martes, 7 de diciembre de 2010

La mayor Batalla Medieval. Los reyes españoles unidos en Las Navas de Tolosa (2ª Parte)

El 20 de Junio de 1212 un inmenso ejército cristiano parte de Toledo hacia Sierra Morena en busca de los almohades, esta fuerza estaba compuesta por las tropas castellanas al mando del rey Alfonso VIII de Castilla, el alma de la batalla y el coordinador, junto con 20 milicias de Concejos Castellanos, entre ellas las de Medina del Campo, Madrid, Soria, Palencia, Almazán, Medinaceli, Béjar y San Esteban de Gormaz. Constituían el grueso de las tropas cristianas. Su abanderado era Diego López II de Haro, quinto señor de Vizcaya. A este caballero encomendó Alfonso VIII el reparto del botín tras la batalla, del que dicen las crónicas castellanas que no se quedó nada para su propio provecho.

Las tropas de los reyes Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal. Sumaban otro importante contingente, en su mayoría aragoneses almogávares que al año siguiente lucharían en la Batalla de Muret. Las tropas portuguesas acudieron a la llamada de la cruzada, pero no contaron con la presencia de su rey.

(Los 4 reyes protagonistas de algún modo en la batalla de las Navas de Tolosa, de izquierda a derecha y de arriba a abajo : Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra, Pedro II de Aragón y Alfonso II de Portugal. Este último no estuvo en la batalla, pero tuvo su representación en las tropas portuguesas que allí se encontraban)

También se encontraban allí las tropas de Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Orden de San Lázaro, Temple y San Juan (Malta).

Hubo representación de un gran número de cruzados provenientes de otros estados europeos o ultramontanos, llamados así por haber llegado desde más allá de los Pirineos. Su número es discutible, si bien muchos de ellos no llegaron a participar en la batalla. Entre los convocados extranjeros figuraban también tres obispos, los de las ciudades francesas de Narbona, Burdeos y Nantes.

Al igual que el portugués, tampoco participó en la contienda el rey de León Alfonso IX; aunque ansiaba acudir a la batalla. Convocó una Curia Regia que le recomendó que exigiera condiciones para participar en la campaña, y así, Alfonso IX respondió a su homólogo castellano que acudiría gustoso en cuanto se le devolvieran los territorios que le pertenecían. Por ello, Alfonso VIII pidió la mediación del Papa, para evitar cualquier ataque leonés. Inocencio III accedió y amenazó con la excomunión a todo aquel que se atreviera a violar la paz mientras los castellanos lucharan contra los musulmanes. Este hecho contrasta con lo sucedido años atrás, cuando el mismo Papa había obligado al monarca castellano, sin éxito, a devolver esos castillos a Alfonso IX.

(El Rey Alfonso IX de León estuvo ausente en la Batalla de las Navas de Tolosa, entre otras cosas por sus desavenencias con el reino de Castilla, pese a lo cual realizó una gran actividad de reconquista, recuperando para la Cristiandad las ciudades de Cáceres, Montánchez, Mérida y Badajoz.)

Ante esto, para no romper el edicto del Papa y evitar la excomunión, el rey leonés se dedicó a recuperar sólo aquellas plazas que estaban dentro de las fronteras de León, evitando así el enfrentamiento en tierras castellanas. No obstante, y a pesar de ir en contra de sus intereses a corto plazo, consintió que acudieran a la batalla contra los almohades tropas y caballeros leoneses, gallegos y asturianos, de los cuales destacan: don José Bernaldo de Quirós, Vizconde de las Quintanas y Señor de Quirós, don Manuel de Valdés, don Fernando Lamuño y Lamuño, Señor de Salas y don Francisco de la Buelga, Caballero de la Orden de Santiago. 

 
(La caballería ligera árabe era muy eficaz frente a la caballería pesada cristiana, sus movimientos eran rápidos y envolventes, solían atacar y retirarse muy rapidamente siendo especialmente letales con sus arcos que manejaban con destreza sobre el caballo)

Tomaron la fortaleza de Calatrava el día 1 de junio, el rey de Castilla tuvo especial cuidado en que no hubiera saqueos lo que disgustó enormemente a los cruzados europeos que eran en gran parte auténticos soldados de fortuna. Debido a ello estas fuerzas abandonaron en su mayor parte al ejército del rey y marcharon a sus respectivos paises. Afortunadamente el hueco que dejaron no fue tan grande pues vino para ayudar en la cruzada el rey Sancho VII de Navarra aunque con un limitado contingente de caballeros.

