martes, 23 de noviembre de 2010

La Contra Armada Invencible de Inglaterra, Cap. 3º La Victoria.

La Victoria

Los sucesivos ataques desde diversos puntos, propiciados por un invasor que parece no sentir las bajas van desgastando y debilitando el poder defensivo de los sitiados. A medida que esto ocurre las mujeres coruñesas van adquiriendo un mayor protagonismo en todas las tareas de defensa. Ahora ya han dejado a niños y ancianos las labores de apoyo y ellas cargan sus propias armas y las empuñan. En una de las muchas escaramuzas que hubo en Puerta de Aires, María Pita comandando un batallón de mujeres entra en combate en primera línea; después de más dos largas horas de feroz batalla logran la retirada de los ingleses dejando cientos de muertos y heridos; el desgaste ha sido tan intenso para los sitiadores que ya no volverán a intentarlo, y esta hazaña comentada entre los defensores de la muralla hizo que diversos capitanes utilizasen a las más aguerridas en mayores cometidos.

 (María Pita sobre las murallas de La Coruña)

La batalla ya de por sí dura se vio incrementada en los días 16 y 17 por las intentonas incendiarias que los ingleses lanzaron esas noches aprovechando la bajamar y que fueron cruentamente rechazadas.

Los ingleses, contenidos en sus buques dentro de la bahía seguían siendo mantenidos a raya por los cañones del castillo de San Antón, e impedidos de saltar a campo abierto por las fuerzas estacionadas en el monte de Arcas, y que controlaban las operaciones inglesas de salida hacia nuevos y más fáciles frentes, no podían maniobrar a su antojo e incluso tenían enormes dificultades de suministros. Su moral de combate decaía en la casi totalidad de los sitiadores y lo que a los generales se les antojó como cosa de coser y cantar ahora con la triste realidad de los combates veían que se les estaba poniendo tan cuesta arriba que les resultaba imposible el creer en una victoria; las cifras de muertos y heridos eran muy elevadas y se ocultaban a la tropa.

María Pita

Las tropas asaltantes preparaban un nuevo asalto por el hueco de la muralla rota; absolutamente empeñadas en tomar la Ciudad insistían tercamente por una docena de sitios diferentes, pese a que estaban sufriendo bajas a un frenético ritmo, y trataban de que sus asaltos más importantes se realizasen por el hueco abierto; al tiempo disparaban desde el elevado baluarte de madera para distraer y entorpecer la defensa.

Los mandos ingleses habían aplicado todos los medios a su alcance para que sus tropas se alzasen con un triunfo que les permitiese justificar ante su reina el retraso, el incumplimiento de la misión y las pérdidas sufridas. No podían permitirse que un ejército reunido para la ocasión, diseñado para designios mayores, fuese derrotado por unos locos irreductibles máxime después de lo fácil que les había resultado el desembarco y la toma de la floreciente Pescadería. Cada ataque se presentaba como si fuese el definitivo, el que les permitiese acceder a la Ciudad, pero los resultados les eran contrarios una y otra vez.

Drake ya había sugerido la necesidad de suspender los ataques debido a la tardanza en consumar el asalto. John Norris se opuso; había preparado diez compañías de refresco para entrar en combate; veía cerca la victoria y él mismo, sable en mano, dio la orden de ataque. Una nueva oleada se dirigió contra la quebradura de la muralla.

Los sitiados se pasmaron de que aún hubiese tantos invasores en posición de lucha. Sólo el empecinamiento más tenaz podía explicar que Norris lanzase al combate sus últimas fuerzas de reserva.

El lado español ofrecía un panorama desolador, multitud de cadáveres y heridos campaban por doquier y el aspecto de los que aún se aguantaban en pie daba verdadera pena pues buena parte de ellos estaban heridos.

