladores a las tierras adquiridas, utilizaron métodos similares a los usados por otras instituciones. Uno de ellos consistía en otorgar fueros a las villas de su jurisdicción que las hicieran atractivas a gentes del norte y que llegaran a repoblar.

A imitación de las órdenes internacionales, las españolas adoptaron su organización. El Maestre fue la máxima autoridad de la orden, con un poder casi absoluto, tanto en lo militar, como en lo político o en lo religioso. 

Era elegido por el consejo, compuesto por trece frailes, de donde les viene a sus componentes el nombre de «Treces». El cargo de maestre es vitalicio y a su muerte los Trece, convocados por el prior mayor de la orden, eligen al nuevo. Cabe la destitución del maestre por incapacidad o por conducta perniciosa para la orden. Para llevarla a cabo se necesita el acuerdo de sus órganos superiores: consejo de los trece, «prior mayor» y «convento mayor».

Curiosidades y cuestiones finales:
 
» En el monasterio de Uclés se guardaba el sello de la Orden y el pendón llamado santo por haber sido bendecido en 1175 por el papa Alejandro. Allí se fue formando el Archivo General de la Orden, a base de documentos relativos a su organización, a sus establecimientos y a sus ordenanzas, a su administración y a sus disposiciones generales. Tal volumen adquirió esta documentación que para su custodia se creó la llamada Encomienda de la Cámara. Se conserva hoy íntegro este fondo documental en el Archivo Histórico Nacional, Sección de Ordenes Militares, desde 1872.

» La Orden tenía un inmenso poder, se podía ir desde Uclés a Portugal sin pisar fuera de los territorios controlados por los caballeros. El Maestre de la Orden llegó a obtener una renta anual de 64.000 florines de oro.

» Aunque Santiago de Compostela, en Galicia, es el centro de la devoción a este apóstol, no es ni la cuna ni la principal sede de la Orden. Dos ciudades lucharon por tener el honor de ser la sede, León, en el reino de ese nombre, y Uclés en el antiguo reino de Castilla.

» La Orden en  tiempos del maestre santiaguista Martín Peláez se hermanó con la de Calatrava y su Maestre Gonzalo Ioanes y se juraron socorro y ayuda mutua en momentos difíciles:

 'favor en todas las cosas y ayuda a buena fe'.

Algunos años después, el maestre de Santiago Gonzalo Rodríguez y el de Alcántara, Benito Suárez, firmaban otra Carta de Hermandad en términos muy semejantes.

» Las Órdenes modificarían su sentido con el paso del tiempo. A partir de las primeras décadas del s. XVI, dejarían las armas y reorientarían su acción hacia el ámbito del espíritu. Desde entonces, y al menos durante el período confesional, se mantuvieron como una caballería espiritual.

(La I República suprimió la Orden en 1873 y, aunque en la Restauración fue nuevamente restablecida, quedó reducida a un instituto nobiliario de carácter honorífico regido por un Consejo Superior dependiente del Ministerio de la Guerra, que quedó a su vez extinguido tras la proclamación de la II República en 1931. Hubo una persecución religiosa en la Segunda República y sufrieron martirio una buena parte de los caballeros pertenecientes a alguna de las órdenes existentes.
La Orden de Santiago, junto con las de Calatrava, Alcántara y Montesa, fue reinstaurada como una asociación civil en el reinado de Juan Carlos I con el carácter de organización nobiliaria honorífica y religiosa y como tal permanece en la actualidad. 
Todos los Reyes de España son los Maestres de las 4 grandes órdenes militares, en este caso vemos un retrato del Rey Alfonso XIII con el hábito y las 4 cruces de Gran Maestre)

» El capitulo décimo de los Estatutos de la Orden, dice así: 

"Agora, caballeros de Cristo, despertad y alcanzad de vosotros las obras de las tinieblas y vestíos de las armas de la luz, porque el enemigo, vuestro antiguo adversario, no vos pueda engañar, el cual anda alrededor buscando a quien haga pecar, y se esfuerza en muchas maneras para vos retraer de la carrera de la justicia y de las senda derecha de la verdad. Nunca desistáis de la defesion de vuestros fieles y prójimos y de la Madre Iglesia. Ninguna cosa hay tan gloriosa ni agradable a Dios que, por defesión y conservación de su ley, escoger fenecer su vida por cuchillo, o fuego, o agua, o captividad, o por otros cualesquiera peligros que pueden acontecer. Y así, freiles bien amados, vos conviene por muchas tribulaciones entrar en el reino de Dios y alcanzar aquella bienventura que prometió a los que le aman, la cual ni ojo vivo, ni oreja oyó, ni corazón de hombre pudo pensar ni saber. De donde se sigue que si alguno enflaqueciera su cuerpo por poco comer o por grandes ayunos y las fuerzas suyas le desfallecieran para la defesión de la ley de Dios y de los prójimos, sepan que hizo muy mal, y será culpado de juicio ante Dios. Que para sufrir los grandes trabajos continuos, nos muestra la Sagrada Escritura ejemplo de Elías, que el Angel vino a él y le puso debajo de la cabeza pan cocido sobre la ceniza y le dijo: Levántate y come, que gran camino has de andar. Y Nuestro Señor en el Evangelio hubo misericordia de las campanas que vinieron a él, y no los quiso enviar ayunos a casa porque no enflaqueciesen y desfalleciesen en el camino".