Las fortalezas fueron cayendo: Alarcos, Caracuel, Benavente y Piedrabuena. Los musulmanes se apostaron fuertemente en el paso de Losa (actual Despeñaperros), un angosto desfiladero que debían atravesar las huestes cristianas. En este punto, cuenta Ximenez de Rada en el libro "Historia de los Hechos de España" que :

"Sólo mil hombres podrían defenderla de cuantos pueblan la tierra"

Providencialmente, un pastor, conocedor como nadie de aquellas gargantas, les indicó un paso alternativo para evitar el de Losa, y de esta forma pudieron cruzar sin mayores contratiempos, el paso por el que cruzaron se llamó "Paso del Rey" por este motivo. Así llegaron al otro lado, a la meseta de Las Navas y comprobaron con estupefacción que allí estaba acampado el enorme ejército almohade en un terreno elevado y en posición de combate.

(El pastor que mostró a los cristianos un paso alternativo del desfiladero de la Losa, unos aseguran que era un ángel del cielo y otros dicen que era humano y se llamaba Martín Halaja)

Los cristianos, agotados por los largos días de marcha, se instalaron a su vez en otro terreno elevado, llamado desde entonces "La Mesa del Rey". Los almohades intentaron provocarles para que entraran en combate con la ya descrita técnica del Tornafuye, pero esta vez los caballeros cristianos optaron por la prudencia y los reyes no cayeron en el juego, repelgando todo el ejército y esperando un momento más oportuno. Por otra parte, esta vez el ejército cristiano era más numeroso que en Alarcos con lo que una maniobra envolvente no hubiera surtido efecto.

La Batalla:

Las crónicas islámicas hablan de 600.000 combatientes cristianos y las crónicas cristianas hablan de 500.000 efectivos musulmanes, sin embargo y por conclusiones a las que han llegado estudios actuales, lo más probable es que no llegaran a 200.000 efectivos en total, aún así es una cifra inmensa para un ejército de la época, entre todos ellos formarían un enorme mar de espadas, armaduras y caballos. Este choque debió de ser uno de los más espectaculares de la historia medieval de Europa.

Los caballeros cristianos estaban armados con pesados escudos, caballos de batalla, cotas de malla, yelmos de metal y de cuero, lanzas y espadas, la infantería con alabardas, espadas, arcos y cuchillos. La parte musulmana iba armada con escudos más ligeros de cuero y madera y los peones, muy numerosos, con lanzas, espadas, cuchillos y sobretodo arcos para frenar las embestidas de los caballeros cristianos.

(Las órdenes militares tuvieron un destacado papel en la batalla. Eran monjes y a la vez guerreros. Según la leyenda, la primera orden militar se creó en 312 d. C. El emperador Constantino el Grande, en vísperas de la batalla contra Majencio en puente Milvio, vio una cruz en el cielo con el lema «In Hoc Signo Vinces» («Bajo este signo vencerás»). Constantino hizo caso, llevando el signo a batalla. Tras la victoria dio libre culto a los cristianos, y armó a los primeros cincuenta caballeros, la Caballería Aurata Constantiniana.)

Al amanecer del lunes 16 de junio de 1212, los contendientes se encontraban frente a frente. En el centro del ejército cruzado se situaron el Rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada por parte de Castilla; El Rey Pedro II de Aragón se colocó con sus tropas en el flanco izquierdo, y el Rey Sancho VII de Navarra con sus caballeros y junto a la milicia municipal castellana en el flanco derecho. A la batalla no acudieron los reyes de León ni de Portugal, pero permitieron que sus vasallos se incorporaran a la batalla. De este modo, muchos leoneses, asturianos y gallegos participaron en el combate.