El fuego británico se hizo más intenso. Cientos de hombres se dispusieron definitivamente a entrar. Hubo un instante de asombro, pero de inmediato los defensores se lanzaron armados de picas a la brecha. Certeros disparos ingleses los barrieron, era el fin; los coruñeses ofrecían el triste momento de sucumbir ante el enemigo. ¡Ya son nuestros! Voceó un gigantesco alférez inglés luciendo una deslumbrante armadura que le cubría todo el cuerpo; estaba alcanzando lo más alto de la brecha seguido de sus soldados y con unos pasos más ya sólo tendría que descender para entrar en la Ciudad. El sol del atardecer recortaba su silueta con destellos dorados y dibujó el majestuoso trasluz de su gran bandera al viento, como si el dios Helios quisiese adornar una figura victoriosa y anunciar a los sitiados el horrendo desenlace.

(Monumento a María Pita en La Coruña)
 
María Pita que se había arrodillado para atender vanamente a un tonelero se incorporó y clavó los ojos en aquella figura imponente que farfullaba cosas ininteligibles. Eran seres como aquellos los que habían matado a su marido y a tantos y tantos otros coruñeses sólo por el hecho de serlo. Miró a su alrededor y vio a sus vecinos paralizados y horrorizados ante lo que se les venía encima. Su tristeza fue velada por una ciega ira y supo que el objetivo de su vida era derribar a aquel arrogante ser extranjero. Cogiendo la pica de un soldado, la corpulenta joven subió muy deprisa, fuera de sí, a la brecha, y se abalanzo temerariamente contra el sorprendido alférez sin darle tiempo a reaccionar. Hundió entonces la pica en su vientre.

En los ojos del gigante, atravesado de parte a parte, se leyó la sorpresa más absoluta. María lo despeñó piedras abajo, pero antes aferró el asta de su bandera y la exhibió mirando a sus conciudadanos, aunque su enmarañada melena, en lo alto de la batería fue vista desde ambos bandos.

¡Ayudadme a echarlos de aquí!¡Quien tenga honra que me siga!

Y aquel grito inició una leyenda. Las mujeres, en ese momento, emulando a María Pita, se encaramaron en masa a las murallas y a la brecha, produciendo una avalancha que hizo recular la ofensiva. En medio de ensordecedor griterío lanzaron una lluvia de piedras que acabó de aturdir a las compañías inglesas que veían además como su bandera se quedaba en manos enemigas.

"Y es que las mugeres e hijos acudían a las partes mas peligrosas con mucho ánimo con muchas piedras con las cuales tiraban a los enemigos con que les descalabraban e azian mucha ofensa…"

El día 19 Drake y los ingleses se hacen a la mar con rumbos a Lisboa, considerando inútil seguir empecinados en la conquista de La Coruña, pero ya con numerosas bajas, cuantiosas pérdidas y la moral minada. Esto le costaría también otro sonado fracaso en la capital lusa.

El rey Felipe II por su parte le concedió a la heroina una pensión que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales y le concedió un permiso de exportación de mulas de España a Portugal.

(María Pita vistiendo uniforme de Alférez Mayor)

Curiosidades:

En la Plaza de María Pita, en la ciudad de La Coruña y donde se encuentra situado el Ayuntamiento de la ciudad, se levantó un monumento en honor a María Pita. La obra, acabada en bronce, fue concebida por Xosé Castiñeiras, y en ella se representa a la heroína alzando una lanza con el cuerpo sin vida del alférez inglés que atacó la ciudad en 1589 a sus pies. La altura total de la obra es de 9,31 metros, compuesta por una plataforma de escalones de 45 cm, un pedestal de 5,56 m y una escultura de 3,30 metros. Su peso es de 30 toneladas.

En el pedestal escalonado se encuentra un pebetero cuya llama permanecía encendida durante todo el día, permaneciendo cuatro horas apagada durante la noche, desde las tres hasta las siete de la madrugada.