 
» Especial importancia tuvieron los hábitos de las órdenes en la recaudación de fondos para la Monarquía. El Conde-Duque de Olivares revela muy bien su valor a Felipe IV:


'...Si V.M. quiere honrar no tiene con que si no ennoblece con un habito porque nadie quiere otro premio sino honra, ni nadie es considerado mientras no tiene un habito y a V.M. no le engrandece tanto muchos millones como poder repartir gran cantidad de su honra'.

Fin.

fuentes :

« Seminario Internacional para el estudio de las Órdenes Militares», c.s.i.c., Madrid 2002
« Derek W. Lomax, "La Orden de Santiago (1170-1275)", C.S.I.C., Madrid 1965
« Web del Monasterio de Uclés http://www.monasteriodeucles.com
« Heraldaria.com : http://www.heraldaria.com/santiago.php
« Mariana, Juan de,"Historia general de España"
« Nuevo Portal : http://www.nuevoportal.com/andando/santiago.html
« Martínez Lamela, José Félix, "Algunos antecedentes y anécdotas de las órdenes de caballería españolas", Instituto Genealógico Heráldico de Rosario, Rosario, 1994.

21 comentarios:

David González Caballero dijo...

Es una pena ver como el Hospital (Orden de Malta) y las 4 "nacionales" sobreviven mientras que templarios y teutónicos fueron vilmente erradicadas por la iglesia.

¡Saludos!

La Dame Masquée dijo...

Caramba, eso de que "se podía ir desde Uclés a Portugal sin pisar fuera de los territorios controlados por los caballeros" da una idea de la inmensidad de su poder, sí.
Cuántas vueltas da la historia. Quién les iba a decir que un día desaparecerían para reaparecer tan solo como algo meramente honorifico.

Buenas noches, monsieur

Bisous

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Aún repitiéndo lo dicho en el anterior comentario, resaltar lo recomendable que resulta una visita a Uclés, lugar donde estableció la Orden su “caput ordinis”, y contruyó un templo importante, al que se conoce como “el Escorial Chico”. Ha hecho usted, Pedro, una serie magnífica sobre estas instituciones que tanto han tenido que ver en nuestra historia. Un saludo.

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX dijo...

Excelente entrada amigo, no tenía duda de que tratarías los casos de Velázquez y Quevedo. las órdenes militares en el siglo XVII habían perdido ya su carácter marcial, y no eran sino un símbolo de limpieza de sangre y nobleza, dos elementos que hoy nos parecen absurdos pero que en aquella época tenían un valor fundamental, sobre todo, a la hora de ascender socialmente. La frase del Conde-Duque de Olivares a Felipe IV es reveladora e indica cómo se podía premiar sin gastar pero otorgando un honor por el que la gente se metía en pleitos larguísimos...para gente como Velázquez, de origen portugués y, por tanto, sospechosos de tener antecedentes judíos, era fundamental conseguir un hábito de una de las Órdenes, y después está el debate sobre al nobleza del arte de la pintura que tantos pintores de aquella época defendieron para desvincularlo de las actividades viles y mecánicas.

Un abrazo.

Manuel dijo...

Me ha llamado la atención eso de que se podía caminar hasta Portugal sin pisar fuera de los territorios controlados...Mucha tierra lo que significaba mucho poder.

Gente interesante formó parte de la orden.

Saludos

PACO HIDALGO dijo...

Para un caballero de los Siglos de oros, pertenecer a una orden era un título de nobleza en sí mismo, y por ello se afanó Velázquez toda su vida, hasta que fue recompensado con la entrada en la Orden de Santiago nada más y nada menos, la más poderosa de las órdenes españolas. Este reconocimiento hace que borre parte de Las Meninas, para poder pintarse con el hábito de dicha orden.
Sí que tuvo grandes extensiones de terreno esta orden, pues, como bien dices, era suyo todo el norte de España, este a oeste.
Un cordial saludo, Pedro.

Retablo de la Vida Antigua dijo...

Quevedo fue además un gran defensor del patronazgo de Santiago en las grandes polémicas que plantearon.

Saludos.

Retablo de la Vida Antigua dijo...

quería decir "que se plantearon".