Los musulmanes pusieron a sus tropas de élite a la vanguardia, los temibles beréberes (llamados voluntarios de la fe) compuestos en su mayor parte por arqueros cuya misión era desordenar los embites cristianos y sembrar la muerte bajo su luvia de flechas. En los flancos laterales se situaron las caballerías ligeras almohade y andalusí con la misión de hostigar por los flancos al grueso cristiano. Destacar los contingentes de arqueros a caballo turcos conocidos como Agzaz. Esta unidad de mercenarios de élite había llegado a la Península tras haber sido capturados en lo que ahora es Libia durante la guerra que mantenían los almohades del Magreb con los ayubíes de Egipto.

(Lienzo de Francisco de Paula Van Halen, Colección del Senado representa la batalla de las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212. Puedes pinchar sobre él para ampliarlo)

Comenzó la encarnizada batalla, la llanura se llenó de polvo, de gritos de muerte y rabia, de corazas destrozadas, lluvias de flechas, hombres que caían por doquier haciendo nacer allí mismo un río de sangre que tiñó la tierra. Un aparente caos que no lo era tanto pues los caballeros cristianos resistian a duras penas los embates de forma organizada y a la vez lanzaban coordinadas oleadas al centro musulman evitando las maniobras envolventes que pretendían atraparles. Esta estrategia del cuerpo a cuerpo favorecía al ejército cristiano, pues hacía inoperantes a los temibles arqueros bereberes que necesitaban distancia para ser efectivos.

  (Disposición de las tropas en la batalla, puedes hacer clic en la imagen para ampliarla)

La carga inicial de la vanguadia cristiana arrolló a los bereberes de la primera linea almohade, pero fue detenida al alcanzar el cuerpo central del enemigo. Carga entonces la segunda linea cristiana para auxiliar a la primera y a esta le sucede una tercera carga ordenada por el mismísimo Rey de Castilla. Su carga fue respaldada entonces por el embate del Rey de Aragón y también por la del Rey de Navarra, fue la de este último la que llegaría incluso hasta la línea de esclavos armados con lanzas que protegían el palenque del califa (era la llamada Guardia Negra o imesebelen, integrada por soldados-esclavos fanáticos procedentes del Senegal)

Era la guardia personal de Mohamed Al-Nasir, constituida por miles de esclavos negros encadenados entre si (para que no les quedara otra alternativa que luchar o morir) que formaban con sus picas un verdadero muro de hierro en torno a la tienda real. En medio de todos ellos estaba el califa que observaba la batalla con un Corán en la mano.

En el próximo capítulo, el desenlace y las consecuencias y otras curiosidades.....(Continuará)

10 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Estoy pensando, monsieur, que entre el 16 de julio del año que esta a punto de comenzar, y el del siguiente, se celebraría el 800 aniversario de la batalla. Un numero bien redondito y que bien merece su conmemoracion.
Usted bien que ha comenzado ya!

Feliz tarde

Bisous

CAROLVS II, HISPANIARVM ET INDIARVM REX. GABACHORVM MARCHIO ET LIBERA ILUSTRATIONE ECCLESIA CARDINALIS dijo...

Interesantísima serie de entradas, me está apasionando...de la lucha del Rey de Navarra con los esclavos negros dice la leyenda que nace el escudo de armas navarro con las cadenas que hasta hoy luce...desde luego una de las mayores batallas que vieron los tiempos.

Un saludo.

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

Vaya valentía la del califa. Protegido por una guardia de feroces esclavos encadenados debía sentirse bien seguro, o igual no…, viendo el empuje cristiano.
Lo sabremos en el siguiente capítulo, aunque tengo la impresión de que van a ganar los cristianos. Sus reyes eran buenos guerreros. Ya veremos. Sigo atento. Saludos.

CarmenBéjar dijo...

Las tropas de la villa de Béjar, al mando de don Domingo y bajo la bandera castellana también participó en la batalla mítica. Te agradezco mucho que nos hayas citado. Como habrás notado, a pesar de pertenecer a la provincia de Salamanca y por tanto teóricamente al reino de León, fue el rey de Castilla Alfonso VII quien nos conquistó allá por el siglo XII.

Saludos

Pedro de Mingo dijo...