Gracias a la Orden de los Caballeros de María Pita :

12 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Supongo que eso enseñó a los ingleses que no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo.
Y menuda mujer debía de ser María Pita! No era conveniente enfadarse con ella. Qué coraje el suyo!
No conocía ese retrato en el que está vistiendo uniforme de alferez. Me gusta su expresión, inteligente, vivaz y satisfecha. Y no me extraña, no es para menos.

Feliz tarde

Bisous

Pedro de Mingo dijo...

Gracias Madame, realmente esta fue una mujer de las de armas tomar, una de tantas que forman la ilustre lista de heroinas españolas.

El retrato al que alude, es poco conocido, es obra de F. Gutiérrez y es propiedad del Museo Militar de A Coruña.

Que tenga una buena tarde.

Magnolia dijo...

No había visto nunca la imágen del cuadro de María Pita vestida de alferez, qué gran mujer y qué valor el que desplegaron los coruñeses aún cuando la suerte les estaba adversa, no se amilanaron.

Un gran abrazo

Valier dijo...

Amigo, al ritmo que publicas tus entradas, voy a tener que acelerar mi ritmo si quiero conservar mi puesto de colaborador no-oficial... Sigue asi!!!!

Pedro de Mingo dijo...

@Magnolia, muchas gracias. La verdad es que el cuadro llama mucho la atención, como dice La Dame Masquée, tiene una expresión, inteligente, vivaz y satisfecha. No es para menos, si no es por ella en Galicia se hubiera terminado hablando inglés :-)
Un abrazo para ti también amiga.

@Valier, mi gran colaborador, no se trata de acelerar nada, lo que se escribe se hace por el placer de hacerlo, no es una carrera. Además me siento satisfecho con que tú aprendas un poco de historia por todo lo que aprendo yo de ti,
Un abrazo :-)

CarmenBéjar dijo...

María Pita me recuerda en su coraje a otra egregia heroina española, la famosa Agustina de Aragón. Fuera de los encorsetamientos de la época, que decían que las mujeres sólo valían como desposadas o monjas de convento, ambas sacaron su coraje para derrotar al enemigo y defender a sus hijos y a su ciudad.

Saludos

Pedro de Mingo dijo...

Ya lo creo que lo hicieron Carmen. Por cierto eso me recuerda que Agustina de Aragón también merece una entrada en este blog cuando la tenga preparada.

Gracias y un saludo :-)

desdelaterraza-viajaralahistoria dijo...

He leído de un tirón la serie de la Contra Armada Invencible y he disfrutado mucho leyéndola. Como he visto que algo de Carlos II publicado anteriormente, ya volveré a leerlo y alguna otra cosa anterior también, porque lo bueno que tienen nuestros blogs de historia es que sus artículos no caducan. Sólo la falta de tiempo por las continuas publicaciones nos hace difícil mirar hacia atrás, pero ya habrá algún rato para ello, así que me uno a tu lista de seguidores. También tengo un blog sobre estos temas. Quedas invitado a pasar por él si te apetece. Un saludo y hasta la próxima.

Pedro de Mingo dijo...

Hola,
Muchas gracias por tus palabras y por hacerte seguidor de España Eterna, espero que disfrutes de los artículos publicados y de los que se seguirán publicando. Por mi parte, me hago seguidor de tu blog y lo pongo en mi lista de Blogs de Historia, prometo visitarlo y leerlo con asiduidad.
Recibe un cordial saludo :-))

Rosa Cáceres dijo...

Interesantísimo todo. El cuadro me ha cautivado por la expresión resuelta y la nobleza de la heroína. No conocía bien este episodio y de veras que me ha gustado leerlo.

Pedro de Mingo dijo...

Rosa, bienvenida a este blog y muchas gracias por sus palabras más aún viniendo de una profesora de dilatada experiencia como lo es usted.
Prometo visitar su blog y si el mío sirve para que alguno de sus alumnos sienta aunque sea un pequeño cosquilleo por la historia, me sentiré más que satisfecho.
Un saludo :-)

Anónimo dijo...

María Pita. Honor. Viva España.

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