Saludos otra vez.

Jose dijo...

Magnífico repaso de la historia, organización y funcionamiento de la Orden de Santiago, de la que precisamente, como reseño en mi última entrada, fue comendador Don Fadrique Enríquez de Ribera... Magnífico y denso repaso, ya digo... Especial placer he sentido al ver reflejado en el mismo, como por otra parte no podía ser de otro modo, el caso del ingreso de otro paisano, Don Diego..., a quien -que me perdone allá donde se halle- le hubiera dado "algo" si finalmente lo dejan fuera..., vamos, ni más ni menos que como a otros... :)

Que tengas un leve, fructífero y, por supuesto, feliz arranque de semana, Pedro.

Buenas noches.

CarmenBéjar dijo...

Es una suerte que todos los expedientes de los Caballeros de la Orden pertenecientes a la Edad Moderna se atesoren y conserven en el Archivo Histórico Nacional. Consultar algunos de ellos es una auténtica delicia en cuanto a datos genealógicos. La obsesión por mantener la pureza de la sangre y descender de hidalgo de renombre otorgaba a los informes de una meticulosidad que viene muy bien a los historiadores modernos.

En cuanto al gran Velázquez creo que había dudas en cuanto a la pureza de su sangre precisamente. Su padre tenía orígenes judíos portugueses según se decía y además no descendía de hidalgo alguno. Pero, da igual, entonces como ahora, hay cosas que se pueden comprar...

Saludos

Pedro de Mingo dijo...

David González Caballero, son circunstancias de la historia, unas sobrevivieron y otras no, al menos las españolas han llegado hasta nuestros días aunque con tintes honoríficos y en el ámbito de asociaciones.

Un saludo :-))

Pedro de Mingo dijo...

@Madame, pues sí, imagínese la cantidad de territorio que estaba bajo su influencia, eran órdenes muy poderosas, aunque como bien sabe a partir de los Reyes Católicos la mayoría estaban bajo la mano de la Monarquía y también de la iglesia.

Un saludo y gracias por su visita.

Pedro de Mingo dijo...

@desdelaterraza-viajaralahistoria, así es amigo mio, es por cierto un lugar impresionante y poco conocido, no había ni un alma la vez que estuve allí de visita, quién diría que un lugar tan importante como aquél acabaría tan en el olvido....

Un saludo.

Pedro de Mingo dijo...

@Carolus, sabía que le iba a gustar la frase de Olivares, resume efectivamente en qué quedaron las órdenes, eran instrumentos que reportaban pingües beneficios para la Monarquía y objetos de deseo para el resto de los mortales, una cruz en el pecho era símbolo de honor, de vieja sangre, de nobleza....todos ellos elementos codiciadísimos en aquellas Españas.

Un saludo y gracias por su visita :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Manuel, efectivamente gente interesante perteneció a aquellas órdenes, pertenecer a una de ellas significaba estar libre de toda mancha y un gran honor. Algunas se adquirieron por méritos y otras posteriormehte por buenos dineros, y es que en aquella España todo tenía un precio....

Un saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Paco, como bien dice, Velázquez se desvivió por tener una de aquellas cruces en el pecho y borrar todo rastro o sospecha de judaismo debido a su origen portugués, pero se tuvo que remover Roma con Santiago (nunca mejor dicho) para conseguirla. Eso denota el especial afecto que Felipe IV tenía por el artísta.

Un saludo :-)

Pedro de Mingo dijo...

@Retablo, Quevedo era un ferviente defensor de la Orden de Santiago, incluso legó a mandar fabricar unas espuelas de oro para el momento de su investidura.

Un saludo :-))

Pedro de Mingo dijo...

@Jose, qué gran paisano suyo fue Don Diego, creo que la recompensa fue merecida aunque la distinción fue añadida después a su muerte por orden del rey, ya que Velázquez todavía no la había recibido cuando pintó el cuadro.

Un saludo.

Pedro de Mingo dijo...

@Carmen, sabias palabras las suyas, yo tuve oportunidad de trastear con algunos expedientes en los fondos del Histórico Nacional en mi época de estudiante-investigador, la cantidad de información allí acumulada es increible, alguna incluso está por estudiarse todavía, pero al menos se conserva.

Gracias por su visita Carmen.

Pedro González Miguel dijo...

De nuevo magnífica entrada Pedro, quizás es la Orden que mejor conocía, pero has arrojado mucha luz sobre mi impreciso conocimiento de esta relevante orden. gran trabajo amigo

Ricardo moreno garcia dijo...

Buenos dias,Interesantisima pagina!!!.Disculpen la molestia,pero soy nuevo en estas lides:como podria encontrar informacion sobre el por que de la cruz bicolor (blanca/roja) de la orden de Monfrague??.

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