@Madame, no había caido en este detalle, pero la verdad es que estoy convencido de que no se va a celebrar nada, ya sabe usted que todo lo que huela a historia en este país queda vetado inmediatamente. Ahora sólo se lleva la política del buenismo y ya se sabe que estos cristianos aunque fueran nuestros antepasados no estuvieron mucho por la integración. Es el problema de la política actual de querer ver el pasado con las gafas del presente.
Gracias por su visita Madame.

@Carolus, gracias por tus palabras, efectivamente el escudo de Navarra se forjó en esta batalla como ya contaré en la siguiente entrada, si bien algún historiador ha afirmado que las cadenas ya aparecían en algunos escudos y grabados anteriores a la batalla, pero es una teoría, yo siempre he oido lo que cuento en esta serie.
Un saludo :-)

@Desdelaterraza, me imagino que el califa estaría bastante tranquilo, ten en cuenta que hasta entonces las tropas musulmanas siempre le habían dado de lo lindo a las cristianas, ahí tienes el ejemplo de Alarcos. Me imagino que estando rodeado de diez mil esclavos negros encadenados entre si aquello debía de parecerle un muro infranqueable. Pero mire usted por donde la cosa no salió como se esperaba.
Un abrazo y gracias por tu comentario.

@CarmenBéjar, no tienes porqué agradecerlo, sabía que en cuanto lo leyeras te iba a hacer ilusión. Efectivamente las milicias de Béjar estuvieron allí, así que has tenido unos ilustres antepasados.

Un abrazo :-)

Magnolia dijo...

Gracias por esta entrada Pedro, sin duda esta batalla es uno d elos grandes acontecimientos bélicos que ha vivido la peninsula ibérica por el contingente de fuerzas. Aunque el desenlace se conoce, estoy deseando leer la próxima entrega.

Un gran abrazo :-)

Pedro de Mingo dijo...

Gracias Magnolia, espero que la siguiente y ya última entrega sea también de tu agrado.
Un saludo :-)

PACO HIDALGO dijo...

Acabo de incorporarme a este blog, tras referencias en otros blogs amigos, y me resulta excelente las "historias" de la historia de España que usted narra. Buenísimas las dos entradas de la batalla de las Navas de Tolosa, la madre de todas las batallas reconquistadoras. Le sigo y volveré con más tiempo. Un cordial saludo desde ArteToreherberos (http://artetorreherberos.blogspot.com)

Jose dijo...

Sin duda se trató de una de las batallas más trascendentales de nuestra historia medieval, entre otras cosas, porque pone de manifiesto que la empresa española era cosa de todos, así como porque igual, de no haber tenido lugar, yo, que soy bético de nacimiento y vocación, no estaría hoy por estos lares... :)

Por otra parte, es una pena el episodio previo que se produjo en torno a la judería Toledana. A Dios gracias, tanto el pueblo como la Corona estuvieron muy a la altura de las circunstancias...

En fin, ¡qué hermosas esas cadenas que enseñorean el cuarto cuartel de nuestro magnífico escudo Nacional, y qué bien se tienen merecido el puesto...! :)

Magnífica descripción d elos hechos. Quedo a la espera de la próxima entrega.

Que tengas una muy feliz tarde. Un cordial saludo.

Pedro de Mingo dijo...

@Paco, gracias por tus amables palabras, espero y deseo que el final de la saga y el resto de entradas que vaya publicando sean también de tu agrado. He visitado tu blog y como amante incondicional del arte me he tomado la libertad de ponerlo en España Eterna como recomendado.
Esperamos que seas un asiduo visitante de este blog.
Un saludo :-))

@Jose, efectivamente como bien dices es un bello ejemplo de unidad de nuestra nación, un ejemplo que quizás hoy en día deberían recordar muchos políticos. Fue en esta edad oscura cuando todos los reyes de España unieron sus fuerzas y se dieron cuenta de que habia más cosas que les unian de las que les separaban, incluso el rey de Portugal se unió a la causa pues por aquel entonces se consideraba a España como todo el territorio peninsular.
Gracias por amables palabras, espero que el final de esta historia sea también de tu agrado y que contemos muchas veces con tu visita y tus opiniones.
Un abrazo, amigo :-))

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